jueves, 28 de noviembre de 2013

Happy Thanksgiving...para todos

Mañana es un hermoso día en mi país, el Día de Acción de Gracias, donde damos gracias a Dios, por todo lo que tenemos, entre esas gracias, están la de haberlos conocido, de estar unidos en esta carrera Indie, en estas letraheridos, en este dar...

Hispana, acogida a las costumbres de mi nueva tierra, os puedo asegurar, que es este día uno de los más sagrados, respetados, y hermosos de mi nueva tierra, si fuera Gerardo hubiera buscado escritos filosóficos y hermosos y cultos para ustedes, lo exhorto a él o a mi muy intelectual Alberto a que cooperen con mi día de paz y si quieren dejen aquí la historia.

Pero yo, no quería dejar pasar este día, sin decirles, con el alma, con la que usualmente hablo, y sé amar, que les deseo muchos logros, satisfacciones, pero sobre todo, esa paz que el alma si queremos, puede llegar a alcanzar, sólo hay que empezar nuestro camino... y después de muchas dificultades, os aseguro, se respira bien lindo, entre nubes y colores.

Feliz día, desde mi alma, para ustedes...
Yendy
Boreal
Esther
Alberto
Gerardo
Javier
Nicolás

todos!!!!!!!!!!!


Janett





Happy Thanksgiving desde mi nueva tierra...Janett.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Reminiscencias de la Conchinchina

Diario de Indochina  En el año 2007 realicé un viaje de tres semanas por tierras vietnamitas y camboyanas, y leyendo este diario, retornaron a mí multitud de agradables recuerdos, algunos de los cuales fueron rescatados justo a tiempo de ese mar en perpetua calma que es el olvido.
   Qué decir de la paradisiaca Bahia de Halong, surcada por docenas de barcos de juncos y salpicada por cientos de islas e islotes y mercados flotantes; del insomne bullicio de Hanoi y su millones de motocicletas sorteando a todo tipo de vehículos y transeuntes; del maravilloso delta del Mekong; de la hermosa pagoda de Hue; del impresionante patrimonio histórico de Hoian (aunque algo turístico de más) y su hermosísimo puente de madera de estilo japonés; del caótico mercado chino de Ho-chi-minh, la antigua y algo afrancesada Saigon; de los arrozales en bancales y el mercado de las tropecientas etnias de los alrededores de Sapa; de las playas del Océano Índico; de los legendarios templos de Angkor, con Bayon a la cabeza (Sin duda, unos de los conjuntos arquitéctonicos más bellos de la Tierra); y ¡joder!, ese maravilloso templo de Ta Prohm, medio devorado por la exuberante selva, donde se escuchaba el ensordecedor canto de no sé qué insectos y en el cual se rodaron algunas secuencias de la infumable Tomb Raider; también recuerdo el hedor que desprendía en la estación seca ese lago camboyano, donde había un pueblo flotante de origen vietnamita, y que ahora, de memoria, no recuerdo su nombre por mucho que quiera acordarme; sin olvidar la magnífica comida vietnamita y camboyana, sobre todo esta última a precios irrisorios. Recuerdo que íbamos siempre a cenar a un restaurante de Siem Reap, y a pesar de que es la ciudad más turística de Camboya, teníamos que portar linternas, pues desde la salida de nuestro hotel hasta casi llegar a nuestro restaurante favorito, ¡no había alumbrado público!, y después allí elegir los platos de una carta hecha con fotografías de los mismos; ¡Ingeniosa forma de suplir el hecho de que ninguno de los dueños hablaba otra cosa que khmer!; y cientos, ¡qué digo cientos!, miles de recuerdos más. Tú sabes bien de lo que hablo, Daniel. Todavía tengo pendientes Laos y Mianmar, tiempo al tiempo. 
  En resumidas cuentas: "Diario de Indochina" se trata de un interesante diario de viaje, donde viajeros, principalmente mochileros, podrán encontrar información de utlidad, contado de una manera amena y un tanto informal, en el buen sentido de la palabra. Podrán adquirirlo aquí

lunes, 18 de noviembre de 2013

Blue Time

Estúpido Blue Time
que llegas y te apoderas de mi alma
que lucho desesperada por arrancarte de la tela de arañas
que tejes en su redor

Estúpido Blue Time
que me haces brotar lágrimas
temerle a la vida
sentir escalofríos, sentirme sola y desamparada
Estúpido Blue Time
que te apareces a pesar de los colores
de los adornos de Navidad
de las flores rojas y llenas de vida!

Estúpida cabeza
que no sabes controlarte, que te agachas y entristeces
dejando atrás el Sol

Estúpida cabeza
llenita de neuronas
que no sabes imponerte y hacer echar andar
el alma
con alegría
te enrroscas y cobijas
sintiéndolo todo gris
a punto de ser negro
Estúpido Blue Time
que me ahogas el pecho
y ni siquiera sé
por qué siento
tanto, tanto dolor
en el coraazón!

Janett Camps

jueves, 7 de noviembre de 2013

Una nueva forma de escribir, de SER y de incendiar la cultura.

¿Qué es más devastador para un escritor, para un artista: el reconocimiento o la falta de él? Pues ambos, a menudo, matan; sólo que uno lo hace por agotamiento y el otro por apoltronamiento. Entonces, para quién o para qué debemos escribir.  Al ser independientes nos hemos librado del yugo de las editoriales y de los críticos, pero ésa es la única cadena que hemos quebrado. Entonces, ¿qué debemos hacer? ¿Debemos intentar complacer a nuestros lectores o a nosotros mismos? Acaso, ¿debemos complacer a alguien? Yo desde luego subscribo en parte lo dicho por David Simon, el creador de la imprescindible serie de televisión "The wire", cuando le preguntaron en qué estaba pensando cuando ideó ese éxito de la HBO: "¡Que se joda el espectador medio!", respondió. Yo voy un poquito más allá: ¡que se jodan los lectores medios, pero los instruidos también, las editoriales y las medallas!; escribamos lo que nos salga del alma, de las entrañas, saquemos cual exorcistas nuestros diablos de dentro; eso es lo que realmente importa, es lo que necesitamos, y quizás lo que también necesiten nuestros lectores.
  Por otra parte, no sé si para ser escritor se necesita ser un solitario o querer desaparecer, dejar de ser para poder SER, como el doctor Pasavento (Leer dicha entrada aquí) ; pero para ser uno realmente bueno, apostaría a que sí, además de talento, por supuesto. Pero es triste verse convertido en un Dostoievski que diga: "Yo no vivo; escribo". Anteponer la literatura a la vida es sin duda una enfermedad; pero al menos en el caso del escritor ruso, ¡bendita sea!
  Por eso nunca he entendido que un escritor calcule las horas que le ha llevado escribir un libro. Eso siempre me ha olido a fabricante de "tochos", a lectura chatarra, a producción en cadena, llámase éste indie o cómo diablos quiera llamarse. Cuando un editor le preguntó a Hermann Hesse cuánto tiempo tardaría en entregarle el manuscrito finalizado, le respondió algo así como: "Qué sé yo; una semana, un año, un siglo; el tiempo sólo es importante para ustedes, los hombres de negocios". Y a los escritores indies, que mayoritariamente escribimos por placer y no por dinero, todo esto nos debería importar incluso menos. Pues la mayoría de nosotros ya tenemos bastante con lidiar día a día en ambientes laborales desasosegantes y rutinarios, que a menudo conducen a la enajenación, precisamente, a los individuos más talentosos y sensibles, algo que Kafka ha descrito muy bien en sus obras.

  Por otra parte, la mayoría de los críticos y escritores conocidos y reconocidos califican a las obras indies de pura basura. Y si bien, como dice la canción de Enrique Bunbury, "todos somos artistas de mierda en potencia", algunos y algunas, por suerte, se quedan sólo en eso: en ser el día de mañana una potencial mierda más, pero de momento han logrado escribir algo como mínimo diferente. Y ya sabéis que determinada clase de mierda también encierra su valor; si no preguntadle a cualquiera que se dedique a la (agri)cultura.
  Sin embargo, buena parte de los escritores mainstream nos ven como una competencia chabacana desleal, que dará el golpe de gracia a la literatura, o como unos advenedizos diletantes, incapaces de escribir un párrafo sin tropecientas faltas ortográficas y aberraciones sintácticas, y lo que es peor, sin nada interesante que contar. Y sí, en muchos casos es cierto, y puede que yo sea uno de ellos sin ir más lejos. Pero si en vez de mirar sólo para Amazon y similares, se dedicaran a echar un vistazo entre toda la broza que abunda por doquier en las librerías convencionales, no sé quién saldría peor parado. Pero claro, ellos podrían alegar que entre los indies de Amazon sólo hay broza; y yo diría: "pues no, de eso nada", hay libros indies bastante buenos; pero al igual que los de los escritores convencionales son pocos, porque el talento siempre ha sido escaso; por eso es tan valioso.
  Tema aparte son los críticos, pues, como en (casi) todos los ámbitos, existe entre ellos un conservadurismo tremendo, que acostumbra a ser causa, y más a menudo consecuencia, de su escaso valor, entendiéndose éste en sus dos acepciones más comunes. Sólo en rarísimas ocasiones se atreverán a apostar por lo nuevo, por lo todavía maleable, por lo no consolidado, y dejar de ser unos paniaguados de las grandes editoriales, que se pasan el día lamiendo las fístulas a los mismos de siempre; algo que sin duda denota un clarísimo déficit de elasticidad mental, por no decir algo más drástico. Lo que sí podemos encontrar entre unos pocos de estos individuos, y que algunos confunden con valentía, es el ánimo de destruir a las vacas sagradas, y esto sería sano si, como en el caso de Nietzsche, hubiese en ello un claro propósito de transformación de valores, de instaurar una nueva era en el pensamiento y en la manera de ver la vida; pero eso ya sería pedir demasiado a esos homínidos; por lo que, como acostumbra a suceder la mayoría de las veces, la solución más cierta es también la más obvia: son sólo ganas de joder, de darse una importancia que no merecen y que seguramente ni ellos mismos se la crean.
  Sin embargo, en todos los ámbitos de la vida (no sólo en la literatura), necesitamos cierta clase de críticos, es decir, de gente con criterio propio, que sepan intuir el talento donde los demás sólo ven mediocridad, pero también necesitamos de lo contrario, es decir, de personas a quienes no les den gato por liebre y capacitados para poder vislumbrar, si no mediocridad, sí talento inflado o sobrevalorado, y los necesitamos porque ahora más que nunca debemos incendiar esto que hemos venido llamando cultura, que ya hace mucho tiempo que no es tal, y sentar las bases de una nueva, que esquive el abismo y que se pare a reflexionar y dar respuesta a determinadas preguntas que ya no se pueden obviar por más tiempo; algo que muchos escritores, filósofos, científicos e artistas consagrados no han podido o no han querido hacerlo. Ardua y ambiciosa tarea sin duda, mas inevitable, si no queremos que los onimosos vientos de hoy nos lleven de nuevo directos y a toda vela hacia las cavernas.