sábado, 28 de diciembre de 2013

Autores del siglo XXI

 Son exactamente la una y diez de la madrugada, una hora completamente normal para el que tiene la costumbre de escribir, ya sea un blog, poesía, novela, etc. Acabo de leer un post de Frank Scipion, que habla sobre el pésimo negocio que es intentar ganarse la vida como escritor; lo cierto es que este señor dice verdades como puños y su blog ciertamente merece la pena. Empieza con este párrafo:
“Conozco a mucha gente que quiere escribir libros. Hay una especie de fascinación por ser autor. Es cómo ser músico, pero cómo nos enseñan a escribir en el cole mucho más en serio que lo que lo hacen con la música, pues lo vemos más factible”.
¿Es así de simple? ¿Una persona ve accesible escribir y pierde un tiempo precioso por una fascinación por ser autor? Yo no tengo la respuesta, pero sin duda el camino de un autor es una cruz pesada con algunos pequeños parones para beber agua. Creo que sin vocación es muy difícil escribir un libro, ya sea bueno o malo debe de haber algo más.
Ser escritor es un pésimo negocio, eso es cierto y quién no lo quiera ver que siga auto-alimentado sus sueños. Pero no sólo para el autor novel, sino también para el autor consagrado que ve como Amazon ha implantado una anarquía que hace que vender un libro sea muy complicado. Ellos han perdido cuota de mercado que nosotros como comunidad se la hemos quitado. Un ejemplo: En Amazon.es, habrá unos 50.000 títulos, si cada autor vende un sólo libro al mes, haced las cuentas y veréis que es una cantidad brutal de libros al año, libros que el autor consagrado ha dejado de vender. Para el autor indie es complicado, para ellos es todavía más. Otro ejemplo de lo mal que está el mercado es, que las editoriales pyme han dejado de intentar vender libros al lector para vender al autor. Ofrecen una basura a mi juicio, y me explico:
Hace poco una editorial aceptó uno de mis manuscritos. No hacía más de una semana que había sido enviado por lo que enseguida desconfíe; “si algo es demasiado bueno para ser verdad, no es verdad”. No había número de contacto, sólo un correo amable que decía que ellos correrían con los gastos. Decidí seguir el juego a ver que había detrás de tan maravillosa propuesta. El segundo correo ya incluía el contrato, ¡qué barbaridad! Seamos serios, si voy a pagar el libro de un autor lo mínimo es concertar una cita, hablar, no sé, lo que haría cualquier persona que va cerrar un trato. El caso es que el segundo correo ya había una serie de gastos que ascendían a unos nada despreciables dos mil euros, a pagar si uno quiere en cómodos plazos de tres meses gracias, por supuesto, a las ventas del libro, es decir: “No tienes que pagar, sólo firmar que vas a vender al menos cien libros sí o sí, obviamente, a veinte euros cada libro, supuse yo”. El restante, otros mil, lo pondría la editorial. Tres mil euros para publicar apenas doscientos ejemplares. Sí, cada libro publicado costaría quince euros sacarlo de la imprenta. Lo mejor es que cada libro de más de esos doscientos tendría un coste añadido de veinte euros, ¡vamos!, un chollo. Supongamos que vendo cien ejemplares a quince euros y gracias a Dios los otros cien ejemplares se venden en las librerías. Distribución 30%, librería 30 %, editorial 30%, autor 10%. Esa es la ley y así son las cosas. El caso es que si todo fuera fenomenal habría perdido unos trescientos euros. ¿No está mal? ¿Y después qué? ¿Reedito?
Uno se levanta, viste a su hijo, desayuna, se va a trabajar, vuelve a casa, cena, su mujer se acuesta, él se mete en cuarto con un viejo ordenador y escribe una novela para perder dinero si consigue vender una primera edición. ¿Es triste ser escritor? ¿No? Amazon al menos ha conseguido que uno no pierda dinero, por eso debo amar a ese portal. Entonces, ahora viene la gran pregunta:
¿qué debe hacer un autor para poder ganarse la vida?
No hay respuesta para esa pregunta porque simplemente no existe. Ni siquiera hay un camino marcado; esa es nuestra herencia como autores del siglo XXI. España, lamentablemente, se ha convertido en un país en el que una autora consagrada y ganadora de un premio Planeta, debe ir a un reality para pagar sus deudas. Un país en el que “la Esteban” es la autora que más vende. Una patria, LA NUESTRA, en la que un presentador que machaca a sus invitados, les guarda viejas rencillas y destroza la vida de “ese” que se entrecruza en su camino en beneficio de la audiencia, es el nuevo Paco Umbral. Esa es nuestra herencia...
...Autores del siglo XXI  
Un cordial saludo,
Nicolás García Anaros.  

jueves, 26 de diciembre de 2013

Comentando "La invasión y otros relatos" de Gerard F. Fast (Quien desee dejar otra opinión sobre esta obra que lo haga en "comentarios")

La invasión y otros relatos " La invasión y otros relatos" recopila ocho obras breves del escritor Gerard F. Fast, de temática muy diferente a su novela "El arpa mágica". Aquí predomina la ciencia ficción con claras influencias de los clásicos cinematográficos de este género, algunos con claros tintes kafkianos y otros como "El muerto" ( uno de mis favoritos), impregnados de una poesía postmorten que nos recuerda a Poe y a otros maestros de la fantasía más luctuosa. En general, en todos ellos, como en toda la buena ciencia ficción, el autor se sirve de lo fantástico para hablarnos de la realidad y del presente con un cierto pesimismo no reñido con la esperanza; una realidad y un presente que parecen incomodar tanto a su autor como a algunos de sus (anti)heroes.  
   Sin embargo esta recopilación comienza y termina con dos relatos muy alejados de este género de la ciencia-ficción:
   Uno es el relato histórico que da comienzo al libro "Granada 1039", el favorito del autor.
   Y para el final nos reserva el que quizás sea el relato con una temática más intimista "Francisca", en el cual se diserta sobre el arte, los artesanos y los artistas, y donde podremos encontrar a unos personajes perfectamente definidos a pesar de la brevedad de la historia.
  Por otro lado, al igual que en "El arpa mágica", se trata de historias bien escritas, de fondo profundo bajo una fachada sencilla, pero que algunas de ellas demandaban, a mi juicio, una mayor fuerza o extensión; irregularidad por otra parte normal en recopilaciones de estas características. No obstante, la media para este servidor es más que notable, y no puedo hacer otra cosa que recomendar su lectura, pues Gerard F. Fast es sin duda uno de los esritores indies más intersantes que he leído.

  Todos los interesados podrán adquirir el libro prácticamente gratis aquí

jueves, 12 de diciembre de 2013

Tras la senda encontré el camino

 Ésta va a ser mi primera entrada y reconozco que no sé muy bien qué voy a decir. Por ello he pensado en hacer un comentario sobre el libro de Ánonimo Ibañez, "Tras la senda helicoidal"; odio hacer comentarios, siempre que uno habla del libro de otro puede parecer un pedante, o caer en el error de no haber entendido la novela. Pero como aquí, en letraheridos, estamos para ayudarnos, aprender más y, sobre todo, mejorar nuestras obras, intentaré ser lo más honesto posible, quitando el hecho de que al autor de esta obra le tengo un gran aprecio, simplemente porque admiro a las personas que dan sin pretender recibir. En cierto modo me recuerda a mi amigo Enrique Salcedo, un quijote en un mundo que no le ha tocado vivir; sueños merecidos que no llegan.

Helicoidal: Que tiene forma de hélice.
Reconozco que tuve que buscar su significado en el diccionario, porque no comprendí su etimología. Por ello, pensé que el título llegaría a pocos lectores. A la hora de crear el título de una novela, la mayoría de autores buscan una frase que suene bien, sencilla, que resuma la esencia de la novela. “Cien años de soledad”, “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Títulos comprensibles, que expresan mucho más de lo que uno piensa en un principio. ¿Quién no se ha sentido alguna vez solo? ¿Cien años? La soledad de una persona longeva, toda una familia, pueblo o generación. La soledad es estar solo, y cuando uno está solo no hay nadie más, y si no hay nadie, no hay amor. En definitiva; ese título no está transmitiendo que va a tratar sobre soledad, la falta de amor, el desamor, pero antes del desamor debe de ver amor, y donde hay amor cabe la posibilidad de que llegue el desamor, y por supuesto, el desamor acaba en conflicto. Y todos hemos estado en esas tesituras alguna vez, por lo cual, toca arquetipos universales con palabras sencillas. Y la misma disección podríamos hacer con el título; “Los hombres que no amaban a las mujeres”. Este ni siquiera es tan complejo como el anterior. Por ello pensé que el título utilizaba una palabra que no funcionaría: Helicoidal, no por no ser la adecuada, sino por no estar al alcance de un vistazo. Ahora bien, a mí me pasa lo mismo que Ánonimo, le doy preferencia a lo correcto, aunque no sea lo más popular. No nos ganamos la vida con la literatura, no es necesario ser popular, aunque no es menos cierto que a nadie la amarga un dulce.
Ánonimo comienza el libro fiel a sus principios, poniendo un claro protagonista que nos habla en primera persona, siempre con cierto resquemor contenido en sus palabras de vivir en un mundo que no comprende o no quiere comprender. Su redacción es impecable, quizás la elección de capítulos cortos dificulta el avance de la novela. Esto es algo muy importante, el lector siempre tiende a dejar la novela al final del capítulo para irse a dormir, etc. Si el autor elige capítulos demasiados cortos, estará invitando constantemente al lector a dejar de leer la novela. Yo, personalmente, me gusta formular una pregunta, o adelantar algo del capítulo posterior, para evitar que el lector deje de leer. Otro truco puede ser dejar un espacio. Además me gustaría decir que para sobrevivir en Amazon los primeros capítulos deben ser vertiginosos, formulando varias preguntas y desvelando gran parte de la trama para que el lector se enganche lo antes posible. Pero Ánonimo no escribe para el lector de hoy. Estoy convencido que el libro funcionaría mejor en papel, pues la gente que se gasta realmente dinero en un libro le da su tiempo, en Amazon eso es complicado. La novela está escrita con esfuerzo, trabajo y mucho del propio autor. Es un viaje que hay que masticar y comprender, requiere esfuerzo, y hoy en día el esfuerzo no es lo más popular; vivimos una era de adormilados , que le interesa más con quién se ha liado “la” Estaban, escritora Esteban, mejor dicho, que leer un libro de peso, como es “Tras la senda helicoidal”, que es un camino que todos hemos recorrido o deberíamos recorrer algún día. Se podría decir la novela es una evolución. Me voy a explicar mejor. Una silla rota en España no significa nada, en Afghanistán puede significar la decadencia de todo un país, y eso pasa con éste libro. Significa mucho si lo lees en el momento adecuado, incluso puede conllevar una transformación vital. Por ello concluyo que Ánonimo Ibañez ha sido fiel a una obra que tenía que hacer, no por él, sino por lo demás. El libro debe ser leído cuando uno tenga la sensación de necesitar un cambio o una comprensión mejor del mundo que nos rodea gracias a cosas tan triviales como la autocomprensión, los amigos, o la propia naturaleza.

Un cordial saludo,
Nicolás.

Www.nicolasgarciaanaros.com

martes, 10 de diciembre de 2013

La búsqueda de la gran obra de nuestra vida

El otro día tuve la ocasión de ver la película "El hombre sin edad" (Youth without youth), que en el año 2007 supuso la vuelta a la dirección, tras diez años de sequía, del maestro Francis Ford Coppola. Ésta supuso a su vez una adaptación por parte del propio Coppola de una novela del filósofo y etnógrafro rumano Mircea Eliade, del que he tenido ocasión de leer varias de sus obras con sumo interés; pero esta novela en concreto ni siquiera la conocía hasta que me enteré de la existencia de la película. He de decir que la novela todavía no la he leído; algo que tras el visionado de la película se ha convertido en un asunto pendiente. Por cierto, en España está publicada bajo el nombre "Tiempo de un centenario"
  La película (y supongo que la novela) trata de la vida de un hombre, ya anciano, interesado en la evolución del lenguaje humano, que tras caerle un rayo encima, logra, gracias a la energía resultante, rejuvenecer y asimilar todo lo que lee de una manera asombrosa, convirtiéndose en una especie de "superhéroe" intelectual. Pero la energía del rayo también le ha creado un doble con el que dialoga, de moral más laxa y dudosa, seguidor de Hitler y convencido de que el fin siempre justifica los medios.
   Gracias a las habilidades recién adquiridas, entre las cuales también están el control de las mentes y la capacidad de predecir el futuro, consigue huir de los nazis (que querían hacer de él un mero objeto de investigación) a la neutral Suiza, hacerse rico y aprender con facilidad sánscrito, chino mandarín, hebreo, sumerio..., algo que le anima a poder conseguir algún día finalizar su gran obra: una búsqueda del protolenguaje, es decir, ese lenguaje primordial, que quizás, con el control del fuego, haya sido el determinante más importante para que un día un desconocido simio se convirtiera en un ser humano. Pero por mucho que investiga, ni siquiera con sus nuevos poderes, acaba de dar con ello, y es algo que lo frustra terriblemente, hasta el punto de viajar a Bucarest, su tierra natal, para suicidarse. Sin embargo, un buen dia, más por causalidad que por casualidad, conoce a Verónica, una mujer joven y bella idéntica a Laura, el gran amor de su juventud, y que, gracias también a la caída de un rayo y a la influencia del protagonista, consigue entrar en unos trances en los que habla en sánscrito, adoptando la personalidad de la filósofa Rupini, una de las primeras discípulas de Buda, de la cual parece saberlo todo, como si hubiese sido ella misma en una vida anterior. Poco a poco los trances de Verónica la van llevando a mundos más remotos y a hablar cada vez en lenguas más antiguas, como el babilonio, el egipcio antiguo, hasta conseguir hablar en idiomas antiquísimos, ya apenas articulados y, por supuesto, desconocidos incluso para el protagonista. Pero los trances de Verónica también se cobran un precio, que por su causa no permitirán a su amado culminar la gran obra que lleva persiguiendo toda su vida.
   De la película me ha gustado más la suma de sus partes que el conjunto. El guión es magnífico, las interpretaciones están muy bien, la fotografía y la puesta en escena son excelentes; pero algo falla y no sé exactamente lo que es, pues el film carece de la fuerza de las grandes películas de su director. Quizás sea que al bueno de Francis se le ha oxidado un poco el pulso narrativo o que sus fuerzas nunca hayan vuelto a ser las mismas tras el homérico y extenuante rodaje de Apocalipsis now, pues estamos sin lugar a dudas ante su obra más personal, donde el gran director se muestra más desnudo que nunca; pero desgraciadamente no es la mejor, aunque ni mucho menos es la peor, como dicen algunos, que me atrevería a decir que no han entendido absolutamente nada.
   Aún así, en la película se tratan muchísimos temas de gran interés como qué nos hace humanos (el lenguaje, el sentido religioso...), el eterno retorno, la idea del doble (tal y como lo entiende la literatura romántica alemana bajo el concepto de doppelgänger), el paso del tiempo, la metempsicosis, y sobre todo la renuncia por amor y si "todo vale" para conseguir una gran obra, la obra de nuestra vida, donde el director italoamericano y supongo que el escritor, y hasta yo mismo, lo tenemos muy claro: NO. Conseguir esa gran obra soñada no deja de ser un asunto (ego)ista, aunque dicha obra resultara ser muy beneficiosa para la humanidad; siempre hay cosas más importantes e inmediatas. Además, el artista verdadero es incapaz de dejar a un lado la sensación de que su gran obra siempre está por llegar y que probablemente ésta nunca llegue a materializarse, lo cual va a frustar de manera dolorosa al artista pesimista, y va a seguir concediendo nuevas fuerzas al artista optimista en esa búsqueda imposible de su ideal. Ahora os toca a vosotr@s encuadraros, si es posible, en alguno de esos tipos, si es que no lo hacéis en ambos a la vez, pues la vida mucha veces es así de contradictoria y ambivalente.