sábado, 20 de diciembre de 2014

Escribir un relato, según Edith Wharton



     


      «Nietzsche dijo que hacía falta talento para “inventar un final”, es decir, para dar el toque de lo inevitable a la conclusión de cualquier obra de arte.» (Edith Wharton).

      Según Edith Wharton, esto era válido para la novela, que ella compara con un edificio construido de forma lenta y reflexiva, en el cual «(...) cada piedra tiene su peso específico », y donde los cimientos deben planearse de acuerdo a las intenciones superiores del autor respecto a la obra proyectada, «(...) con vistas a las proporciones de la torre más alta».

      «En un relato, sin embargo, podría decirse que la primera preocupación del escritor es saber cómo escribir el comienzo.» 

      Edith Wharton opinaba que un mal final arruinaba en parte tanto un buen relato como una buena novela
      «El hecho de no acabar una historia de acuerdo con su sentido más profundo la priva de significado».

      «La norma de que una novela debe contener en la primera página el germen del todo es aún más cierta en un relato porque, en este caso, la trayectoria es tan corta que prácticamente coincide el trueno con el relámpago.»

      La escritora apoya esta reflexión trayendo una anécdota leída en la autobiografía de Benvenutto Cellini (Florencia, 1500-1571. Escritor, escultor y orfebre). Narra Cellini que de niño vio agitarse en el fuego del hogar una salamandra. El padre, que también vio el reptil, corrió a taparle los oídos para que recordara siempre tan inaudita visión.

      Edith Wharton considera la anécdota de Cellini como una sentencia a tener presente por los escritores de relatos: «Si su primera pincelada es vívida y elocuente, ganará al momento la atención del lector». Y pone otro ejemplo, el de un alumno de Eton que empezó su relato de esta forma: «Demonios, dijo la duquesa al encender su cigarro». Este comienzo, escrito «(…) en un tiempo en el que las duquesas no fumaban ni maldecían, hubiera llevado su obra a la posteridad de haber estado al mismo nivel cuanto venía detrás».

      «No tiene sentido taparle los oídos a nuestro lector a menos que tengamos una salamandra que mostrarle. Si no hay algo vivo que anime el alma de nuestro chispazo, algo que emocione, entonces no valdrán gritos ni sacudidas para fijar la peripecia en la memoria del lector. La salamandra lleva el peso fundamental y hace que la historia merezca ser contada.»

      Opina Edith Wharton que para tratar de conseguir el interés del lector «(…) con un inicio arrollador» debe haber algo más que un truco de oficio. El escritor tiene antes que haber dominado el tema y guardarlo sintetizado en su interior, como cuando un dibujante señala con unos pocos trazos lo que ha de ser la base de su obra. «(…) obtenida la pista, el escritor sólo tiene que avanzar: pero este tirón tiene que ser firme, no debe nunca olvidar lo que quiere decir, o por qué le parece que vale la pena decirlo»El relato, antes de ser contado, debe ser sometido a una intensa reflexión.

      «Ese precioso instinto que hace posible la selección se destila con una paciencia infinita que, si no es el genio en sí mismo, es uno de los principales logros del genio a la hora de promocionarse. En este punto, la repetición y la insistencia se perdonan; cuanto más breve sea el relato, más exento de detalles estará y más se potenciará la acción; y conseguir el efecto buscado dependerá no solo de elegir qué se conserva una vez eliminado lo superfluo, sino del orden en el que se va dosificando lo esencial.»


      Edith Wharton (Nueva York, 24 de enero de 1862 - Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, 11 de agosto de 1937). Discípula de Henry James. Está considerada como una de las más importantes narradoras norteamericanas. Fue la primera mujer que obtuvo el Premio Pulitzer, por su obra La edad de la inocencia (1920).



martes, 2 de diciembre de 2014

Humanismo en blanco y negro

  Comienzo a escribir esta entrada todavía sufriendo la resaca emocional que me ha supuesto contemplar en el día de ayer el maravilloso documental "La sal de la Tierra", una oda a la vida y obra del excelso fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. La película ha sido dirigida por el cineasta alemán Wim Wenders (al que debemos obras tan subyugantes como Paris Texas, Cielo sobre Berlín, Pina, etc.), pero contando en esta ocasión con la inestimable ayuda de Julio Ribeiro Salgado, hijo de Sebastiao.
La sal de la Tierra   Contemplar la obra de Salgado en pantalla grande ha sido una de mis experiencias más inefables. La fuerza que ya tienen de por sí las fotografías del brasileño, se ve sin duda multiplicada en una pantalla de cine, otorgándole a su portentoso blanco y negro una poderosa lente de aumento que nos transporta inevitablemente hacia el reino de la sublimidad, donde emulando a Dante comenzamos a recorrer los muchos infiernos y algún que otro paraíso, guiados, como si de un moderno Virgilio en off se tratase, por la magnífica voz de Salgado, comentando sus propias fotografías. Un verdadero lujo escucharle en versión original.
   La película es un recorrido por su vida y sobre todo por su obra, la cual abarca gran parte de las luces y las sombras de la condición humana. No entiendo como una persona de la talla intelectual de Susan Sontag pudo criticar en su día la obra de Salgado, acusándola de conferirle tal belleza a las grandes tragedias y miserias humanas, que a su modo de ver nos desvinculaba de ellas al proporcionarles de esta forma cierta distancia e irrealidad. Todo lo contrario, querida Susan. La belleza ha sido siempre la gran comunicadora y el arma más impactante del que siempre se han servido todos los grandes artistas humanistas. La belleza jamás frivoliza la realidad, la sublimiza, extrayendo del horror delicadeza, encanto y magnificencia. De verdad que cada día entiendo menos la ceguera emocional de la mayoría de los filósofos modernos. Qué saben la mayoría de ellos y ellas, desde la confortabilidad de su sillón e instalados en su propia burbuja intelectual de las motivaciones de un artista nómada como Salgado y de su descenso a los infiernos, de su pérdida de fe en la especie humana, de su muerte como artista tras el infierno de Ruanda y de su posterior resurrección, gracias a su impagable labor ecológica con el Instituto Terra, con el cual plantaron dos millones y medio de árboles, recuperando de esta forma un bosque lluvioso que se había convertido en un yermo erosionado. ¡Ay, los árboles! Probablemente los seres vivos más bellos de la Tierra y eternos símbolos de fe, de esperanza, de creer a pesar de todo en el futuro.
  El documental de Wenders y Ribeiro Salgado también incide entre otras cosas en la valentía del fotógrafo, que después de haber conocido cual Kurtz el horror, el verdadero horror, abandonó la fotografía social para convertirse en un fotógrafo de la naturaleza. Para lo cual no faltaron voces que le dijeron que no valía la pena, que era inútil tomar ese riesgo, pues él era un magnífico fotógrafo social, y como fotógrafo de la naturaleza tendría que empezar de cero, pero eso es algo que no debería amedrentar a un artista, es más, debería formar parte de sus necesidades más básicas. De todo eso resultó su último libro fotográfico hasta la fecha, Génesis, una asombrosa oda al planeta Tierra y un último voto de confianza a una humanidad desarraigada y perdida en esta extraña soledad entre multitudes. Atrás había quedado el otro Salgado, el eximio fotógrafo social con todo su legado de maravillosos álbumes como los dedicados a las otras Ámericas, al Sahel, a los Trabajadores, al infierno ruandés, a los exiliados, a la mina de Serra Pelada, etc..

   Por otra parte, el film es también un redescubrimiento, un afán de comprensión por parte del hijo sobre su padre, un intento de entender las motivaciones que lo mantuvieron separado de él y de su madre por largas temporadas. Y en ese intento de comprenderle se puede entrever la madurez definitiva de un hijo que tanto había echado en falta a su padre durante la infancia. En ese primer viaje juntos al Círculo Polar Ártico resulta verdaderamente sobrecogedor imaginarlos frente a frente ante la inmensidad de una nada donde ni siquiera se vislumbra el horizonte.

  Me comentaba ayer en su blog un amigo LetraHerido como Gerardo Fernández, que a veces parecen flotar en el aire determinados iones que logran que percibamos los acontecimientos como a "cámara lenta", algo que tanto a él como a mí nos suele ocurrir en determinados marcos naturales, pero a veces hay obras artísticas como ésta de Wenders y Salgado que me hacen sentir esa sensación casi onírica, de duermevela, de confusión, de no saber si mi deseo de que la proyección no finalizase jamás se iba a cumplir o no. Toda obra subyugante ha despertado siempre en mí a mi yo más onírico.
 
  Ya a modo de una postdata más intelectual que emocional, decir que la película me ha descubierto una etnia indígena desconocida para mí hasta ayer mismo, y que es muy probable que acabe formando parte de futuras inquietudes y obsesiones. Se trata de los indios Zoè, los cuales disfrutan en su pequeño paraíso no del todo perdido de matrimonios poligámicos y poliándricos, y que al igual que nuestros astrofísicos creen que el Universo está en expansión, entre otros muchos detalles interesantes. Si alguien tiene algún interés especial en ellos le dejo aquí un enlace desde donde se puede comenzar a bucear en su cultura.
  Y a todos lo demás. simplemente recomendaros encarecidamente la visión de La sal de la Tierra, film que debería de ser de obligatorio visionado en cualquier sistema educativo que hiciese honor a su nombre.
 

martes, 4 de noviembre de 2014

NUEVO FORO DE INDIES LETRAHERIDOS

Hoy, tod@s los colaboradores de Indies LetraHeridos, tenemos el placer de anunciaros la creación del nuevo foro de Indies LetraHeridos.

    Con esta nueva plataforma pretendemos dar un paso de gigante en nuestro campo de acción, y conceder a todos nuestros viejos lectores y a los nuevos que se unan la capacidad de publicar sus relatos en él, así como abrir temas de (casi) cualquier índole para reflexionar o debatir en común.

   Os invitamos a tod@s a irnos conociendo un poco mejor y a seguir apoyándonos mutuamente y, por supuesto, a conocer y a colaborar en esta nueva experiencia cultural.

   Para acceder a este nuevo sitio, sólo tenéis que hacer click aquí, y para colaborar, basta con registraros.

    Por otra parte, este blog seguirá estando activo y cumpliendo su cometido. Seguid el que más os guste, y si son los dos, ¡mucho mejor! :)

lunes, 27 de octubre de 2014

Cartas a Theo



      
      Lo que me sería muy agradable tener aquí, para leer de cuando en cuando, sería un Shakespeare. Hay a un chelín Dicks shilling Shakespeare, que está completo. Las ediciones no faltan y creo que las baratas no son muy distintas de las más caras. En todo caso, no querría que costaran más de tres francos. 
( Fragmento de carta enviada a Theo por Vincent van Gogh. Saint-Rémy, 19 de junio de 1889).




      El primer sábado de cada mes la calle Dos de mayo se cubre de tenderetes en donde se venden los más variados artículos, desde ropa de diseño a antigüedades, pasando por quincalla, artesanía y más cosas; y también libros. En uno de éstos, un tenderete de libros usados, es donde descubrí Cartas a Theo. Este libro contiene una selección de cartas escogidas de entre las tantas que Vincent van Gogh envió a su hermano Theo en el transcurso de casi veinte años. El vendedor, sonriente tras la mesa expositora, recién instalada, señalaba con el índice al libro:

      —No lo rebajo ni un céntimo. Antes de las doce me lo quitan de las manos.

      Le sobraban argumentos para asegurarlo. Cartas a Theo es uno de esos libros que buscan los estudiantes de Bellas Artes y los aficionados a la pintura, pero que también puede tener su lugar en la biblioteca de cualquier apasionado al arte en general.

      A Vincent van Gogh el éxito no le sonrió en vida, y sobran dedos en la mano para contar las obras que vendió. Es el paradigma del genio incomprendido; para muchos artistas que no logran medrar es un referente romántico. Había ejercido profesiones tan dispares como la de comercial en una galería de arte o la de pastor protestante; en ambas fue tan manazas abrazando el éxito como cuando se dedicó a la pintura.

      Hacía 1880 Vincent decidió ganarse la vida pintando cuadros. Seguro de sí mismo y de sus dotes artísticas, le pidió a su hermano Theo, cuatro años más joven, que le financiase la carrera. El futuro no se podía presentar más halagüeño para los dos, le aseguraba Vincent, puesto que cuando se situase como pintor de renombre le devolvería cada moneda con creces. Los dos serían muy felices.

      Ese año de 1880, con 27 cumplidos, financiado por Theo, Vincent van Gogh se entregó en cuerpo y alma a la tarea de aprender el oficio de pintor. Dibujaba, pintaba y leía sin descanso. La vocación había llegado tarde y era preciso recuperar el tiempo perdido. Durante diez años llegó a crear más de dos mil seiscientas obras, entre pinturas, acuarelas y dibujos. En 1890, el «pintor de los girasoles», como también se le conoce, se suicidó.



      El libro Cartas a Theo es un como un observatorio al alma de todos aquellos que recurren al arte sinceramente, como medio de expresión, sean genios o no. Comienza con una misiva fechada en Londres, el 20 de julio de 1873. Van Gogh tenía entonces veinte años:

       El arte inglés no me atraía mucho al principio, hay que acostumbrarse a él. Hay no obstante, aquí, pintores hábiles: entre otros, Millais, que ha hecho el Hugonote, Ofelia, etc., que tú debes ciertamente conocer por los grabados: es muy bueno.


      Lo que sigue son fragmentos de cartas extraídas del libro. Llevan el lugar y fecha en que fueron escritas.

      Wasmes, junio de 1879:
       No conozco mejor definición de la palabra arte que ésta: «El arte es el hombre agregado a la naturaleza»; la naturaleza, la realidad, la verdad, pero con un significado, con una concepción, con un carácter, que el artista hace resaltar, y a los cuales da expresión, «que redime», que desenreda, libera, ilumina.

      Un cuadro de Mauve o de Maris o de Israels dice más y más claramente que la misma naturaleza.


      Wasmes, julio de 1880:
       (…)
      Ahora, ¿qué hay que hacer, debo considerarme como un hombre peligroso e incapaz de cualquier cosa? No lo creo. Pero se trata de sacar por todos los medios de estas pasiones un buen partido. Por ejemplo, para mencionar una pasión entre otras, tengo una pasión más o menos irresistible por los libros y tengo necesidad de comer mi pan.
      (…)
      He estudiado más o menos seriamente los libros a mi alcance, como la Biblia y la Revolución Francesa de Michelet, y el invierno pasado, Shakespeare y un poco de Víctor Hugo y Dikens y Beecher Stowe y últimamente Esquilo y después algunos otros, menos clásicos, varios grandes pequeños maestros. Sabes muy bien que en esta categoría se encuentran Fabritius o Bida.

      Así, cuando uno vive absorbido por todo esto, algunas veces resulta enojoso, fastidioso para otros y, sin quererlo, más o menos peca contra ciertas formas y usos y conveniencias sociales.


      
      Cuesmes, 20 de agosto de 1880:
       (…). Espera, tal vez llegues a ver que yo también soy un trabajador, y aunque yo no sepa por anticipado cuáles sean mis posibilidades, sigo a la espera de hacer algún bosquejo donde podría haber algo de humano. Pero primero es necesario dibujar los Bargue y hacer otras cosas más o menos espinosas. El camino es estrecho, la puerta es estrecha y pocos la encuentran.

   
      La Haya, abril de 1882:
       (…)
      Mauve me reprocha haber dicho: «yo soy un artista», pero no me retracto, porque es evidente que la palabra lleva implícita la significación de: «buscar siempre sin encontrar jamás la perfección». Es precisamente lo contrario de: «ya lo sé, ya lo he encontrado».
      (…)
      Por lo que puedo darme cuenta, no son los peores pintores los que están a veces una semana o quince días sin poder trabajar. Hay algo que lo explica, son precisamente aquéllos «que se juegan en el arte hasta su pellejo», como dice Millet. Esto no es un impedimento, y a mi parecer es necesario cuidarse cuando hace falta. Si durante algún tiempo uno está agotado, pues se repone y descansa, y así gana que los estudios se cosechen igual que el trigo o el heno del labriego. En cuanto a mí, no pienso por el momento en descansar.
   


Paul Gaugui
      Arlés, febrero de 1888:
       (…)
      He recibido una carta de Gauguin, que dice que ha estado enfermo en cama durante 15 días. Que está sin dinero, porque ha tenido que pagar deudas ineludibles. Que desea saber si le has vendido algo; pero que no se atreve a escribirte por temor de molestarte. Que está de tal modo necesitado de ganar un poco de dinero, que está resuelto a rebajar aún el precio de los cuadros…
      (…)
      El pobre Gauguin no tiene suerte; temo mucho que en su caso la convalecencia sea todavía más larga que los quince días que ha debido pasar en el lecho.
      ¡Válgame Dios, cuándo saldrá por fin una generación de artistas que tengan sanos los cuerpos!



       Arlés, marzo de 1888:
       (…)
      Estoy leyendo Pedro y Juan de Guy de Maupassant; es muy bello, ¿has leído el prefacio, explicando la libertad que tiene el artista de exagerar, de crear una naturaleza más bella, más simple, más consoladora en una novela, después explicando lo que tal vez quisiera exactamente significar la frase de Flaubert: el talento es una larga paciencia, y la originalidad un esfuerzo de voluntad y de observación intensas?


      Arlés, junio de 1888:
       (…)
      Después de la crisis que he pasado viviendo aquí, ya no puedo hacer jamás ni planes ni nada; ahora me encuentro decididamente mejor de salud; pero la esperanza, el deseo de triunfar están quebrantados y trabajo por necesidad, por no sufrir tanto moralmente, para distraerme.


      
      Saint-Rémy, mayo de 1889:
       (…)
      Pero no te engaño, el miedo de la locura se me pasa considerablemente viendo de cerca a aquéllos que ya andan aquejados, con la misma facilidad con que luego pueda aquejarme a mí, puedo a continuación estarlo muy fácilmente.

      Antes estos seres me repugnaban y era algo desolador para mí pensar que tanta gente de nuestro oficio: Troyon, Marchal, Méryon, Jundt, Maris, Monticelli y un montón más, habían terminado así. No podía ni siquiera representármelos en lo más mínimo, en este estado. ¡Pues bien!... ahora pienso en todo esto sin temor; es decir, que no lo encuentro más atroz que si estas personas hubieran muerto de otra cosa, de la tisis o de la sífilis, por ejemplo. A estos artistas los veo recobrar su porte sereno y ¿crees que sea poca cosa volver a encontrar a los antiguos del oficio? Eso es lo que me reconforta tan profundamente.


     

Saint-Rémy, abril de 1889:
       (…)
      Hazme el favor de rogar al señor Aurier que no escriba más artículos sobre mi pintura; dile con insistencia que, para empezar, sus chismes sobre mí se engañan, puesto que realmente me siento demasiado entristecido para poder enfrentarme a la publicidad. Hacer cuadros me distrae; pero si oigo hablar de ellos, me causa una pena que él no sabe…


       Auvers-sur Oise, 29 de julio de 1890:
        (Este es el comienzo de la última carta de Vincent van Gogh a su hermano Theo. La llevaba encima cuando se pegó un tiro en el pecho).

       Mi querido hermano:

    Gracias por tu buena carta y el billete de 50 francos que contenía. Ya que esto va bien, que es lo principal, ¿por qué insistiré sobre cosas de menor importancia? ¡a fe mía!... antes de que haya oportunidad de hablar de asuntos con la cabeza más reposada, pasará probablemente mucho tiempo.

     
      Seis meses después moría Theo. Los dos hermanos están enterrados uno al lado del otro, en Auvers-sur-Oise.





jueves, 2 de octubre de 2014

¿Cuál debería ser el precio de nuestras obras?

Hace unos días me llegó un artículo sobre una autora y su experiencia con la piratería. Me sentí bastante identificada con lo que contaba, pero no tenía tiempo de escribir sobre ello, así que solo hice un breve comentario en Google+ que os reproduzco:
Esta es una de las razones por las que no pienso rebajar el precio de mis libros electrónicos. Me siento especialmente identificada con la situación personal de esta autora... y lo que más lamento es que la gran mayoría de escritores parecen haberse resignado. Supongo que no podemos luchar contra la piratería, pero si aceptamos trabajar gratis, solo nos espera la esclavitud. Puede que para algunos escribir sea un hobby. Nadie espera que le paguen por dedicarse a su hobby favorito. Para mí no lo es, para mí es un trabajo muy serio y sacrificado. Y el que no quiera pagar por ello, posiblemente sea porque no valora la cultura como debería. Prefiero no tenerlo como lector.
Comentarios posteriores con Alberto me hicieron reflexionar: ¿cuánto pagaría yo por leer un libro? Bien, creo que todo depende del interés que tenga en ese libro. Si es un incunable que llevo buscando años, no me importará pagar 30 euros. Y pagaría más por una edición ilustrada de 1960 de El Señor de los Anillos firmado por el autor, por poner un ejemplo. En ese sentido tengo espíritu de coleccionista, igual que para la música.

Aquí estamos hablando de escritores indies, desconocidos para el público. ¿Eso significa que para vender nuestra obra tenemos que tirar los precios? ¿Ponerlos a 1 euro, como lo que pagas a un gorrilla en un aparcamiento siendo generoso? ¿Como lo que pagas por la descarga de una canción inédita en iTunes? ¿Como un paquete de pañuelos a alguien que se te aproxima en un semáforo?

Cada día que pasa tengo más la sensación de que yo soy la única que piensa así. ¿Así cómo? Pues que me niego rotundamente a vender por un mísero euro una descarga electrónica de mi libro, que consta de más de cuatrocientas páginas, me ha llevado más de diez años de trabajo, lo he tenido que escribir a ordenador, maquetar, buscarme la vida para hacer yo sola la portada... y además ya se lo he dejado leer gratis a otras personas (algunas también escritores) que me han dicho que está muy bien. Es que mi mente no lo concibe. No entiendo por qué nosotros como autores tenemos que vender nuestra obra a 1 euro por ejemplar cuando tú le pides a alguien que te traduzca tu libro y te pide 1000 euros, o le pides a alguien que te haga la portada y te pide 200. O resulta que una compañera canadiense escritora y bloguera va a recibir 1700 dólares al mes... ¡por publicar en cinco blogs! ¿Somos tontos o qué? ¿No es el contenido de un libro lo más importante? ¿Mucho más que la portada? ¿No es mucho más complicado escribir un libro que traducirlo? Esto lo sé por experiencia: lo es. Pero por alguna extraña razón seguimos pensando que nuestro trabajo no vale nada, o que tenemos que pagar a no sé cuántos intermediarios antes de ver publicado nuestro libro como si les debiéramos la vida a ellos, cuando son ellos los que están trabajando gracias a nosotros. ¿No es todo una inmensa contradicción?


Bien, ¿cuánto pagaría yo por la obra de un escritor indie que no conozco de nada? Seguro que mucho más de lo que piensan ahora mismo la mayoría de nuestros lectores. ¿Que tiene poca experiencia y a lo mejor no me gusta lo que he comprado? Eso también nos pasa con otras cosas que compramos. ¿O es que nadie se ha arriesgado a comprar un disco solo por la portada o porque alguien se lo recomendó y luego le dieron ganas de lanzarlo por la ventana? ¿Y por eso escribimos a la compañía exigiendo la devolución de nuestro dinero? No, porque te guste o no, es un trabajo de todas formas. Ni siquiera los peluqueros aprendices se rebajan tanto como para cobrarte 1 euro por sus dos horas de trabajo, mientras tú temes salir de la peluquería con el pelo verde por haber querido ahorrarte la mitad de dinero. Cobran un mínimo que es lo que se considera digno (o, al menos, así debería ser considerado, porque en estos tiempos casi nadie cobra un salario digno).

¿O es que acaso la obra de un autor de prestigio nos garantiza que nos va a gustar y por eso no nos importa pagar mucho más? ¿Soy también la única que piensa que Cien años de soledad es un rollo infumable?

*Suspiro* Sé que es un tema muy complicado y me enerva, no puedo remediarlo. Porque sí, no hago más leer que el mercado de la cultura tiene que transformarse, y que el futuro está en los libros electrónicos, pero es imposible luchar contra la piratería y tampoco creo que ese sea el principal problema. La impresión que tengo es que la cultura ha dejado de tener valor. No se valora el esfuerzo que hay detrás de la creación de algo, sea un libro, un cuadro (de los buenos, no de los de ARCO), o un vídeojuego. Todo es consumir y consumir, cuanto más rápido mejor. Antes te pasabas tres meses leyendo un libro y te deleitabas con él, las horas muertas transcurrían frente a ti rodeado de esos personajes que el autor había conseguido dibujar en tu imaginación. Aún recuerdo cómo tuve que ahorrar poquito a poquito para poder comprarme Las Dos Torres, temiendo que se agotara en la librería, deseando que Frodo y los demás hobbits no continuaran su viaje sin mí. Ahora somos como mis sobrinos en Navidad: le quitas el envoltorio a un regalo, ni siquiera te sientas un minuto para ver qué es, y ya quieres otro, y otro, y otro... total, no valen nada. Es como los libros electrónicos en internet: es como que caen del cielo, los autores los regalan, y da igual si te interesan o no, si los acabas leyendo o no... ¡si son gratis, a por ellos!

sábado, 27 de septiembre de 2014

"La yerba prodigiosa" de Mª Jesus Quesada


Novela bien estructurada en su ritmo en toda su extensión, que mantiene en vilo al lector hasta el final. Buena ambientación histórica y descripciones precisas de lugares y personas que hacen la lectura amena y enganchan a la historia que cuenta.

La Yerba ProdigiosaLos personajes, muchos de ellos históricos, nos llevan al siglo XV, a la España de los Reyes Católicos, a través de unos escritos de un médico judío de la época que son descubiertos por el archivero de una catedral en la actualidad, un cura de más de noventa años. Este personaje principal me llamó la atención por lo poco común que es en la literatura. Casi siempre nos topamos con personajes jóvenes o adultos pero la vejez es casi invisible en los libros. La sociedad hoy en día aparca a los ancianos como objetos sin valor y en este libro ocurre lo contrario. Muestra al protagonista que a pesar de tener más de noventa años y estar enfermo, es un hombre de grandes conocimientos adquiridos a lo largo de su existencia. Con él hace también un repaso del siglo XX al explicar la vida del cura desde la infancia y a lo largo de los capítulos el lector siente que ese conocimiento adquirido en toda una vida se pueda perder si desaparece. El otro protagonista, un joven que lo ayudará a desentrañar el misterio de la Yerba Prodigiosa es el contrapunto al cura nonagenario,  y será también el depositario de la semilla del conocimiento que plantará el anciano. Podría hablarse de una relación abuelo-nieto por la diferencia de edad entre las dos generaciones. Los dos, a través de los documentos encontrados por casualidad por el anciano,  irán desentrañando el misterio de una conjura a gran escala entre las religiones católica y judía contra la musulmana en el siglo XV, y de una traición que cambiará el rumbo de la historia y terminará con la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos.

Para los que sigan la serie que emite la televisión sobre éstos, podrán poner cara a muchos de los personajes históricos de la novela que aparecen también en la pantalla.

Personajes muy logrados y buenas descripciones de la villa en la que narra los sucesos, que es otro personaje más de la novela al esconder muchas pistas en sus edificios y al describir una ciudad de provincias que fue centro de la historia y se vino a menos.

Buena novela y bien escrita, el texto está cuidado, sin errores mecanográficos ni gramaticales. Un ejemplo de que se pueden encontrar buenas obras de autores desconocidos.

   Quien desee comprar esta novela podrá hacerlo aquí

jueves, 25 de septiembre de 2014



UN COMIENZO COMO CUALQUIER OTRO


Había una vez una chica que le costaba mucho hacer amigos. Durante años se sintió sola en ese aspecto.
De pronto se topó por casualidad con un foro de una telenovela que a ella le gustaba mucho. Allí hizo grandes amigas, aunque cada una en partes del mundo distintas y eso hacía que aún quedasen restos de esa soledad que sentía.
Algunas de estas amigas que había conocido eran lectoras empedernidas de novela romántica, esta chica nunca había leído ninguna, desconocía ese género y ellas la animaron a hacerlo.

Desde ese día, hace ya muchos años, no pudo parar de leer. En cuanto cerraba el libro, los engranajes de su mente comenzaban a trazar la continuidad de la historia por donde la había dejado mientras hacía cualquier otra cosa. Después las historias casi nunca seguían el rumbo que ella imaginaba. No obstante, los libros la hacían correr grandes aventuras desde el sillón de su casa y mitigaban la abstinencia de su corazón.

Un buen día, decidió escribir las historias tal y como las vislumbraba en su mente a ver qué pasaba. No he comentado que esta chica adoraba escribir desde que era muy joven, así que proponerse una novela romántica fue divertido, emocionante, estimulante y sobretodo gratificante. A sus amigas les gustó y eso la animó a seguir escribiendo.

Con la ayuda de su familia consiguió realizar el sueño de publicar sus libros. Esto le permitió conocer gente nueva, amigas y amigos nuevos que también fueron calando poco a poco en su corazón para poder seguir llenando ese pequeño hueco que siempre reservó para la amistad.

jueves, 28 de agosto de 2014

La senda hacia una literatura pancromática

A menudo tanto escritores como lectores discuten acerca del camino que debería emprender la buena literatura, olvidando que la buena literatura debería encaminarse por múltiples y variadas sendas, tantas como buenos o regulares lectores potenciales hubiese. Ya estemos hablando de una literatura más emocional o reflexiva, ésta debe tener bien claro a quién va dirigida, pues la literatura es o debería ser algo más que puro entretenimiento, algo más que una intento de evasión de esa gran cárcel que a menudo es la vida real. La buena literatura también es una gran escuela emocional e intelectual, una escuela donde se aprende de la mejor manera posible: viviendo otras vidas como si fuesen las nuestras, es decir,  jugando, pero haciéndolo con esa misma seriedad que decía Nietzsche que lo hacíamos cuando éramos niños -jugar debe aquí entenderse en el sentido amplio de la palabra, en ese sentido que posee el verbo "to play" inglés o el alemán "spielen", verbos que también indican una cierta representación o asunción de un rol de manera lúdica-.

  Y como en toda escuela hay niveles, en la literatura necesariamente ha acabado sucediendo lo mismo. Contamos con literatura para más y menos adultos, para más y menos intelectuales, para quien haya madurado más y menos a nivel emocional... amén de una literatura más dirigida a los hombres y otra más a las mujeres, e incluso para la complicadísima categoría de "para todos los públicos". 

  Nuestro deber como escritores es dotar a la literatura de esa gran diversidad y alejarnos en la medida de lo posible de esa homogeneidad "unisex" y estadística que propone la mayor parte de la industria editorial, la cual toma al conjunto de lectores como una masa demasiado aglutinada que no conviene poner a levedar, una literatura que no profundiza en ninguna senda, y que deseando llegar a todos no acaba nunca de calar realmente en nadie, una literatura que se lee casi tan rápido como se olvida, una literatura de metro, de sala de espera. Obviamente esta literatura de consumo tampoco tiene en sí nada de malo, el problema es la sobreabundancia hiperplásica de esta clase de escritores y lectores que padece nuestra sociedad.  Es como si muchos de sus miembros se hubiesen conformado con haber llegado a los últimos cursos de primaria o a los primeros de secundaria de esa gran escuela emocional e intelectual que es la vida, desdeñando las emociones más puras, a los mejores intelectos, ciertas utopías y algunos de sus más interesantes atavismos.

  Sin embargo, si además de entretener deseamos inmiscuirnos o participar en ese pequeño grupo que trata desde diferentes ámbitos y con diversos medios y métodos de tratar de mejorar a esta sociedad tan necesitada de remedios, vamos a tener que dirigirnos a un público más amplio y de mayor amplitud de miras. Y como toda escuela comienza por el parvulario, los niños deberían ser uno de nuestros principales receptores, pues al fin y al cabo si alguien va a lograr algún día redirigir toda esta debacle, toda esta corrupción, violencia y escuela de psicopatismos y banalidades en la que se han convertido las dictaduras y cleptocracias modernas, esos serán los niños de hoy; pues si ellos no cambian, no conseguimos que cambien, habremos renunciado a los niños del mañana, encaminándonos de esta forma al abismo más profundo. Esa es una senda que personalmente me apasiona y que considero crucial; el problema es que este servidor de nadie y la vez de todos no vale mucho como docente o escritor infantil. Por lo que mi suero literario ha acabado dirigiéndose a ese grupo de jóvenes que han sido últimamente tan relegados o más de la literatura industrial como los niños: me refiero a esos jóvenes que no se conforman con quedarse anclados en los primeros cursos de la escuela secundaria de la vida, a esos que desean algún día licenciarse e incluso doctorarse en Humanidad, a esos que le resultan obsoletos los nuevos y los viejos valores, a esos que tengan tanto o más que enseñarme que yo a ellos, a esos que, al contrario que yo, tengan la actitud y aptitudes necesarias para dirigirse algún día a los niños de la manera que crean más conveniente y necesaria.

  El problema de este clase de literatura que practicamos algunos tipos como yo es el de ser considerada un tanto elitista, demasiado filosófica e incluso algo excluyente, en definitiva, una literatura para los "ya convencidos"; y siempre hay quien dice -con algo de razón- que esta clase de temas se pueden comunicar de una manera más sencilla, que llegue a más gente. Es posible -y de hecho he intentado de todos modos que así fuera-,pero pienso que ni es algo fácil ni del todo conveniente, excepto que lo que queramos sean lectores apoltronados, inanes, que no se esfuercen, que se hayan olvidado de que la vida es una ascensión dificultosa y continua por la que debemos transitar peldaño a peldaño, tropezando muchas veces, demasiadas. Supongo que el verdadero equilibrio consistiría en ofrecerle al lector un poco de lo que desea y otro tanto de lo que necesita. La mayoría de los lectores tienden hacia la molicie emocional e intelectual, desean historias cerradas, con una interpretación clara, historias de buenos muy buenos y malos muy malos, de personajes sin vacilaciones y de una pieza, historias, más que irreales, poco creíbles.

   Pero esta literatura tan homogénea actual, esa que Ianus Bröönco decía con razón que no poseía todas las notas de la escala musical, esa literatura que no aspira a ser un gran lienzo pancromático ha descuidado sobremanera tanto la vanguardia como la retaguardia; por lo que ha acabado por parecerse a un absurdo ajedrecista que no acaba de decidirse ni a atacar ni a defenderse, y acaba por concentrar todas sus piezas en el centro, haciendo de la partida algo aburrido, estático y antiestético, sin acabar de percatarse de que esa posición es además perdedora. Esa retaguardia literaria son evidentemente los niños a los que me refería antes, y la vanguardia esos jóvenes de edad o de espíritu con ganas de ir más allá, de dar un salto de madurez emocional, intelectual e instintivo a través del arte, de la literatura, la ciencia, la filosofía, lo que sea; y todos sabemos que muchos saltos individuales pueden acabar siendo un gran salto como colectivo. Por eso creo que ahora más que nunca la literatura debe convertirse en una literatura o paraliteratura pancromática, donde quepa casi de todo, donde fluya lo intelectual, lo emocional, lo visionario, lo lúdico, la fantasía, lo paraliterario, incluso lo banal en ese arroyo vital que acabe algún día desembocando en un río más amplio o incluso en un nuevo y desconocido mar, aunque a veces ese arroyo fluya subterráneo, entre cavernas; pero lo importante es que jamás deje de fluir.

  Evidentemente todos estos múltiples arroyos literarios que propongo no podrán emanar de la misma fuente creadora, será algo que deberemos hacer entre todos, una vez que dejemos de beber de esa agua embotellada de la industria, y hayamos encontrado nuestro propio manantial particular, ése con el que tratar de regalar a nuestros lectores una experiencia auténtica, honesta y sinestésica.

lunes, 25 de agosto de 2014

Comentando "Auto de fe" de Karmelo Gañán

  Hoy toca hablar de un muy buen relato que tuve el placer de leer en algún momento del año pasado, y cuya reseña en este blog era uno de mis innumerables asuntos pendientes.
AUTO DE FE   Como venía diciendo, "Auto de fe" es un magnífico relato, muy bien escrito, poseedor de un ritmo trepidante y de un inteligentísimo humor. El duelo dialéctico entre el irreverente protagonista y el secretario inquisidor es genial, la ambientación es más que solvente y el vocabulario, aunque con alguna concesión, bastante apropiado para las circunstancias descritas.
  Karmelo pertenece al cada vez más escaso grupo de escritores con fines mayoritariamente lúdicos que todavía confían y no menosprecian la inteligencia de sus lectores, y esa fe es de agradecer, o al menos yo se la agradezco.

  Todos los interesados podrán adquirir esta obra aquí

domingo, 17 de agosto de 2014

 
“Sobre esa enfermedad llamada literatura. Parte final”

“El hombre de hoy vive a alta presión, ante el peligro de la aniquilación y de la muerte, de la tortura y de la soledad. Es un hombre de situaciones extremas, ha llegado o está frente a los límites últimos de su existencia. La literatura que describe e indaga no puede ser, pues, sino una literatura de situaciones excepcionales”

Citado de: “El escritor y sus fantasmas” por Ernesto Sábato.

“No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción”

Citado de: “Cartas a un joven escritor” por Mario Vargas Llosa.

“… y salí hacia la noche, con la decisión de emborracharme hasta la inconciencia, para ello, buscaría un antro de mala muerte, –era un octubre demasiado lluvioso y apenas portaba el dinero suficiente para una botella de ron barato y nada más– así que me dirigí a la “zona roja” de la capital; donde la vida humana, las drogas duras y el alcohol adulterado, valían lo mismo…

Alumbrados por la mortecina luz del bar “Jollie Roger” y postrados sobre una mesa cubierta de quemaduras de cigarrillos, escupitajos y marcas de navaja, me encontré a Hemingway y a Bukowsky, este más ebrio que aquel. Celebraron mi llegada ruidosamente y en medio de insultos cordiales, me invitaron a unir mi botella de licor con las de ellos…

[…]

Después de un buen rato de escuchar historias de “el frente occidental”, amores de cabaret y borracheras locas, y con la certidumbre de que si me tomaba un trago más, caería de hocico al mugriento piso para no levantarme de nuevo; decidí espetar LA PREGUNTA… Las respuestas no se hicieron esperar, empezando por la del sabio Ernest:

– ¿Y de qué vas a escribir, so cabrón? Yo viví dos guerras mundiales, por decir algo…

– ¡No le hagas caso a este viejo hijueputa! ¡Un escritor de verdad, escribe sobre lo que le da la gana!... ¡LO QUE LE DA LA GANA, COÑO!

– Deja de exaltarte, Charles. Recuerda aquel asunto del hígado… Lo que te quiero decir, niño, es que, el único camino para CREAR algo que valga la pena, es sintiéndolo desde tu experiencia, tu corazón y todo lo tuyo, de forma profunda, íntima y personal… ¿De verdad crees ya que tienes “las venas” para ser escritor?...”

Citado de: “Crónica de los funerales de América” por Randy K. Ramone

Confundir “emoción” con “emocionalismo” –de caber tal término– es tan común en la literatura; como confundir “espiritualidad” con “religiosidad” en la vida diaria.

El  transmitir una “emoción real” a través de la literatura, no tiene nada que ver con el afán de los mercachifles de moralejas, que usan el sentimentalismo y la manipulación barata para “vendernos” un “producto correcto”. “Productos correctos” que le quedan bien a todo el mundo, “obras” no-censurables por sector alguno… Pongámoslo de otra forma…

Un buen día, el señor “Tengo cuarenta-mi madre me mantiene-paso rascándome las bolas todo el día”, decide hacer una gran “obra”. Entonces busca un tema, algo que esté en el tapete, que todo el mundo conozca… ¡Ya lo tiene! La trata de blancas: han habido noticias, redadas policiacas, bulla y más bulla… Justo lo que nuestro amigo –que ahora está llamando por teléfono a la universidad donde se graduó hace un siglo solicitando apoyo para un “estudio” – necesitaba. Viene un “análisis de campo”, financiado por su abnegada madre y membretado por su prestigiosa universidad. Luego una serie de entrevistas rápidas, algo de escritura mediocre, edición –para eso existen los estudiantes de filología, preferiblemente becados, ya que cobran menos– y después, la búsqueda del mecenazgo de diversas organizaciones, –gubernamentales en su mayoría– que no puedan negarse a apadrinar algo “tan importante”, un tema “tan crucial en estos tiempos”… De repente, el hombre gris, se nos volvió escritordramaturgopoetanovelista, salió en una entrevista de cuarenta segundos en la edición de medianoche del noticiero local… y su desvelada madre sonríe tristemente frente al televisor, mientras se pregunta: “¿Cuándo se conseguirá un trabajo este desgraciado?”

El oficio de escribir, aunado a la vivencia, –cosa que me parece fundamental–  junto a la honestidad con que se aborde la esencia del escritor mismo, a la hora de crear… serían, a mi parecer, elementos de sobra para transmitir una “emoción real” que sea captada por el lector… quien al final de cuentas, me guste o no, siempre será el destino de todo lo que uno haga… ¿Habrá un escritor que no quiera ser leído por persona alguna?...

Para finalizar les hablaré de mi viejo amigo Erick.

En aquellos años, –cuando éramos “compadres”– él tenía grandes aptitudes para jugar “tiro al blanco” con tres dardos y ambos vocación para beber en exceso… Era común que los jueves en la “Noche de Dianas” del bar “La Copa Rota”, llegáramos sin un centavo en los bolsillos y saliéramos totalmente ebrios, todo, gracias al talento del buen Erick con los dardos… Talento que se esfumaba cuando aparecían las chicas…

No importaba cuánto se esforzara por impresionar con su puntería a aquellas sílfides bebedoras de cerveza “light”… Inútiles eran sus intentos por demostrarle a las ninfas cocteleras, quién era ´El campeón de dardos del bar “La Copa Rota”´… El pobre bastardo, si había una mujer presente, no acertaba NI UNA SOLA VEZ…

Colegas: El centro de mi diana es escribir y mis únicos dardos son: hacerlo con honestidad y de la mejor manera posible… Los demás elementos, sean lo que sean, resultan ser meros distractores y no me interesan.

Con amor. Randall Rankin M.

 
 

sábado, 2 de agosto de 2014

Sobre esa enfermedad llamada literatura

 Sobre esa enfermedad llamada literatura.


 En el reino de la subjetividad, los gustos, formas de vivir y maneras de expresión, son tan distintos como individuos los ejerzan. Sin embargo, el arte traspasa, por mucho, las limitaciones que imponen las variedades y antecedentes de las personas que lo perciben. ¿Serán únicamente expertos en artes plásticas, las miles de personas que visitan año a año el museo de Louvre? ¿Acaso las historias de los grandes libros de todos los tiempos, sólo son disfrutadas por una reducida élite intelectual? Es necesidad y destino, salvación y condena... el arte en cualquiera de sus formas, es el alimento de la civilización y un reflejo fidedigno de sí misma.

El buen arte, pese a la obligatoria trascendencia que ha de tener para que pueda llamarse bueno, no necesariamente ha de ser popular, siendo así, tendríamos que creer que un engrudo musical indecente como "Gagnan style" -no se si lo escribí bien y prefiero a mi ignorancia intacta en ese sentido- es algo bueno, ya que lo bailan (¿?) un trillón de personas, entre ellos, varios famosos... Que por sus niveles de audiencia en sus respectivos momentos, "La Macarena" fue mejor que "Stairway to heaven" o "Green Day" fue superior a "Sex Pistols"...

martes, 29 de julio de 2014

Entradas eliminadas del blog

  Hola,

  Los lectores/as habituales del blog habréis echado en falta diversas entradas. Dichas entradas habían sido escritas por antiguos colaboradores de este espacio, y siguiendo sus deseos, nos hemos visto obligados a eliminarlas. A la mayoría de nosotros nos habría gustado conservarlas, pero los deseos de los autores de las mismas prevalecen. Ahora nos encontramos en un camino de reestructuración del blog del que considero que van a salir cosas muy interesantes.

    Gracias por leernos y disculpen las molestias que todo esto les hayan podido ocasionar.

                                                   Un saludo de tod@s l@s LetraHeridos.

domingo, 27 de julio de 2014

Micro relato "Errores del pasado" de Eva Gil Soriano



Oculto tras un cartel publicitario, Miguel esperaba a que Marta saliese de casa. No se atrevía a dar la cara, sin embargo necesitaba verla. Había soñado tantas veces con su rostro, con su cuerpo envolviendo el suyo. Aquellas cálidas noches, eran ya tan lejanas…
Había pasado los últimos tres años en la cárcel por un terrible error que no solo había acabado con su libertad sino con toda su vida. 
Tenía un negocio próspero construido a los veinte años. Una novia fabulosa que le amaba tanto como él a ella. Pensaba pedirle matrimonio en cuanto comprase una casa para ambos. Todo perdido.
Ahora ya había superado lo sucedido y no se arrepentía de haber dejado a Marta a pesar de estar enamorado de ella. No tenía el dinero para una casa, ni negocio ni nada que ofrecerle. Además, era un ex convicto, eso estaba muy mal visto. A la gente no le preocupa si eres culpable, inocente o simplemente si cometiste un error. No, la gente solo escucha que has estado en prisión y te dan la espalda.

Al fin se abrió la puerta y… allí estaba. Sus ojos del color de las avellanas tostadas, sus cejas pinceladas, su sonrisa contagiosa…  Nada había cambiado en ella.
La vio mirar en su dirección y se escondió de inmediato.

Debía de ser una alucinación, pensó Marta, pues le había parecido ver a Miguel tras ese cartel. Seguro era su imaginación que le estaba jugando una mala pasada. No podía ser él. ¿Por qué iba a estar frente a su casa? Todavía debía estar encerrado.
No obstante, caminó hacia allí. No supo por qué, pero algo tiraba de sus pies, la hacía avanzar hasta que llegó y de pronto, se llevó la mano a la garganta.
¡Era Miguel! Era real. Alzó la otra mano y le acarició la cara tiernamente mientras ríos salados rodaban por sus mejillas.
No llores, por favor imploró él.
La maravillosa sonrisa de Marta mezclada con los sollozos le desarmó. Solo había querido verla una vez, asegurase de que estaba bien, pero ahora que la tenía frente a él iba a ser muy difícil renunciar.

Miguel volvió a recordar aquella noche de juerga con sus amigos. Sin haber dormido y con unos cuantos mojitos en el cuerpo. No fue la mejor de las ideas coger el coche, no olvidaría el accidente en el que perdió la vida un anciano que paseaba a su perro y de paso, también acabó con la suya.
Necesitó ayuda psicológica durante más de un año para poder superarlo. Su negocio se vino abajo y su novia… Se vio obligado a abandonarla aunque ella no quería dejarle. Quizás solo era el deseo de castigarse a sí mismo por lo ocurrido.  Marta se merecía rehacer su vida con un hombre completo y él ya no se sentía así. Lo había arruinado todo.

Marta secó sus lágrimas y le dijo lo feliz que era al verle libre y de que estuviese allí. Miguel por su parte seguía indeciso. Le dijo que nada tenía para ofrecerle, que lo había perdido todo y se sentía vacío, ella respondió que no era cierto.
Después Marta le preguntó si todavía le amaba.
Nunca he dejado de amarte ─respondió─ tu recuerdo me daba fuerzas para continuar viviendo.
Ella estaba a punto de lanzarse a sus brazos cuando Miguel le preguntó lo mismo.
Cómo puedes dudarlo siquiera. Volveremos a empezar, construiremos esa vida con la que habíamos soñado.
Miguel le dijo que no sería fácil, pero ella insistió que nada le importaba si estaba a su lado y que juntos lograrían cualquier cosa.

Miguel no pudo contenerse por más tiempo. Acortó la distancia que los separaba y la tomó en sus brazos. Inclinó su cabeza y se apoderó de sus labios. Avasalló su boca con la pasión reprimida durante tres largos años. El pasado se hizo presente y ambos olvidaron que habían estado separados. Olvidaron los errores del pasado para empezar, a partir de ahí, una vida juntos.

lunes, 30 de junio de 2014

La visión del mundo según el lector o la teoría de colores (Parte 2: JUSTICIA)

« Todos sin excepción nacemos con un sentido primario de justicia ». Tal aseveración  podría parecer un tanto osada o precipitada, incluso pretenciosa, y sin embargo encierra algo de razón.

La justicia en su más pura y simple expresión la vemos en los niños. Veamos algunos ejemplos bastante simples y que muchos de nosotros quizá ya lo hemos visto (o incluso experimentado en los días de nuestra niñez).

Se encuentra un niño comiendo sus frituras cuando llega otro niño con una bolsa de frituras diferente al primero. El segundo niño dice al primero – ¿Me das una? –, a lo que el primero le responde al segundo – Te doy una si tú me das una –.

Llega la madre a donde sus hijos y le dice al menor – Juan, saca la basura –, a lo que Juan responde – Yo fui ayer, le toca a Pedro –.


Eso, si lo analizamos de forma objetiva, es justicia pura, sin filtro y sin condición.

Me ocuparé en hablar del niño y del adolescente, que son etapas que nosotros ya hemos dejado, y que al parecer muchos hemos olvidado.

El niño ve a blanco y negro, el adolescente a grises, ¿dichas visiones chocan? Por supuesto que si. Pongamos un ejemplo.

La madre compra un pastel para sus dos hijos, uno de seis años, el otro de catorce años. ¿Cómo se reparte el pastel?

Para el niño, cuya justicia se reduce al proceso de una PC (ceros y unos; si o no), el pastel debe repartirse en partes iguales, mitad y mitad.

Para el adolescente, que sopesa otros atenuantes, como por ejemplo la edad y la capacidad del estómago, quizás podría pensar que lo más justo sería repartirlo según el tamaño. Es decir, más para el grande, menos para el pequeño.

La madre, que no mide tamaños ni tiene procesos booleanos, podría optar por repartirlos en partes iguales, puesto que a ambos hijos los quiere igual y el pastel ha sido comprado para ellos dos.

Ante la decisión de la madre el pequeño será feliz, mientras que el mayor sentirá que la madre tiene un cierto favoritismo por el pequeño.

Volviendo al ejemplo de la madre y sus dos hijos. Los lleva al parque de diversiones donde el mayor pide permiso a su madre para ir a la montaña rusa. La madre accede. Ahora el más pequeño pide el mismo permiso. ¿Qué le responderá la madre?

El niño considera que si su hermano puede ir, él también puede.

El adolescente podría considerar que su hermano es un fastidio y siempre quiere todo lo que él tiene.

La madre por su parte, lejos de si deben o no poder hacer las mismas cosas, sabe que el pequeño no cumple con las normativas de estatura para subir a aquella atracción. Por lo cual dice al pequeño que él no puede ir.

Ante la decisión de la madre el pequeño se pondrá triste y llorará caprichosamente, mientras que el mayor sentirá que la madre al fin está siendo razonable.

La madre también podría optar por negarle el permiso a ambos, con la intención de no pretender mostrar favoritismos. Dicha decisión haría feliz al pequeño, quien llenaría sus expectativas de justicia, pero amargaría enormemente al adolescente, quien lo consideraría un atropello a sus derechos como individuo.

¿De qué nos sirve conocer esto? Pues bien, tener una comprensión más amplia de los procesos cognitivos del niño y adolescente nos permite saber ante que cosas reaccionan y de que forma podrían reaccionar. Es aquí pues donde uno puede optar por dejar un mensaje realmente profundo, una enseñanza.

Un buen ejemplo de esto es la obra del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry "EL PRINCIPITO". Este autor no sólo cautivo al público con una buena prosa, sino que insinuó su control en la comprensión del razonamiento del niño, y basado en eso, dejó grandes lecciones en su corto relato.

Aquí uno de mis fragmentos favoritos::::::::::

CAPÍTULO XXI

Fue entonces que apareció el zorro:

- Buen día - dijo el zorro.

- Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.

- Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano...

- Quién eres ? – dijo el principito. – Eres muy bonito...

- Soy un zorro – dijo el zorro.

- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste...

- No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado.

- Ah! perdón – dijo el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

- Qué significa "domesticar" ?

- No eres de aquí – dijo el zorro –, qué buscas ?

- Busco a los hombres – dijo el principito. – Qué significa "domesticar" ?

- Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. Es bien molesto ! También crían gallinas. Es su único interés. Buscas gallinas ?

- No – dijo el principito. – Busco amigos. Qué significa "domesticar" ?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."

- Crear lazos ?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...

- Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado...

- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas...

- Oh! no es en la Tierra – dijo el principito.

El zorro pareció muy intrigado:

- En otro planeta ?

- Sí.

- Hay cazadores en aquel planeta ?

- No.

- Eso es interesante ! Y gallinas ?

- No.

- Nada es perfecto – suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, mira ! Ves, allá lejos, los campos de trigo ? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste ! Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado ! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

El zorro se calló y miró largamente al principito:

- Por favor... domestícame ! – dijo.

- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domestícame !

- Qué hay que hacer ? – dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad ! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.

- Qué es un rito ? – dijo el principito.

- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

- Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.

- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.

- Claro – dijo el zorro.

- Pero vas a llorar ! – dijo el principito.

- Claro – dijo el zorro.

- Entonces no ganas nada !

- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo.

Luego agregó:

- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

El principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.

Y las rosas estaban muy incómodas.

- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y volvió con el zorro:

- Adiós – dijo...

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

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¿Cómo se aplica y se modifica aquí el sentido de Justicia? Para el niño todos son iguales (hasta que aprende lo contrario). Pueden por ejemplo llamar a todos « Amigo ». Yo solía tener este problema, todos mis "compañeros del kindergarten" eran "amigos". Sin embargo, Antoine enseña que la amistad es única y de un valor excepcional. « Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos ». Conocer esto no sólo ayuda al niño a entablar verdaderas y sanas relaciones de amistad con sus semejantes, sino que además le protege de personas indeseables.



Hasta el siguiente artículo.

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E.S.