lunes, 28 de octubre de 2013

Reflexiones tras la lectura de "Doctor Pasavento" de Enrique Vila-Matas

 Recuerdo que leí "Doctor Pasavento" en algún momento de la primavera del 2012, y de los libros que tuve la suerte de leer ese año,éste fue, sin lugar a dudas, de los que más me cautivaron. Llevaba muchos años (quizás más de una década) queriéndome acercar a este autor, desde que lo descubrí en el antiguo programa de literatura "Negro sobre blanco", conducido por Fernando Sánchez Dragó. La novela en cuestión es de esa clase de literatura que deja poso, que casi se disfruta más a posteriori, casi rumiando sus frases, que durante, su por otra parte, deleitante lectura.
    Mientras lo leía, sabía que esta obra iba a ser del agrado de un amigo con el que comparto afinidades acerca de lo divino y de lo humano; así que no dudé en prestársela. Y al poco de haber empezado éste el libro, me envió un e-mail con las siguientes reflexiones:
  "Leí unas 80 páginas del libro y es realmente agradable. Existencialismo puro y duro. Me imagino a Schopenhauer y a Sartre sonriendo melancólicamente con la lectura de esta obra. Refleja el alma del auténtico escritor del siglo XX, su distimia y también su felicidad, que no puede ser otra que la "bella infelicidad" de quien ya no aspira ni tan siquiera a una promesa de felicidad.
Y digo "auténtico escritor" porque los otros, los falsos, los escritores politizados (como por ejemplo Vargas Llosa) no son almas bellas, ni siquiera son almas, son intelectos ennegrecidos por la aureola de la fama, una chusma espiritual que ensucia todo lo que tocan con sus palabras. El verdadero escritor desea de todo corazón apartarse, y, si es posible, desaparecer. Se trata de un NO-SER para poder SER; es decir, no considera que la fama en sí misma sea mala, considera sencillamente que la fama mata: mata el alma, mata el SER más íntimo, más afín y más bello; el SER que a uno le gustaría ETERNIZAR.
Es curioso que los campos de Castilla le recuerden a Tarkovski -Andrei Tarkovski es un director de cine ruso ya desaparecido, que mi amigo y yo lo consideramos uno de los mejores de la historia del cine. Su obra tiene grandes influencias de otros grandes cineastas como Kurosawa, Buñuel, pero sobre todo de Bergmann y Dreyer- (Nota del autor de la entrada). Efectivamente es imposible no ponerse melancólico observando pasmado los campos castellanos desde la ventana del tren; ahora bien, aunque no es posible evitar toda reminiscencia acerca del SER y del NO-SER en el espacio-tiempo -y esto es algo absolutamente tarkovskiano-, lo paradógico es que la sequedad y la esterilidad de los campos castellanos están en las antípodas de esa humedad que cala hasta los huesos característica de las películas de Tarkovski. ¡Es la subjetividad llevada al extremo!, donde sólo cuenta la percepción del alma y no la de los sentidos. El mero hecho de imaginar estar en medio de los campos de Castilla le situa a uno frente a frente ante el dilema del SER y NO-SER: Nada me rodea, nada me afecta, nada soy excepto el recuerdo".
                                                                                              (26 de agosto de 2012)

   Tan acertadas reflexiones tuvieron -cómo no- una respuesta de mi parte:

   "Efectivamente se trata de un libro muy agradable, que exhibe un feroz existencialismo y una pérdida absoluta de fe en el futuro, futuro que sólo ha de llevarnos a la definitiva desintegración del ser, bien con la llegada de una muerte, quizá no deseada del todo, pero desde luego tampoco entorpecida, o bien mediante una renuncia postnihilista en vida a conformarse con sólo "estar", renunciando a "ser". Algo así como el Wu Wei de los taoístas...
  Sin lugar a dudas Vila-Matas es un sensible y certero escritor-ensayista postmoderno, es decir, postexistencialista, porque él ya ha superado "la nausea", ese momento de inquietante estupor juvenil. Vila-Matas, o mejor dicho, su personaje, al igual que los últimos mayas (la postrera gran civilización), sólo quiere desaparecer, mimetizarse en la selva, urbana o arborícola,  pero dejando todo bien dispuesto y hacerlo de manera bella. ¿Infeliz? Sí quizá, pero regalándose y regalándonos un instante de sublime belleza antes de partir definitivamente hacia el reino donde sólo se vive de recuerdos, es decir, al mundo de la vejez, de la añoranza de juventud, al mundo donde, como dice la canción, "de todo comienza a hacer ya mucho tiempo".
  Nunca antes de nuestra época había depositado la humanidad de manera tan exacerbada y desesperada su mirada en el pasado; clarísimo signo de senectud. Todas las grandes civilizaciones se centraban en el presente y en el futuro; los griegos y su Carpe Diem, los egipcios con sus obsesiones postmortem; por no hablar de los mayas, que ni siquiera se aminalaron ante la certeza de un futuro aciago. Futuro, esperanza y fuerza, es decir Vida, Vida y más Vida, aunque sea postmortem, era lo que desprendían las grandes civilizaciones; nosotros, por el contrario, tan solo nos aferramos a los recuerdos, al pasado, a la nostalgia... es decir, a la invalidez, a la desesperación y a la muerte. Y Vila-Matas ha descrito en su libro nuestra funesta situación a la perfección , porque lo vive en sus carnes y porque tiene la sensibilidad, el talante y el talento para ello".

   Dicho esto, tan solo me queda recomendaros la lectura de "Doctor Pasavento" de Enrique Vila-Matas.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Pues, ya sabes, uno más para tu lista de futuras lecturas, que me imagino que no será pequeña...

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  2. Con una recomendación tan buena y completa, dan aún más ganas de leerlo. Gracias por la recomendación, alberto.

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  3. De nada, Javier. Si te decides a leerlo, ya me dirás qué te ha parecido..

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