sábado, 28 de diciembre de 2013

Autores del siglo XXI

 Son exactamente la una y diez de la madrugada, una hora completamente normal para el que tiene la costumbre de escribir, ya sea un blog, poesía, novela, etc. Acabo de leer un post de Frank Scipion, que habla sobre el pésimo negocio que es intentar ganarse la vida como escritor; lo cierto es que este señor dice verdades como puños y su blog ciertamente merece la pena. Empieza con este párrafo:
“Conozco a mucha gente que quiere escribir libros. Hay una especie de fascinación por ser autor. Es cómo ser músico, pero cómo nos enseñan a escribir en el cole mucho más en serio que lo que lo hacen con la música, pues lo vemos más factible”.
¿Es así de simple? ¿Una persona ve accesible escribir y pierde un tiempo precioso por una fascinación por ser autor? Yo no tengo la respuesta, pero sin duda el camino de un autor es una cruz pesada con algunos pequeños parones para beber agua. Creo que sin vocación es muy difícil escribir un libro, ya sea bueno o malo debe de haber algo más.
Ser escritor es un pésimo negocio, eso es cierto y quién no lo quiera ver que siga auto-alimentado sus sueños. Pero no sólo para el autor novel, sino también para el autor consagrado que ve como Amazon ha implantado una anarquía que hace que vender un libro sea muy complicado. Ellos han perdido cuota de mercado que nosotros como comunidad se la hemos quitado. Un ejemplo: En Amazon.es, habrá unos 50.000 títulos, si cada autor vende un sólo libro al mes, haced las cuentas y veréis que es una cantidad brutal de libros al año, libros que el autor consagrado ha dejado de vender. Para el autor indie es complicado, para ellos es todavía más. Otro ejemplo de lo mal que está el mercado es, que las editoriales pyme han dejado de intentar vender libros al lector para vender al autor. Ofrecen una basura a mi juicio, y me explico:
Hace poco una editorial aceptó uno de mis manuscritos. No hacía más de una semana que había sido enviado por lo que enseguida desconfíe; “si algo es demasiado bueno para ser verdad, no es verdad”. No había número de contacto, sólo un correo amable que decía que ellos correrían con los gastos. Decidí seguir el juego a ver que había detrás de tan maravillosa propuesta. El segundo correo ya incluía el contrato, ¡qué barbaridad! Seamos serios, si voy a pagar el libro de un autor lo mínimo es concertar una cita, hablar, no sé, lo que haría cualquier persona que va cerrar un trato. El caso es que el segundo correo ya había una serie de gastos que ascendían a unos nada despreciables dos mil euros, a pagar si uno quiere en cómodos plazos de tres meses gracias, por supuesto, a las ventas del libro, es decir: “No tienes que pagar, sólo firmar que vas a vender al menos cien libros sí o sí, obviamente, a veinte euros cada libro, supuse yo”. El restante, otros mil, lo pondría la editorial. Tres mil euros para publicar apenas doscientos ejemplares. Sí, cada libro publicado costaría quince euros sacarlo de la imprenta. Lo mejor es que cada libro de más de esos doscientos tendría un coste añadido de veinte euros, ¡vamos!, un chollo. Supongamos que vendo cien ejemplares a quince euros y gracias a Dios los otros cien ejemplares se venden en las librerías. Distribución 30%, librería 30 %, editorial 30%, autor 10%. Esa es la ley y así son las cosas. El caso es que si todo fuera fenomenal habría perdido unos trescientos euros. ¿No está mal? ¿Y después qué? ¿Reedito?
Uno se levanta, viste a su hijo, desayuna, se va a trabajar, vuelve a casa, cena, su mujer se acuesta, él se mete en cuarto con un viejo ordenador y escribe una novela para perder dinero si consigue vender una primera edición. ¿Es triste ser escritor? ¿No? Amazon al menos ha conseguido que uno no pierda dinero, por eso debo amar a ese portal. Entonces, ahora viene la gran pregunta:
¿qué debe hacer un autor para poder ganarse la vida?
No hay respuesta para esa pregunta porque simplemente no existe. Ni siquiera hay un camino marcado; esa es nuestra herencia como autores del siglo XXI. España, lamentablemente, se ha convertido en un país en el que una autora consagrada y ganadora de un premio Planeta, debe ir a un reality para pagar sus deudas. Un país en el que “la Esteban” es la autora que más vende. Una patria, LA NUESTRA, en la que un presentador que machaca a sus invitados, les guarda viejas rencillas y destroza la vida de “ese” que se entrecruza en su camino en beneficio de la audiencia, es el nuevo Paco Umbral. Esa es nuestra herencia...
...Autores del siglo XXI  
Un cordial saludo,
Nicolás García Anaros.  

jueves, 26 de diciembre de 2013

Comentando "La invasión y otros relatos" de Gerard F. Fast (Quien desee dejar otra opinión sobre esta obra que lo haga en "comentarios")

La invasión y otros relatos " La invasión y otros relatos" recopila ocho obras breves del escritor Gerard F. Fast, de temática muy diferente a su novela "El arpa mágica". Aquí predomina la ciencia ficción con claras influencias de los clásicos cinematográficos de este género, algunos con claros tintes kafkianos y otros como "El muerto" ( uno de mis favoritos), impregnados de una poesía postmorten que nos recuerda a Poe y a otros maestros de la fantasía más luctuosa. En general, en todos ellos, como en toda la buena ciencia ficción, el autor se sirve de lo fantástico para hablarnos de la realidad y del presente con un cierto pesimismo no reñido con la esperanza; una realidad y un presente que parecen incomodar tanto a su autor como a algunos de sus (anti)heroes.  
   Sin embargo esta recopilación comienza y termina con dos relatos muy alejados de este género de la ciencia-ficción:
   Uno es el relato histórico que da comienzo al libro "Granada 1039", el favorito del autor.
   Y para el final nos reserva el que quizás sea el relato con una temática más intimista "Francisca", en el cual se diserta sobre el arte, los artesanos y los artistas, y donde podremos encontrar a unos personajes perfectamente definidos a pesar de la brevedad de la historia.
  Por otro lado, al igual que en "El arpa mágica", se trata de historias bien escritas, de fondo profundo bajo una fachada sencilla, pero que algunas de ellas demandaban, a mi juicio, una mayor fuerza o extensión; irregularidad por otra parte normal en recopilaciones de estas características. No obstante, la media para este servidor es más que notable, y no puedo hacer otra cosa que recomendar su lectura, pues Gerard F. Fast es sin duda uno de los esritores indies más intersantes que he leído.

  Todos los interesados podrán adquirir el libro prácticamente gratis aquí

jueves, 12 de diciembre de 2013

Tras la senda encontré el camino

 Ésta va a ser mi primera entrada y reconozco que no sé muy bien qué voy a decir. Por ello he pensado en hacer un comentario sobre el libro de Ánonimo Ibañez, "Tras la senda helicoidal"; odio hacer comentarios, siempre que uno habla del libro de otro puede parecer un pedante, o caer en el error de no haber entendido la novela. Pero como aquí, en letraheridos, estamos para ayudarnos, aprender más y, sobre todo, mejorar nuestras obras, intentaré ser lo más honesto posible, quitando el hecho de que al autor de esta obra le tengo un gran aprecio, simplemente porque admiro a las personas que dan sin pretender recibir. En cierto modo me recuerda a mi amigo Enrique Salcedo, un quijote en un mundo que no le ha tocado vivir; sueños merecidos que no llegan.

Helicoidal: Que tiene forma de hélice.
Reconozco que tuve que buscar su significado en el diccionario, porque no comprendí su etimología. Por ello, pensé que el título llegaría a pocos lectores. A la hora de crear el título de una novela, la mayoría de autores buscan una frase que suene bien, sencilla, que resuma la esencia de la novela. “Cien años de soledad”, “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Títulos comprensibles, que expresan mucho más de lo que uno piensa en un principio. ¿Quién no se ha sentido alguna vez solo? ¿Cien años? La soledad de una persona longeva, toda una familia, pueblo o generación. La soledad es estar solo, y cuando uno está solo no hay nadie más, y si no hay nadie, no hay amor. En definitiva; ese título no está transmitiendo que va a tratar sobre soledad, la falta de amor, el desamor, pero antes del desamor debe de ver amor, y donde hay amor cabe la posibilidad de que llegue el desamor, y por supuesto, el desamor acaba en conflicto. Y todos hemos estado en esas tesituras alguna vez, por lo cual, toca arquetipos universales con palabras sencillas. Y la misma disección podríamos hacer con el título; “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Este ni siquiera es tan complejo como el anterior. Por ello pensé que el título utilizaba una palabra que no funcionaría: Helicoidal, no por no ser la adecuada, sino por no estar al alcance de un vistazo. Ahora bien, a mí me pasa lo mismo que Ánonimo, le doy preferencia a lo correcto, aunque no sea lo más popular. No nos ganamos la vida con la literatura, no es necesario ser popular, aunque no es menos cierto que a nadie la amarga un dulce.
Ánonimo comienza el libro fiel a sus principios, poniendo un claro protagonista que nos habla en primera persona, siempre con cierto resquemor contenido en sus palabras de vivir en un mundo que no comprende o no quiere comprender. Su redacción es impecable, quizás la elección de capítulos cortos dificulta el avance de la novela. Esto es algo muy importante, el lector siempre tiende a dejar la novela al final del capítulo para irse a dormir, etc. Si el autor elige capítulos demasiados cortos, estará invitando constantemente al lector a dejar de leer la novela. Yo, personalmente, me gusta formular una pregunta, o adelantar algo del capítulo posterior, para evitar que el lector deje de leer. Otro truco puede ser dejar un espacio. Además me gustaría decir que para sobrevivir en Amazon los primeros capítulos deben ser vertiginosos, formulando varias preguntas y desvelando gran parte de la trama para que el lector se enganche lo antes posible. Pero Ánonimo no escribe para el lector de hoy. Estoy convencido que el libro funcionaría mejor en papel, pues la gente que se gasta realmente dinero en un libro le da su tiempo, en Amazon eso es complicado. La novela está escrita con esfuerzo, trabajo y mucho del propio autor. Es un viaje que hay que masticar y comprender, requiere esfuerzo, y hoy en día el esfuerzo no es lo más popular; vivimos una era de adormilados , que le interesa más con quién se ha liado “la” Estaban, escritora Esteban, mejor dicho, que leer un libro de peso, como es “Tras la senda helicoidal”, que es un camino que todos hemos recorrido o deberíamos recorrer algún día. Se podría decir la novela es una evolución. Me voy a explicar mejor. Una silla rota en España no significa nada, en Afghanistán puede significar la decadencia de todo un país, y eso pasa con éste libro. Significa mucho si lo lees en el momento adecuado, incluso puede conllevar una transformación vital. Por ello concluyo que Ánonimo Ibañez ha sido fiel a una obra que tenía que hacer, no por él, sino por lo demás. El libro debe ser leído cuando uno tenga la sensación de necesitar un cambio o una comprensión mejor del mundo que nos rodea gracias a cosas tan triviales como la autocomprensión, los amigos, o la propia naturaleza.

Un cordial saludo,
Nicolás.

Www.nicolasgarciaanaros.com

martes, 10 de diciembre de 2013

La búsqueda de la gran obra de nuestra vida

El otro día tuve la ocasión de ver la película "El hombre sin edad" (Youth without youth), que en el año 2007 supuso la vuelta a la dirección, tras diez años de sequía, del maestro Francis Ford Coppola. Ésta supuso a su vez una adaptación por parte del propio Coppola de una novela del filósofo y etnógrafro rumano Mircea Eliade, del que he tenido ocasión de leer varias de sus obras con sumo interés; pero esta novela en concreto ni siquiera la conocía hasta que me enteré de la existencia de la película. He de decir que la novela todavía no la he leído; algo que tras el visionado de la película se ha convertido en un asunto pendiente. Por cierto, en España está publicada bajo el nombre "Tiempo de un centenario"
  La película (y supongo que la novela) trata de la vida de un hombre, ya anciano, interesado en la evolución del lenguaje humano, que tras caerle un rayo encima, logra, gracias a la energía resultante, rejuvenecer y asimilar todo lo que lee de una manera asombrosa, convirtiéndose en una especie de "superhéroe" intelectual. Pero la energía del rayo también le ha creado un doble con el que dialoga, de moral más laxa y dudosa, seguidor de Hitler y convencido de que el fin siempre justifica los medios.
   Gracias a las habilidades recién adquiridas, entre las cuales también están el control de las mentes y la capacidad de predecir el futuro, consigue huir de los nazis (que querían hacer de él un mero objeto de investigación) a la neutral Suiza, hacerse rico y aprender con facilidad sánscrito, chino mandarín, hebreo, sumerio..., algo que le anima a poder conseguir algún día finalizar su gran obra: una búsqueda del protolenguaje, es decir, ese lenguaje primordial, que quizás, con el control del fuego, haya sido el determinante más importante para que un día un desconocido simio se convirtiera en un ser humano. Pero por mucho que investiga, ni siquiera con sus nuevos poderes, acaba de dar con ello, y es algo que lo frustra terriblemente, hasta el punto de viajar a Bucarest, su tierra natal, para suicidarse. Sin embargo, un buen dia, más por causalidad que por casualidad, conoce a Verónica, una mujer joven y bella idéntica a Laura, el gran amor de su juventud, y que, gracias también a la caída de un rayo y a la influencia del protagonista, consigue entrar en unos trances en los que habla en sánscrito, adoptando la personalidad de la filósofa Rupini, una de las primeras discípulas de Buda, de la cual parece saberlo todo, como si hubiese sido ella misma en una vida anterior. Poco a poco los trances de Verónica la van llevando a mundos más remotos y a hablar cada vez en lenguas más antiguas, como el babilonio, el egipcio antiguo, hasta conseguir hablar en idiomas antiquísimos, ya apenas articulados y, por supuesto, desconocidos incluso para el protagonista. Pero los trances de Verónica también se cobran un precio, que por su causa no permitirán a su amado culminar la gran obra que lleva persiguiendo toda su vida.
   De la película me ha gustado más la suma de sus partes que el conjunto. El guión es magnífico, las interpretaciones están muy bien, la fotografía y la puesta en escena son excelentes; pero algo falla y no sé exactamente lo que es, pues el film carece de la fuerza de las grandes películas de su director. Quizás sea que al bueno de Francis se le ha oxidado un poco el pulso narrativo o que sus fuerzas nunca hayan vuelto a ser las mismas tras el homérico y extenuante rodaje de Apocalipsis now, pues estamos sin lugar a dudas ante su obra más personal, donde el gran director se muestra más desnudo que nunca; pero desgraciadamente no es la mejor, aunque ni mucho menos es la peor, como dicen algunos, que me atrevería a decir que no han entendido absolutamente nada.
   Aún así, en la película se tratan muchísimos temas de gran interés como qué nos hace humanos (el lenguaje, el sentido religioso...), el eterno retorno, la idea del doble (tal y como lo entiende la literatura romántica alemana bajo el concepto de doppelgänger), el paso del tiempo, la metempsicosis, y sobre todo la renuncia por amor y si "todo vale" para conseguir una gran obra, la obra de nuestra vida, donde el director italoamericano y supongo que el escritor, y hasta yo mismo, lo tenemos muy claro: NO. Conseguir esa gran obra soñada no deja de ser un asunto (ego)ista, aunque dicha obra resultara ser muy beneficiosa para la humanidad; siempre hay cosas más importantes e inmediatas. Además, el artista verdadero es incapaz de dejar a un lado la sensación de que su gran obra siempre está por llegar y que probablemente ésta nunca llegue a materializarse, lo cual va a frustar de manera dolorosa al artista pesimista, y va a seguir concediendo nuevas fuerzas al artista optimista en esa búsqueda imposible de su ideal. Ahora os toca a vosotr@s encuadraros, si es posible, en alguno de esos tipos, si es que no lo hacéis en ambos a la vez, pues la vida mucha veces es así de contradictoria y ambivalente.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Happy Thanksgiving...para todos

Mañana es un hermoso día en mi país, el Día de Acción de Gracias, donde damos gracias a Dios, por todo lo que tenemos, entre esas gracias, están la de haberlos conocido, de estar unidos en esta carrera Indie, en estas letraheridos, en este dar...

Hispana, acogida a las costumbres de mi nueva tierra, os puedo asegurar, que es este día uno de los más sagrados, respetados, y hermosos de mi nueva tierra, si fuera Gerardo hubiera buscado escritos filosóficos y hermosos y cultos para ustedes, lo exhorto a él o a mi muy intelectual Alberto a que cooperen con mi día de paz y si quieren dejen aquí la historia.

Pero yo, no quería dejar pasar este día, sin decirles, con el alma, con la que usualmente hablo, y sé amar, que les deseo muchos logros, satisfacciones, pero sobre todo, esa paz que el alma si queremos, puede llegar a alcanzar, sólo hay que empezar nuestro camino... y después de muchas dificultades, os aseguro, se respira bien lindo, entre nubes y colores.

Feliz día, desde mi alma, para ustedes...
Yendy
Boreal
Esther
Alberto
Gerardo
Javier
Nicolás

todos!!!!!!!!!!!


Janett





Happy Thanksgiving desde mi nueva tierra...Janett.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Reminiscencias de la Conchinchina

Diario de Indochina  En el año 2007 realicé un viaje de tres semanas por tierras vietnamitas y camboyanas, y leyendo este diario, retornaron a mí multitud de agradables recuerdos, algunos de los cuales fueron rescatados justo a tiempo de ese mar en perpetua calma que es el olvido.
   Qué decir de la paradisiaca Bahia de Halong, surcada por docenas de barcos de juncos y salpicada por cientos de islas e islotes y mercados flotantes; del insomne bullicio de Hanoi y su millones de motocicletas sorteando a todo tipo de vehículos y transeuntes; del maravilloso delta del Mekong; de la hermosa pagoda de Hue; del impresionante patrimonio histórico de Hoian (aunque algo turístico de más) y su hermosísimo puente de madera de estilo japonés; del caótico mercado chino de Ho-chi-minh, la antigua y algo afrancesada Saigon; de los arrozales en bancales y el mercado de las tropecientas etnias de los alrededores de Sapa; de las playas del Océano Índico; de los legendarios templos de Angkor, con Bayon a la cabeza (Sin duda, unos de los conjuntos arquitéctonicos más bellos de la Tierra); y ¡joder!, ese maravilloso templo de Ta Prohm, medio devorado por la exuberante selva, donde se escuchaba el ensordecedor canto de no sé qué insectos y en el cual se rodaron algunas secuencias de la infumable Tomb Raider; también recuerdo el hedor que desprendía en la estación seca ese lago camboyano, donde había un pueblo flotante de origen vietnamita, y que ahora, de memoria, no recuerdo su nombre por mucho que quiera acordarme; sin olvidar la magnífica comida vietnamita y camboyana, sobre todo esta última a precios irrisorios. Recuerdo que íbamos siempre a cenar a un restaurante de Siem Reap, y a pesar de que es la ciudad más turística de Camboya, teníamos que portar linternas, pues desde la salida de nuestro hotel hasta casi llegar a nuestro restaurante favorito, ¡no había alumbrado público!, y después allí elegir los platos de una carta hecha con fotografías de los mismos; ¡Ingeniosa forma de suplir el hecho de que ninguno de los dueños hablaba otra cosa que khmer!; y cientos, ¡qué digo cientos!, miles de recuerdos más. Tú sabes bien de lo que hablo, Daniel. Todavía tengo pendientes Laos y Mianmar, tiempo al tiempo. 
  En resumidas cuentas: "Diario de Indochina" se trata de un interesante diario de viaje, donde viajeros, principalmente mochileros, podrán encontrar información de utlidad, contado de una manera amena y un tanto informal, en el buen sentido de la palabra. Podrán adquirirlo aquí

lunes, 18 de noviembre de 2013

Blue Time

Estúpido Blue Time
que llegas y te apoderas de mi alma
que lucho desesperada por arrancarte de la tela de arañas
que tejes en su redor

Estúpido Blue Time
que me haces brotar lágrimas
temerle a la vida
sentir escalofríos, sentirme sola y desamparada
Estúpido Blue Time
que te apareces a pesar de los colores
de los adornos de Navidad
de las flores rojas y llenas de vida!

Estúpida cabeza
que no sabes controlarte, que te agachas y entristeces
dejando atrás el Sol

Estúpida cabeza
llenita de neuronas
que no sabes imponerte y hacer echar andar
el alma
con alegría
te enrroscas y cobijas
sintiéndolo todo gris
a punto de ser negro
Estúpido Blue Time
que me ahogas el pecho
y ni siquiera sé
por qué siento
tanto, tanto dolor
en el coraazón!

Janett Camps

jueves, 7 de noviembre de 2013

Una nueva forma de escribir, de SER y de incendiar la cultura.

¿Qué es más devastador para un escritor, para un artista: el reconocimiento o la falta de él? Pues ambos, a menudo, matan; sólo que uno lo hace por agotamiento y el otro por apoltronamiento. Entonces, para quién o para qué debemos escribir.  Al ser independientes nos hemos librado del yugo de las editoriales y de los críticos, pero ésa es la única cadena que hemos quebrado. Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Debemos intentar complacer a nuestros lectores o a nosotros mismos? Acaso, ¿debemos complacer a alguien? Yo desde luego subscribo en parte lo dicho por David Simon, el creador de la imprescindible serie de televisión "The wire", cuando le preguntaron en qué estaba pensando cuando ideó ese éxito de la HBO: "¡Que se joda el espectador medio!", respondió. Yo voy un poquito más allá: ¡que se jodan los lectores medios, pero los instruidos también, las editoriales y las medallas!; escribamos lo que nos salga del alma, de las entrañas, saquemos cual exorcistas nuestros diablos de dentro; eso es lo que realmente importa, es lo que necesitamos, y quizás lo que también necesiten nuestros lectores.
  Por otra parte, no sé si para ser escritor se necesita ser un solitario o querer desaparecer, dejar de ser para poder SER, como el doctor Pasavento (Leer dicha entrada aquí) ; pero para ser uno realmente bueno, apostaría a que sí, además de talento, por supuesto. Pero es triste verse convertido en un Dostoievski que diga: "Yo no vivo; escribo". Anteponer la literatura a la vida es sin duda una enfermedad; pero al menos en el caso del escritor ruso, ¡bendita sea!
  Por eso nunca he entendido que un escritor calcule las horas que le ha llevado escribir un libro. Eso siempre me ha olido a fabricante de "tochos", a lectura chatarra, a producción en cadena, llámase éste indie o cómo diablos quiera llamarse. Cuando un editor le preguntó a Hermann Hesse cuánto tiempo tardaría en entregarle el manuscrito finalizado, le respondió algo así como: "Qué sé yo; una semana, un año, un siglo; el tiempo sólo es importante para ustedes, los hombres de negocios". Y a los escritores indies, que mayoritariamente escribimos por placer y no por dinero, todo esto nos debería importar incluso menos. Pues la mayoría de nosotros ya tenemos bastante con lidiar día a día en ambientes laborales desasosegantes y rutinarios, que a menudo conducen a la enajenación, precisamente, a los individuos más talentosos y sensibles, algo que Kafka ha descrito muy bien en sus obras.

  Por otra parte, la mayoría de los críticos y escritores conocidos y reconocidos califican a las obras indies de pura basura. Y si bien, como dice la canción de Enrique Bunbury, "todos somos artistas de mierda en potencia", algunos y algunas, por suerte, se quedan sólo en eso: en ser el día de mañana una potencial mierda más, pero de momento han logrado escribir algo como mínimo diferente. Y ya sabéis que determinada clase de mierda también encierra su valor; si no preguntadle a cualquiera que se dedique a la (agri)cultura.
  Sin embargo, buena parte de los escritores mainstream nos ven como una competencia chabacana desleal, que dará el golpe de gracia a la literatura, o como unos advenedizos diletantes, incapaces de escribir un párrafo sin tropecientas faltas ortográficas y aberraciones sintácticas, y lo que es peor, sin nada interesante que contar. Y sí, en muchos casos es cierto, y puede que yo sea uno de ellos sin ir más lejos. Pero si en vez de mirar sólo para Amazon y similares, se dedicaran a echar un vistazo entre toda la broza que abunda por doquier en las librerías convencionales, no sé quién saldría peor parado. Pero claro, ellos podrían alegar que entre los indies de Amazon sólo hay broza; y yo diría: "pues no, de eso nada", hay libros indies bastante buenos; pero al igual que los de los escritores convencionales son pocos, porque el talento siempre ha sido escaso; por eso es tan valioso.
  Tema aparte son los críticos, pues, como en (casi) todos los ámbitos, existe entre ellos un conservadurismo tremendo, que acostumbra a ser causa, y más a menudo consecuencia, de su escaso valor, entendiéndose éste en sus dos acepciones más comunes. Sólo en rarísimas ocasiones se atreverán a apostar por lo nuevo, por lo todavía maleable, por lo no consolidado, y dejar de ser unos paniaguados de las grandes editoriales, que se pasan el día lamiendo las fístulas a los mismos de siempre; algo que sin duda denota un clarísimo déficit de elasticidad mental, por no decir algo más drástico. Lo que sí podemos encontrar entre unos pocos de estos individuos, y que algunos confunden con valentía, es el ánimo de destruir a las vacas sagradas, y esto sería sano si, como en el caso de Nietzsche, hubiese en ello un claro propósito de transformación de valores, de instaurar una nueva era en el pensamiento y en la manera de ver la vida; pero eso ya sería pedir demasiado a esos homínidos; por lo que, como acostumbra a suceder la mayoría de las veces, la solución más cierta es también la más obvia: son sólo ganas de joder, de darse una importancia que no merecen y que seguramente ni ellos mismos se la crean.
  Sin embargo, en todos los ámbitos de la vida (no sólo en la literatura), necesitamos cierta clase de críticos, es decir, de gente con criterio propio, que sepan intuir el talento donde los demás sólo ven mediocridad, pero también necesitamos de lo contrario, es decir, de personas a quienes no les den gato por liebre y capacitados para poder vislumbrar, si no mediocridad, sí talento inflado o sobrevalorado, y los necesitamos porque ahora más que nunca debemos incendiar esto que hemos venido llamando cultura, que ya hace mucho tiempo que no es tal, y sentar las bases de una nueva, que esquive el abismo y que se pare a reflexionar y dar respuesta a determinadas preguntas que ya no se pueden obviar por más tiempo; algo que muchos escritores, filósofos, científicos e artistas consagrados no han podido o no han querido hacerlo. Ardua y ambiciosa tarea sin duda, mas inevitable, si no queremos que los onimosos vientos de hoy nos lleven de nuevo directos y a toda vela hacia las cavernas.

lunes, 28 de octubre de 2013

Comentando "El Paisano de Jamaica", de Javier Romero

Opinión extraída del blog "A leer que son dos días"

El paisano de Jamaica, de Francisco Javier Romero Valentín

Me resulta curioso a mí mismo que hace una semana no tuviera conocimiento de la existencia de Blas de Lezo, un militar español del siglo XVIII que debiera estar a la altura de otros como El Gran Capitán, Hernán Cortés, Francisco Pizarro o el Duque de Alba y que sin embargo permanece olvidado por la historia. Una conversación familiar seguida del aviso de la disponibilidad gratuita y legal de este libro en la red me han llevado a ampliar mis conocimientos sobre este personaje. «El paisano de Jamaica» no hubiera llamado mi atención si no hubiera sido por la coletilla que el autor ha añadido al título como reclamo en Amazon y que reza así: «el espía de Blas de Lezo». Estuvo disponible de forma gratuita, como digo, el pasado miércoles en esa promoción a la que se ven obligados los autores menos conocidos para hacerse un hueco en el convulso mercado editorial de estos días. Hoy sigue disponible en esa plataforma en su forma electrónica al precio de 2,98 euros, más que económico para un libro que se acerca a los doscientos cuarenta mil vocablos. Más información sobre el autor podemos encontrarla en la muy cuidada página web del autor.

El libro está centrado en unos pocos meses de la historia de España, lejos de nuestro suelo patrio, concretamente en Cartagena de Indias cuando en el siglo XVIII andábamos por allí con nuestros virreyes y nuestros ejércitos sometiendo a los locales y esquilmándoles todas sus riquezas. Allí, en los primeros meses de 1741, tuvo lugar una batalla contra el ejército inglés, comandado por Edward Vernon, tremendamente superior en efectivos, que fue ganada en última instancia por el buen hacer y la templanza de «Mediohombre», apodo de Blas de Lezo y Olavarría, un pasaitarra español que, a pesar de faltarle una pierna, un brazo y un ojo, siguió su carrera militar de forma honesta, honrosa y brillante, aunque su personalidad le llevó a enfrentarse con el virrey Sebastián Eslava que lo ninguneó hasta conseguir que le fuera formado un Consejo de Guerra al que no tuvo que asistir por haber muerto en septiembre de 1741, pocos meses después de la derrota infringida a los ingleses.

Novela histórica o historia novelada, el autor se apoya en personajes ficticios creados por él para armar un bonito y entretenido relato que sigue con mucha fidelidad lo acontecido en aquellos meses de 1741. Como es de agradecer en este tipo de novelas, el propio autor nos informa detalladamente de lo que fue real según los historiadores, que algunas veces no se ponen de acuerdo, y lo que es ficción creada por él mismo para dar soporte a su libro. Escrito con una prosa agradable y cuidada, con unos personajes redondos que calan en el lector al asegurarle unas cuantas horas de divertimento, amén de conocer un poco sobre la tremenda figura de este marino olvidado y los insidiosos que le rodearon. Algo muy de actualidad, que ahora se denomina «mobbing», tres siglos después que puede resumirse en este párrafo extractado del libro puesto en boca del propio Blas de Lezo:
«No aguanto más. Puedo guerrear con todas las fuerzas que el enemigo envíe en mi contra, y si he de morir en batalla lo haré con todo el valor y el honor que logre reunir, confiando estar a la altura del país que he defendido toda mi vida. Pero si hay algo con lo que no puedo es con la mentira, con el engaño y con esta puta envidia que muestran muchos de los hombres que toman las decisiones en España. Contra eso ni he sabido luchar en mi vida ni tengo ganas de aprenderlo a la edad que tengo ya».
Si he de poner un «pero» personal, es la excesiva longitud del libro. El autor se recrea con profusión en muchas de las escenas y nos las hace vivir casi como si estuviéramos allí. Pero puede ser que lo que a algún lector pueda llegar a aburrir a otros les resulte agradable en ese sentimiento que se tiene de que no nos gusta que se acabe un libro que está resultando agradable y entretenido. Un libro que en mi opinión, no sé si modesta, está a la altura por lo menos de otros de corte parecido de autores como Juan Gómez Jurado, Matilde Asensi o Pérez Reverte, pero que no tiene la difusión y la fama de estos y le costará hacerse un hueco. Si con este comentario contribuyo a ello me daré por satisfecho. Para aquellos que quieran saber más de este español y vasco olvidado, hay más libros dedicados a glosar su memoria y mucha información en la red, pero por aquello de la auto-propaganda hago mención a una entrada mía en un blog amigo titulada "BLASdeLEZO".

Reflexiones tras la lectura de "Doctor Pasavento" de Enrique Vila-Matas

 Recuerdo que leí "Doctor Pasavento" en algún momento de la primavera del 2012, y de los libros que tuve la suerte de leer ese año,éste fue, sin lugar a dudas, de los que más me cautivaron. Llevaba muchos años (quizás más de una década) queriéndome acercar a este autor, desde que lo descubrí en el antiguo programa de literatura "Negro sobre blanco", conducido por Fernando Sánchez Dragó. La novela en cuestión es de esa clase de literatura que deja poso, que casi se disfruta más a posteriori, casi rumiando sus frases, que durante, su por otra parte, deleitante lectura.
    Mientras lo leía, sabía que esta obra iba a ser del agrado de un amigo con el que comparto afinidades acerca de lo divino y de lo humano; así que no dudé en prestársela. Y al poco de haber empezado éste el libro, me envió un e-mail con las siguientes reflexiones:
  "Leí unas 80 páginas del libro y es realmente agradable. Existencialismo puro y duro. Me imagino a Schopenhauer y a Sartre sonriendo melancólicamente con la lectura de esta obra. Refleja el alma del auténtico escritor del siglo XX, su distimia y también su felicidad, que no puede ser otra que la "bella infelicidad" de quien ya no aspira ni tan siquiera a una promesa de felicidad.
Y digo "auténtico escritor" porque los otros, los falsos, los escritores politizados (como por ejemplo Vargas Llosa) no son almas bellas, ni siquiera son almas, son intelectos ennegrecidos por la aureola de la fama, una chusma espiritual que ensucia todo lo que tocan con sus palabras. El verdadero escritor desea de todo corazón apartarse, y, si es posible, desaparecer. Se trata de un NO-SER para poder SER; es decir, no considera que la fama en sí misma sea mala, considera sencillamente que la fama mata: mata el alma, mata el SER más íntimo, más afín y más bello; el SER que a uno le gustaría ETERNIZAR.
Es curioso que los campos de Castilla le recuerden a Tarkovski -Andrei Tarkovski es un director de cine ruso ya desaparecido, que mi amigo y yo lo consideramos uno de los mejores de la historia del cine. Su obra tiene grandes influencias de otros grandes cineastas como Kurosawa, Buñuel, pero sobre todo de Bergmann y Dreyer- (Nota del autor de la entrada). Efectivamente es imposible no ponerse melancólico observando pasmado los campos castellanos desde la ventana del tren; ahora bien, aunque no es posible evitar toda reminiscencia acerca del SER y del NO-SER en el espacio-tiempo -y esto es algo absolutamente tarkovskiano-, lo paradógico es que la sequedad y la esterilidad de los campos castellanos están en las antípodas de esa humedad que cala hasta los huesos característica de las películas de Tarkovski. ¡Es la subjetividad llevada al extremo!, donde sólo cuenta la percepción del alma y no la de los sentidos. El mero hecho de imaginar estar en medio de los campos de Castilla le situa a uno frente a frente ante el dilema del SER y NO-SER: Nada me rodea, nada me afecta, nada soy excepto el recuerdo".
                                                                                              (26 de agosto de 2012)

   Tan acertadas reflexiones tuvieron -cómo no- una respuesta de mi parte:

   "Efectivamente se trata de un libro muy agradable, que exhibe un feroz existencialismo y una pérdida absoluta de fe en el futuro, futuro que sólo ha de llevarnos a la definitiva desintegración del ser, bien con la llegada de una muerte, quizá no deseada del todo, pero desde luego tampoco entorpecida, o bien mediante una renuncia postnihilista en vida a conformarse con sólo "estar", renunciando a "ser". Algo así como el Wu Wei de los taoístas...
  Sin lugar a dudas Vila-Matas es un sensible y certero escritor-ensayista postmoderno, es decir, postexistencialista, porque él ya ha superado "la nausea", ese momento de inquietante estupor juvenil. Vila-Matas, o mejor dicho, su personaje, al igual que los últimos mayas (la postrera gran civilización), sólo quiere desaparecer, mimetizarse en la selva, urbana o arborícola,  pero dejando todo bien dispuesto y hacerlo de manera bella. ¿Infeliz? Sí quizá, pero regalándose y regalándonos un instante de sublime belleza antes de partir definitivamente hacia el reino donde sólo se vive de recuerdos, es decir, al mundo de la vejez, de la añoranza de juventud, al mundo donde, como dice la canción, "de todo comienza a hacer ya mucho tiempo".
  Nunca antes de nuestra época había depositado la humanidad de manera tan exacerbada y desesperada su mirada en el pasado; clarísimo signo de senectud. Todas las grandes civilizaciones se centraban en el presente y en el futuro; los griegos y su Carpe Diem, los egipcios con sus obsesiones postmortem; por no hablar de los mayas, que ni siquiera se aminalaron ante la certeza de un futuro aciago. Futuro, esperanza y fuerza, es decir Vida, Vida y más Vida, aunque sea postmortem, era lo que desprendían las grandes civilizaciones; nosotros, por el contrario, tan solo nos aferramos a los recuerdos, al pasado, a la nostalgia... es decir, a la invalidez, a la desesperación y a la muerte. Y Vila-Matas ha descrito en su libro nuestra funesta situación a la perfección , porque lo vive en sus carnes y porque tiene la sensibilidad, el talante y el talento para ello".

   Dicho esto, tan solo me queda recomendaros la lectura de "Doctor Pasavento" de Enrique Vila-Matas.