lunes, 30 de junio de 2014

La visión del mundo según el lector o la teoría de colores (Parte 2: JUSTICIA)

« Todos sin excepción nacemos con un sentido primario de justicia ». Tal aseveración  podría parecer un tanto osada o precipitada, incluso pretenciosa, y sin embargo encierra algo de razón.

La justicia en su más pura y simple expresión la vemos en los niños. Veamos algunos ejemplos bastante simples y que muchos de nosotros quizá ya lo hemos visto (o incluso experimentado en los días de nuestra niñez).

Se encuentra un niño comiendo sus frituras cuando llega otro niño con una bolsa de frituras diferente al primero. El segundo niño dice al primero – ¿Me das una? –, a lo que el primero le responde al segundo – Te doy una si tú me das una –.

Llega la madre a donde sus hijos y le dice al menor – Juan, saca la basura –, a lo que Juan responde – Yo fui ayer, le toca a Pedro –.


Eso, si lo analizamos de forma objetiva, es justicia pura, sin filtro y sin condición.

Me ocuparé en hablar del niño y del adolescente, que son etapas que nosotros ya hemos dejado, y que al parecer muchos hemos olvidado.

El niño ve a blanco y negro, el adolescente a grises, ¿dichas visiones chocan? Por supuesto que si. Pongamos un ejemplo.

La madre compra un pastel para sus dos hijos, uno de seis años, el otro de catorce años. ¿Cómo se reparte el pastel?

Para el niño, cuya justicia se reduce al proceso de una PC (ceros y unos; si o no), el pastel debe repartirse en partes iguales, mitad y mitad.

Para el adolescente, que sopesa otros atenuantes, como por ejemplo la edad y la capacidad del estómago, quizás podría pensar que lo más justo sería repartirlo según el tamaño. Es decir, más para el grande, menos para el pequeño.

La madre, que no mide tamaños ni tiene procesos booleanos, podría optar por repartirlos en partes iguales, puesto que a ambos hijos los quiere igual y el pastel ha sido comprado para ellos dos.

Ante la decisión de la madre el pequeño será feliz, mientras que el mayor sentirá que la madre tiene un cierto favoritismo por el pequeño.

Volviendo al ejemplo de la madre y sus dos hijos. Los lleva al parque de diversiones donde el mayor pide permiso a su madre para ir a la montaña rusa. La madre accede. Ahora el más pequeño pide el mismo permiso. ¿Qué le responderá la madre?

El niño considera que si su hermano puede ir, él también puede.

El adolescente podría considerar que su hermano es un fastidio y siempre quiere todo lo que él tiene.

La madre por su parte, lejos de si deben o no poder hacer las mismas cosas, sabe que el pequeño no cumple con las normativas de estatura para subir a aquella atracción. Por lo cual dice al pequeño que él no puede ir.

Ante la decisión de la madre el pequeño se pondrá triste y llorará caprichosamente, mientras que el mayor sentirá que la madre al fin está siendo razonable.

La madre también podría optar por negarle el permiso a ambos, con la intención de no pretender mostrar favoritismos. Dicha decisión haría feliz al pequeño, quien llenaría sus expectativas de justicia, pero amargaría enormemente al adolescente, quien lo consideraría un atropello a sus derechos como individuo.

¿De qué nos sirve conocer esto? Pues bien, tener una comprensión más amplia de los procesos cognitivos del niño y adolescente nos permite saber ante que cosas reaccionan y de que forma podrían reaccionar. Es aquí pues donde uno puede optar por dejar un mensaje realmente profundo, una enseñanza.

Un buen ejemplo de esto es la obra del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry "EL PRINCIPITO". Este autor no sólo cautivo al público con una buena prosa, sino que insinuó su control en la comprensión del razonamiento del niño, y basado en eso, dejó grandes lecciones en su corto relato.

Aquí uno de mis fragmentos favoritos::::::::::

CAPÍTULO XXI

Fue entonces que apareció el zorro:

- Buen día - dijo el zorro.

- Buen día – respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio a nadie.

- Estoy aquí – dijo la voz –, bajo el manzano...

- Quién eres ? – dijo el principito. – Eres muy bonito...

- Soy un zorro – dijo el zorro.

- Ven a jugar conmigo – le propuso el principito. – Estoy tan triste...

- No puedo jugar contigo – dijo el zorro. – No estoy domesticado.

- Ah! perdón – dijo el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

- Qué significa "domesticar" ?

- No eres de aquí – dijo el zorro –, qué buscas ?

- Busco a los hombres – dijo el principito. – Qué significa "domesticar" ?

- Los hombres – dijo el zorro – tienen fusiles y cazan. Es bien molesto ! También crían gallinas. Es su único interés. Buscas gallinas ?

- No – dijo el principito. – Busco amigos. Qué significa "domesticar" ?

- Es algo demasiado olvidado – dijo el zorro. – Significa "crear lazos..."

- Crear lazos ?

- Claro – dijo el zorro. – Todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...

- Comienzo a entender - dijo el principito. – Hay una flor... creo que me ha domesticado...

- Es posible – dijo el zorro. – En la Tierra se ven todo tipo de cosas...

- Oh! no es en la Tierra – dijo el principito.

El zorro pareció muy intrigado:

- En otro planeta ?

- Sí.

- Hay cazadores en aquel planeta ?

- No.

- Eso es interesante ! Y gallinas ?

- No.

- Nada es perfecto – suspiró el zorro.

Pero el zorro volvió a su idea:

- Mi vida es monótona. Yo cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida resultará como iluminada. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los demás. Los otros pasos me hacen volver bajo tierra. Los tuyos me llamarán fuera de la madriguera, como una música. Y además, mira ! Ves, allá lejos, los campos de trigo ? Yo no como pan. El trigo para mí es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. Y eso es triste ! Pero tú tienes cabellos color de oro. Entonces será maravilloso cuando me hayas domesticado ! El trigo, que es dorado, me hará recordarte. Y me agradará el ruido del viento en el trigo...

El zorro se calló y miró largamente al principito:

- Por favor... domestícame ! – dijo.

- Me parece bien – respondió el principito -, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

- Sólo se conoce lo que uno domestica – dijo el zorro. – Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domestícame !

- Qué hay que hacer ? – dijo el principito.

- Hay que ser muy paciente – respondió el zorro. – Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente el principito regresó.

- Hubiese sido mejor regresar a la misma hora – dijo el zorro. – Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad ! Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.

- Qué es un rito ? – dijo el principito.

- Es algo también demasiado olvidado – dijo el zorro. – Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas. Mis cazadores, por ejemplo, tienen un rito. El jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Entonces el jueves es un día maravilloso ! Me voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores bailaran en cualquier momento, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se aproximó la hora de la partida:

- Ah! - dijo el zorro... - Voy a llorar.

- Es tu culpa – dijo el principito -, yo no te deseaba ningún mal pero tú quisiste que te domesticara.

- Claro – dijo el zorro.

- Pero vas a llorar ! – dijo el principito.

- Claro – dijo el zorro.

- Entonces no ganas nada !

- Sí gano –dijo el zorro – a causa del color del trigo.

Luego agregó:

- Ve y visita nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Y cuando regreses a decirme adiós, te regalaré un secreto.

El principito fue a ver nuevamente a las rosas:

- Ustedes no son de ningún modo parecidas a mi rosa, ustedes no son nada aún – les dijo. – Nadie las ha domesticado y ustedes no han domesticado a nadie. Ustedes son como era mi zorro. No era más que un zorro parecido a cien mil otros. Pero me hice amigo de él, y ahora es único en el mundo.

Y las rosas estaban muy incómodas.

- Ustedes son bellas, pero están vacías – agregó. – No se puede morir por ustedes. Seguramente, cualquiera que pase creería que mi rosa se les parece. Pero ella sola es más importante que todas ustedes, puesto que es ella a quien he regado. Puesto que es ella a quien abrigué bajo el globo. Puesto que es ella a quien protegí con la pantalla. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo las dos o tres para las mariposas). Puesto que es ella a quien escuché quejarse, o alabarse, o incluso a veces callarse. Puesto que es mi rosa.

Y volvió con el zorro:

- Adiós – dijo...

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

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¿Cómo se aplica y se modifica aquí el sentido de Justicia? Para el niño todos son iguales (hasta que aprende lo contrario). Pueden por ejemplo llamar a todos « Amigo ». Yo solía tener este problema, todos mis "compañeros del kindergarten" eran "amigos". Sin embargo, Antoine enseña que la amistad es única y de un valor excepcional. « Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos ». Conocer esto no sólo ayuda al niño a entablar verdaderas y sanas relaciones de amistad con sus semejantes, sino que además le protege de personas indeseables.



Hasta el siguiente artículo.

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E.S.

viernes, 27 de junio de 2014

La visión del mundo según el lector o la teoría de colores (Parte 1: INTRODUCCIÓN)

La visión que tiene el lector sobre el mundo que lo rodea, es tan subjetiva como mi pretensión de darle una explicación clara a dicha visión. Sin embargo, como ejercicio resulta una buena herramienta que nos ayudará a meditar y empatizar con el lector al cual vamos dirigidos, nos ayudará a swichar y hacer cambios en su modo de pensar, y por extensión nos ayudará a dejar un mensaje más allá del entretenimiento; puesto que finalmente la ficción es mero entretenimiento aun distando de si la obra es buena o no.
 
 
Con esta serie de artículos pretendo presentar mi opinión personal, estando siempre abierto a debate. Soy consciente que más de una cosa de la que diga puede no estar en lo correcto.
 
Sin más preámbulo comienzo con una breve introducción al tema.
 
Una de las inclinaciones típicas del escritor es presentar una visión del mundo según su propia apreciación de las cosas. Otra inclinación también muy común es presentar una visión cerrada de lo que es el mundo, según lo que el escritor piensa que su lector piensa.
 
Este último caso se ve muy claro en los libros dirigidos al público infantil y juvenil; en los que un escritor, que muchas veces le dobla o triplica la edad a su público, subestima la inteligencia del lector. Resultando bastante negativo, ya que el publico termina rehuyendo a tales obras. Más en esta época en la que la visión del mundo está condicionada por los medios de comunicación dominantes, televisión e internet, quienes siguen amasando las mentes de las nuevas generaciones.
 
Aquí aplico lo que yo llamo la teoría de los colores. Una teoría en la categorizamos a los lectores según los colores que pueden ver sus ojos figurativos. En entradas posteriores explicaré más ampliamente cada una de las visiones, según un catalizador, y lo que se puede llegar a hacer con ellas.
 
El niño ve las cosas “En Blanco y Negro”.
Para un niño las cosas son “Buenas” o “Malas”.
 
El Adolescente ve las cosas “A escala de Grises”
Para el adolescente hay cosas que “No son tan Buenas” y cosas que “No son tan Malas”, incluso cosas que “No son ni Buenas ni Malas”
 
El adulto ve las cosas “A todo Color”.
Para el adulto todo ocurre en virtud de la situación, de modo que no existe propiamente dicho el concepto de “Bueno” y “Malo” en un sentido estricto de la palabra, sino existen solo “Circunstancias”.
 
 
¿Por qué compararlo con lo Bueno y lo Malo? Porque finalmente es lo que nos moviliza a actuar, si algo es aceptado en la sociedad y si ese algo es beneficioso para uno mismo. En este sentido todos somos egoístas.
 
Hasta el siguiente artículo…
 
 
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E.S.

jueves, 26 de junio de 2014

Arte y percepción visual



       «Diríase que el arte corre peligro de verse ahogado por tanta palabrería. Pocas veces se nos presenta una nueva muestra que podamos aceptar como arte auténtico, y sin embargo nos vemos abrumados por una avalancha de libros, artículos, tesis doctorales, discursos, conferencias, guías, todo ello dispuesto a informarnos sobre lo que es arte y lo que no lo es, sobre qué cosa fue hecha por quién y con qué objeto. Nos atormenta la visión de un cuerpecillo delicado sometido a disección por huestes de ávidos cirujanos y analistas legos en la materia. Y nos vemos en la tentación de suponer que si la situación del arte en nuestro tiempo es insegura es porque pensamos y hablamos demasiado acerca de él.
      Es probable que tal  diagnóstico peque de superficial. Es verdad que casi todo el mundo juzga insatisfactorio este estado de cosas; pero, si indagamos con algún cuidado las causas del mismo, veremos que somos herederos de una situación cultural que es a la vez desfavorable a la creación de arte y propicia para fomentar formas de pensamiento equivocadas acerca de él.
                                        
      El delicado equilibrio de todas las potencias de una persona, lo único que le permite vivir plenamente y trabajar bien, queda alterado no sólo cuando el intelecto interfiere en la intuición, sino igualmente cuando la sensación desaloja al raciocinio. El vago tanteo no es más productivo que la ciega adhesión a las normas. El autoanálisis incontrolado puede ser dañino, pero también puede serlo el primitivismo artificial de quien se niega a entender cómo y por qué hace lo que hace.
      El hombre moderno puede, y por lo tanto debe, vivir con una autoconciencia sin precedentes. Tal vez la tarea de vivir se haya tornado más difícil, pero no hay alternativa.»
      (Arte y percepción visual, de Rudolf Arnheim).

    Puede que fuera a principios del siglo XVII cuando aquél barco francés naufragó en las costas de Australia. A la sazón, Francia e Inglaterra estaban en guerra, y el único superviviente fue capturado por los colonos ingleses y de inmediato se lo encausó.
      Nadie en aquella villa había visto nunca un francés, pero todos habían oído hablar del aspecto terrible de los franceses y de las monstruosidades de que eran capaces. Por eso a nadie le sorprendió que el francés tuviera diminutos y diabólicos ojos brillando escondidos en profundas cuencas; y tampoco le extrañó a nadie la nariz aplastada, más ancha y más fea que la de los oscuros aborígenes, y el cuerpo velludo del francés.
      En la playa, cuando descendió de la tabla de náufrago que  le había salvado la vida, no opuso resistencia, a pesar de ser un tipo de constitución fuerte, piernas cortas pero ágiles y brazos musculosos. Se rindió con elegancia, y se dejó conducir mansamente ante el tribunal.
       Durante el juicio, no salió de su garganta ni queja ni reproche; tampoco solicitó un abogado defensor conocedor de su lengua que le tradujese lo que sucedía cuando se leyó el veredicto. Subió al cadalso por su propio pie, y el verdugo quedó admirado de su sangre fría.
      El francés murió, arrostró la muerte como un caballero, como un ciudadano civilizado, lo cual le distinguió de los ignorantes salvajes desnudos ante los ojos de todos, a pesar de  su aspecto feroz.
      Lo que nunca llegaron a saber ni sospecharon aquellos colonos australianos era que habían ahorcado a la mascota del barco francés naufragado, un chimpancé al que vestían como a un marinero.


      A menudo leo en la Red la dificultad de algunos escritores para distinguir una obra literaria mala de una buena. La verdad es que no entiendo en dónde reside la dificultad. Cualquier lector acostumbrado a lecturas de calidad distingue una obra mala al primer vistazo. Sin necesidad de ser un erudito. De la misma manera, una persona de mundo habría sabido que el náufrago del relato no era un francés, ni siquiera un ser humano, sin necesidad de ser antropólogo.
      Un libro malo, porque su argumento es infumable, se presiente que es malo desde la sinopsis. Un libro malo no admite el beneficio de la duda que otorga la subjetividad. Es malo, sin paliativos. Si además de tener un argumento de triste recuerdo está pésimamente redactado, entonces es malísimo. Un libro mal redactado lo ve un buen lector medio desde el segundo párrafo, un lector metido en harina lo descubre al primer párrafo, y un sibarita de las letras, en la primera frase.
      La subjetividad queda reservada a los libros bien escritos. El libro conque empiezo esta entrada, Arte y percepción visual, es una maravillosa obra literaria que trata sobre las artes plásticas. Pero no todo el que disfruta leyendo buena literatura tiene por qué disfrutar con su lectura ni apetecerle el leerlo. Yo lo he leído porque estoy interesado en las artes plásticas.
      Un día una persona me recomendó leer a Henning Mankell, y me prestó un libro. Yo no soy amigo de las novelas policiacas; por el contrario, esta persona las tiene como lecturas predilectas. Yo le presté Samarcanda, de Amin Maalouf. A mí no me gustó Henning Mankell, y ella no tragó a Maalouf: no lo acabó. Sin embargo, los dos supimos que tanto Mankell como Maalouf son escritores brillantes, y tuvimos conciencia de los dos libros eran buenos libros, independientemente de nuestros gustos personales.

      ¿Cómo se distingue una obra de arte genial? Es difícil. Requiere una atención especial. Lo que es seguro es que si se tiene un bagaje cultural su presencia no pasa del todo desapercibida. Cuando entramos en un museo sabemos que vamos a ver obras de arte, algunas geniales; entramos predispuestos a ver obras de arte. Los museos están para eso, y sabemos que al cruzar el umbral entramos en un santuario en el cual el último de los artistas allí expuestos es el último entre los mejores. Nuestro intelecto está alerta, y favorable a la observación.
      Pero cuando salimos del museo es otra cosa; no esperamos encontrar obras de arte ignoradas desparramadas por la ciudad. Nuestros sentidos no están alerta, y nuestra sinapsis está ocupada en asuntos más mundanos. Podemos pasar delante de una escultura de Miguel Ángel sin catalogar y no darnos ni cuenta. Aunque puede que sintamos un algo. No hace mucho un violinista genial tocó de incógnito en los túneles del metro. La gente pasaba a su lado, y sólo una persona se detuvo a escucharlo. El violinista estaba fuera de contexto. El que se detuvo, probablemente un aficionado a la música, percibió algo; el violinista parecía bueno, pero eso era imposible: los buenos violinistas no tocan en los túneles del metro.
      Más pronto o más tarde, alguien se para delante de las obras de arte geniales y las considera buenas. Luego el tiempo las pone en su sitio.

      Confundir las ventas de un libro con su calidad literaria es un error, especialmente triste si los que caen en él son escritores. Ni siquiera los lectores deberían caer en él, pues va en contra de su desarrollo personal. El lector que exclusivamente lee libros destinados  al consumo jamás logrará distinguir un marinero francés de un chimpancé vestido de marinero. Y el escritor que busca sólo el beneficio económico nunca prosperará como escritor.
      Que una obra literaria de éxito no tiene de qué avergonzarse ni ser de baja calidad lo dicta el sentido común. Lo sabemos todos. No se puede hacer un silogismo con «éxito» y «baja calidad». De tan sencillo y claro resplandece que ciega. Entonces, ¿a qué viene tanta duda? Escribir por amor al arte es una expresión altruista del espíritu, que en la medida de sus posibilidades el escritor procura sea un fruto agradable al paladar de los lectores. Y a cuantos más lectores llegue, mejor.
      Un libro puede estar bien redactado, entretener y ser un éxito, y no ser una obra de calidad literaria, por muy descomunal que sea ese éxito. Un libro bien redactado puede entretener, ser un éxito y ser una obra de gran calidad literaria.
Si tenemos conciencia de que esto es así, tal vez quiere decir que probablemente sabemos distinguir una obra literaria buena de una mala. Supongo que todos lo entendemos, ¿no?

      

«Todo libro no es sino un borrador: ni aun eso, sino el borrador de un borrador. ¡Oh Tiempo, Fuerzas, Dinero y Paciencia!» (Herman Melville).




  

miércoles, 18 de junio de 2014

¡Ocre! Tomada la sal, ¡Adamo terco!

LA SAL: Un palindrama Hoy me dispongo a comentar la obra más singular que ha caído en mis manos en mucho tiempo. Se trata de "La Sal: un palindrama", una obra de teatro escrita por Javier D'Adamo, donde los personajes dialogan sirviéndose de palíndromos, es decir, que se leen igual del derecho que del revés, como el título de esta entrada, con el que he querido hacer un guiño a su autor.
  Pero ¿por qué ocre? Pues porque este es un color generalmente asociado a todo aquello artesanal (como la laboriosa construcción de este libro), y porque suele denotar una cierta nostalgia por las tradiciones, es decir, una cierta terquedad (que presumo también en el autor para poder llevar a buen puerto semejante obra), de ahí que también haya sido un color asociado con Tauro (la arena de una plaza de toros). Además, el ocre es básicamente óxido de hierro mezclado con arcilla, y el autor parece haber querido impregnar de óxido su arcilla, es decir, el lenguaje articulado de sus personajes, a los que ha obligado a dialogar con la misma rigidez que una articulación oxidada. Y este virtuosismo acaba siendo, valga la redundancia, la principal virtud, y a su vez, el principal defecto del texto.
  La obra poseé varios palíndromos de una profundidad y belleza imponderables, pero hay momentos, sobre todo hacia el principio, donde éstos parecen más bien un lastre. Pero en líneas generales la obra nos deja un poso más que notable,e incluso con ganas de volver a leer sus pasajes más brillantes.
  ¿Pero qué nos ha querido contar en el fondo el autor sirviéndose de esta curiosísima forma? En mi opinión, que cada  gran argumento poseé otro argumento contrario de igual calado, algo que viene limitado por las propias características del lenguaje, principal medio y principal obstáculo para nuestros pensamientos, algo de lo que a menudo, al igual que los protagonistas de "La sal", no parecemos percatarnos. Osea, que al fin y al cabo toda argumentación acaba siendo bastante relativa, y que depende desde dónde se mire, al igual que el 6 y el 9, podemos ver una cosa o la otra.  Algo que ejemplifica sirviéndose de dualidades arquetípicas como el Poeta y el Loco, el primero ateo-laico-social-casualista y el segundo religioso-elitista-causalista; los mendigos y los prestamistas; el amante y su amada. Y todo eso mientras el autor, al igual que Shakespeare, parece no querer tomar partido por ninguno de ellos, como si no fuese más que un mero observador desde la distancia o quisiese llevar la duda metódica al extremo, abocándonos a los lectores a un principio de incertidumbre perpetuo, y donde todas las discusiones acaban llevándonos de nuevo al comienzo.
   Por otra parte, los personajes sufren de la rigidez ferrosa de los arquetipos, algo que sin embargo en esta ocasión está justificado, pues al contrario que en el mito de la caverna platónico, en éstos no parece haber evolución, no son capaces de salir de ese mundo circular y bidimensional, estando condenados al final a volver al principio, es decir, los mendigos a seguir mendigando.

  Espero que esta obra no acabe siendo, tal y como el mismo autor ha dado a entender, la única que acabe escribiendo este virtuoso de la lengua llamado D'adamo, pues me encantaría ver cómo se desenvuelve en una obra liberada de la rigidez de este palindrama. ¿Acabaría por ser una especie de Lars von Trier liberado por fin del movimiento Dogma?

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Mi corazón en tus manos (Saga de Los Lagos, #1) de Juani Hernández


Mi corazon en tus manos (Saga de Los Lagos, #1)Es una novela romántica con mayúsculas donde puedes embriagarte de amor y disfrutarlo.
Ambientada en tierras medievales, mágicas y de fantasía, donde podemos encontrar tres parejas protagonistas.
Nicholas y Gabrielle, obligados a casarse para unir sus reinos. Él es caballeroso y complaciente y ella la inocencia en estado puro.
Erick y Claire, trataran de estar juntos a pesar de las dificultades que se les presenta. Erick, un hombre decidido y Claire una mujer con los pies sobre la tierra.
Jordan y Agatha son la pareja que más tarda en darse cuenta de que están enamorados. Ella princesa y él un simple guardia del reino. Deberán dejar atrás los prejuicios y complejos para poder estar juntos.

 La trama también contempla los problemas de la época medieval, con antagonistas deseosos de poder a cualquier precio. Rivales que no ven otra manera de arreglar las cosas que con la espada. Celos, trampas y mucho más.

Personalmente, la historia de Jordan y Agatha ha sido mi favorita pero ninguna tiene desperdicio. Es un libro que tiene mucho amor para dar. A mí me ha encantado y lo recomiendo a todas las románticas y apasionadas.

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viernes, 6 de junio de 2014

Alabando "El Gran Carnaval" de Ianus Bröönco

El Gran Carnaval¡Venecia, estimado Ianus, Venecia! ¡Qué lugar mejor que esa vieja dama para soterrar los recuerdos, para dejar que las larvas del tiempo se encarguen de ellos! ¡Qué bella y desoladora imagen de despedida desde il ponte Cavallo, sin atraverse a alzar la mano del adiós, sin dejar surgir las sílabas que diesen forma acústica a ese" farewell", a ese "afscheid" definitivo. ¡Venecia como metáfora premonitoria de una antigua belleza que no tardará en ser devorada por Neptuno, como aquel sosias suyo, Poseidón, hizo con su hija Atlántida!
¡Qué recuerdos de mi propia estancia en Venecia! ¡De mis deambulantes pasos en ese abril del año pasado, hechizado cual Stendhal por la belleza de sus palacios, pero sobre todo por esa Venecia más auténtica del Cannaregio, de esa Venecia de ropas tendidas al viento, como si no fuese más que una transición en una película de Yasujiro Ozu

¡Me ha encantado tu obra Ianus, me ha encantado! He disfrutado tu prosa como se disfruta de una fresa
silvestre, y he saboreado en ella ese dulzor teñido de acidez que tiene lo que se acerca peligrosamente a la sublimidad.

Especialmente brillantes me han parecido los Anexos XI, XIII, XVIII y XXI. ¡Hay tanta verdad en ellos! ¡Tanta! Me ha gustado cómo diseccionas en tu morgue de utopías el cadáver pestilente del Humanismo, mientras tu otro yo permanecía agazapado en la sala de espera del olvido, en esa sala de espera sin esperanza, que decía la canción de Joaquín Sabina.

¡Cuántas cosas deberían acabar en ese segundo acto, antes de que irrumpa con violencia la inevitable tragedia! Si fuésemos capaces de encontrar la profilaxis adecuada para los padecimientos del espíritu, quizás no hubiese literatura o al menos no hubiera hecho acto de presencia ese tipo de Literatura que ansiamos y estimamos los últimos decadentes.

Terminé tu libro a la una de la mañana, y a continuación escuché tu música, y sí, hay algo en ella que me recuerda a tu novela y, por supuesto, entendí el porqué de Vondelpark; pero hoy, cuando lo leí de nuevo casi por completo, y cometiendo la audacia de ponerle mi propia banda sonora, me han saltado las lágrimas. ¿Te preguntarás qué banda sonora, por supuesto? Pues utilicé como medium cinco de las diez canciones de esa obra maestra de Enrique Bunbury llamada "Las consecuencias", y tu tono y el de él me parecieron tan melancólicos y extrañamente cercanos.

Estos son los enlaces a esas canciones:

Es hora de hablar
Las consecuencias
Lo que más te gustó de mí
Frente a frente
Ella me dijo que no

Tu libro formará parte desde ahora, por derecho propio, de mi colección de recuerdos imborrables, y creo que siempre que vuelva a escuchar "Las consecuencias" me acordaré de él. No sé qué opinarás tú de semejante relación, pero si tú le concedías al lector el derecho de escribir el final, me concederás a mí que le ponga mi propia banda sonora, ni mejor ni peor que la tuya seguramente, pero mía. Pues tu obra ya no te pertenece, al igual que tampoco me pertenece a mí la mía.

Lo mejor: TODO.

Lo peor: Absolutamente nada.

                                           Una obra maestra en la paz y en sus conatos de furia.

                                             
                                                       (Fotos venecianas por Alberto Senda)


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La crisis que asola a Europa

Esta entrada ha surgido de manera accidental, fruto de una conversación entre Ianus Bröönco, Alberto Senda y Javier D'Adamo, a raíz del libro de este último, "La sal: Un palindrama"; pero a causa de una pregunta que Ianus le formuló a Javier, ha salido a relucir "la crisis que asola a Europa". Voy a dejar aquí -más visibles- dichas reflexiones, por si a alguien le pudiere interesar:

Ianus Bröönco: Me ha venido a la mente la imagen de aquellos bosques griegos del Ática donde los últimos paganos se escondían, cuando ya no era el cristianismo el que era perseguido, sino el viejo paganismo clásico.

Y en algunas ocasiones tras largas caminatas un pequeño grupo de paganos se encontraba con otro, y festejaba el encuentro recordando el viejo mundo que se extinguía, con ceremonias y cánticos a los viejos dioses.

Encontrarnos en este lugar ha sido algo similar a encontrarse en aquellos bosques del Ática.

Nuestra época guarda incluso algunos estimulantes paralelismos con aquel tiempo.

Roma como entonces vive todavía uno de sus recurrentes episodios de decadencia: escenario propicio para sátiros, meretrices y poetas del pueblo.

La única diferencia es que esta vez el enemigo que amenaza al mundo grecorromano no es ninguna mitología religiosa invasora sino un enemigo más familiar: las hordas germánicas.

Aunque esta vez al contrario de otras ocasiones no se escuche en la lejanía ni el estruendo de sus carros ni el eco de las pisadas de sus caballos, es solamente como una densa niebla que pausadamente lo va desdibujando todo.

Sólo me pregunto si alguna vez tras esa espesa niebla veremos aparecer la barca de Caronte.

PD. ¿Por cierto, Javier, cómo se percibe “del lado de allá” como diría Cortázar este dominio germánico de Europa y este declive del Mediterráneo europeo?
   
Javier D'Adamo: Leí hace un par de días un artículo de Vargas Llosa que hablaba en términos bastante desalentadores sobre los procesos que se están viviendo en Europa y también en EEUU. La preocupación la centraba en cierto progreso de las fuerzas políticas más extremistas, en el avance de una mirada menos globalizada, menos mancomunada por parte de las distintas naciones. Yo ignoro si es este el proceso que se está observando hoy día, pero comparto la preocupación por esa posibilidad. Creo que la Unión Europea es una buena cosa que debe defenderse, más allá de que pueda ser cierto que algunos países, Alemania, puedan sacar mejor provecho que otros (en todo caso hay que ver de mejorar las formas de relacionarse, pero no abandonarlas). De este lado se intentó un equivalente a la UE que fue el Mercosur, pero ni siquiera despuntó. Y realmente creo en que nuestro mundo debe apuntar siempre a la apertura a unirse, más allá de las dificultades transitorias que esto pueda acarrear. No creo que una crisis deba ser motivo para tirar todo lo bueno que se ha logrado por la borda. Tal vez digo esto también porque de este lado estamos más que acostumbrados a las crisis, una por década por lo menos. Pero muchas veces detectar un enemigo y atribuirle los males de uno es una forma ala vez sencialla y equivocada de interpretar los hechos. Más allá de todo, me parece importante no olvidar que antes que grecorromanos, germanos, sudamericanos, europeos, árabes, judíos, somos seres humanos.

Ianus Bröönco:  LA SITUACIÓN POLÍTICA EN EUROPA

Hola Javier,

Debo de contradecirte, la situación en Europa en modo alguno es un simple cuadro de simple crisis económica, es algo más complejo y terrible, que obliga de manera inevitable al uso de una terminología de confrontación.

Permíteme que te ofrezca como contrapunto un ejemplo del relato de la situación en Europa que podría ser firmado por cualquier militante de izquierdas europeo, incluso no necesariamente de origen mediterráneo:

Desde hace años la Alemania “burguesa y expansionista” (hay otra Alemania de izquierdas, ecologista y profundamente europeísta pero nunca modelará posiblemente Europa: la clase media burguesa en Alemania es mayoritaria), está practicando una nueva ofensiva uniformizante sobre el resto de Europa, de una manera sutil, camuflada dentro del paraguas legislativo de la UE (que ella ayudó a diseñar a medida, muchos se dan cuenta solamente ahora de la ingeniería sibilina que hay en el tratado de Maastricht) y con la colaboración del resto de países germánicos que han caído bajo gobiernos de derechas.

Este eje germánico de derechas (de ahí las hordas germánicas) tratan desde hace más de un lustro de imponer su “modelo” cual tirano Pisistrátida.

Un “modelo” aplicado en todos los órdenes existenciales basado en su concepción luterana del rigor, la austeridad y el sacrificio personal, de culto del individuo, bajo la doctrina calvinista de la predestinación que impulsaba al hombre a probar su valor para ganarse la salvación, de recelo de todo constructo comunitario organizado, donde el hedonismo social mediterráneo es considerado pernicioso, donde el despilfarro mediterráneo en ocios y placeres mundanos escandaliza la mentalidad germánica protestante donde el ahorro es virtud, en el que no caben paternalismos estatales como caros sistemas de bienestar social, que nunca han sido del agrado de los bolsillos de los burgueses germánicos, más partidarios del sistema darwiniano anglosajón (¡sabías que en Alemania hay 7 millones de trabajadores que viven con minijobs de 400 euros?, piénsalo la próxima vez que leas que las cifras de paro en Alemania son del 6%).

Y para poner en marcha este “modelo” han ejecutado un plan llamado “políticas de austeridad” que no es una estrategia para salir de la crisis, sino solamente una “hoja de ruta” para cambiar de paradigma, para imponer su “modelo”, y cuya ejecución afecta a todos los ciudadanos del continente.

La crisis económica mundial no ha sido más que la oportunidad ideológica de poner en marcha por parte de ese eje germánico de derechas ese “modelo”.
En un cierto sentido histórico el intento de completar la tarea moralizante que Lutero no pudo completar.

Por eso no es una simple crisis económica, es más complejo que eso: es una de las eternas batallas de la historia europea en la cual un bando trata de someter al otro (aunque también te digo que entre las élites y población del mundo mediterráneo encontrarás gente afín a ese modelo germánico, pero yo particularmente lo encuentro insatisfactorio para el hombre, he vivido 1 año en Linz y conozco bien las consecuencias e interioridades de ese modelo centroeuropeo).

Para que puedas visualizar mejor este contexto te ofrezco algunas metáforas:

¿Te imaginas que en un Mercosur que abarcase toda Sudamérica, un eje de países del norte de Sudamérica que hubiese caído en manos de gobiernos de derechas tratase de imponer su modelo económico y filosófico a los países del sur de Sudamérica, al tener secuestrada por su poder de decisión y veto la política económica de todo el continente? 

¿Te imaginas un eje de países de derechas del norte sudamericano donde por intereses de su burguesía y de su banca, no permitiesen una política económica expansiva ni permitiesen el relajamiento de las condiciones cambiarias para favorecer que las empresas del sur de Sudamérica puedan exportar al resto del mundo porque ese “euro sudamericano” que hubiera creado ese Mercosur está en una paridad 1,35/1 frente al dólar, y no se puede devaluar su cambio porque va contra los intereses de la burguesía y de la banca defendida por ese eje?

¿Te imaginas que dentro de ese Mercosur imaginario donde los estados-nación hubiesen perdido independencia política, un Brasil a causa de su mayor población y tejido empresarial sometiese intelectualmente y tuviese secuestrada la economía de Argentina, Uruguay y Chile para favorecer los intereses de su burguesía y de su banca, y se obligase además a los ciudadanos uruguayos, chilenos y argentinos con la supervisión de una rígida policía política (la troika europea) a emprender graves recortes de servicios públicos esenciales y de condiciones salariales porque hay que pagar las deudas a los bancos brasileños que han contraído empresarios y banqueros irresponsables?

¿Te puedes imaginar un Brasil que en un fin de semana hace dimitir al presidente de Chile elegido democráticamente y pone en su lugar a un tecnócrata para obedecer al “modelo” impuesto tiránicamente por ese Brasil burgués y expansionista?

Eso sucedió en Grecia e Italia (estoy deseando que pasen algunos años para ver como estas excepcionalidades históricas y estos atentados democráticos son excusados o son explicados por historiadores de todos los espectros ideológicos).

¿Imagínate un Brasil que ante unos crecientes niveles de pobreza y de desnutrición infantil en Argentina, Uruguay y Chile (busca estadísticas de España, Portugal y Grecia en este sentido) respondiese sin ningún escrúpulo que hay que seguir con el “modelo” porque es la única solución y siguiese pidiendo más bajadas de salarios a los trabajadores de Argentina, Uruguay y Chile?


Conclusión:

Como no se puede devaluar el euro frente al dólar porque daña los intereses de la gran burguesía germánica (una bajada del 15% del euro frente al dólar significa inmediatamente que ese burgués ha perdido un 15% del valor de sus ahorros en su cuenta bancaria, como le ha sucedido a la clase media rusa hace poco con la devaluación del rublo); pues entonces ese eje de gobiernos germánicos de derechas no dan otra alternativa a las empresas del sur europeo que hacer políticas de devaluación interna mediante bajada de salarios, lo cual genera un círculo vicioso negativo, porque al bajar los salarios se reduce el poder adquisitivo y así el consumo, al reducirse el consumo las empresas reducen la venta de sus productos, y tienen que despedir más trabajadores porque sus resultados son negativos, y como la cosa sigue sin mejorar y se estanca el siguiente escalón es el que justamente estamos ahora: un escenario de casi deflación, ya que las empresas como no venden por la bajada del poder adquisitivo de los trabajadores, entonces estas empresas deciden bajar el precio de sus productos, pero esta es una espiral negativa que lleva a una espiral deflacionista que nos arrastra a la larga crisis económica que Japón lleva viviendo más de 20 años y de la cual ahora trata de salir con políticas expansionistas, a golpe de imprimir masivamente dinero, porque controla su moneda, que es lo que ahora los países del sur mediterráneo se dan cuenta que ya no poseen porque el Banco central europeo está secuestrado por ese eje germánico de derechas (el carcelero que tiene todas las llaves).

Te daré una clave del creciente sentimiento antialemán (a causa de esa Alemania burguesa y expansionista) que hay en Europa: el gran tejido económico que tiene Alemania actualmente es en parte fruto de la solidaridad del resto de europeos que permitieron a Alemania resurgir económicamente tras la Segunda guerra mundial al condonarle su “deuda de guerra” que tenía que haber abonado por daños y perjuicios.

La exitosa Alemania moderna surge de un acto de solidaridad europea.

Por eso es tan grave, y la memoria de muchos ciudadanos europeos no lo olvidará fácilmente, que cuando Alemania ha tenido que demostrar ahora su solidaridad en la actual crisis económica, esta Alemania burguesa y expansionista ha demostrado su insolidaridad, solamente se ha preocupado de los intereses de su banca y de sus élites y ha actuado de una forma miserable e implacable de matón del Chicago de los años 20 para cobrar esas deudas a los países periféricos del sur mediterráneo (deudas que los propios bancos alemanes ayudaron a crear con unas políticas bancarias de fomento de todo tipo de burbujas de crédito, con la connivencia de las élites empresariales irresponsables y corruptas de los países mediterráneos, otro clásico).

Esta Alemania burguesa y expansionista con su insolidaridad y su tiranía ha fomentado el nacimiento de tres o cuatro generaciones de antieuropeos que retrasará mortalmente la necesaria unificación política de Europa, para impedir en el futuro que un eje ideológico como este eje germánico neoliberal ponga en jaque y obstaculice políticas de solidaridad europeas necesarias cada vez que aparezcan de nuevo tiempos de crisis.

El aumento de las fuerzas extremistas en Europa en las recientes elecciones europeas no es principalmente el resultado de los estragos de la crisis económica.
En el contexto europeo ha de leerse principalmente como la sublevación popular a ese secuestro de la política europea por parte de ese eje germánico neoliberal, que bien merecen la comparación con aquellas viejas hordas germánicas, ególatras y de corazones fríos.

 
Creéme, Javier, no es una crisis económica lo que se está viviendo en Europa: es una tiranía opresiva, la cruel imposición de un “modelo” por parte de un eje ideológico.

Tan sencillo como crear un Tesoro Europeo para acabar con la crisis eterna de deuda pública, tan sencillo como hacer políticas expansivas monetarias o poner el euro en paridad 1/1 con el dólar para que las empresas europeas puedan aumentar sus exportaciones al resto del mundo, sin tener que realizar políticas de devaluación nacionales mediante rebajas de salarios, que son políticas empobrecedoras.

Ninguna de estas medidas se tomará por ahora.
Aunque el susto de las elecciones europeas con el auge de los extremismos antieuropeos hará que el eje neoliberal germánico le dé un poco de oxigeno al enfermo, como hemos visto hoy con las medidas monetarias aprobadas por el BCE.

¿Te suena de algo la doctrina del shock?

En Europa hay un eje neoliberal germánico que bajo la doctrina del shock y aprovechando la debilidad de la socialdemocracia y esa eterna construcción política de Europa han tomado como rehenes al resto de países europeos, y están tratando de hacer transitar a Europa de un Capitalismo Social a un capitalismo protestante de rigor e individualismo, donde el paternalismo, el hedonismo social y el comunitarismo mediterráneo pasen al lugar de lo proscrito.

Lo que sucede es que hay dos relatos, el que cuenta la derecha mediática y política europea, cómplice de la puesta en marcha en Europa de este nuevo paradigma.
Y después está el relato de la izquierda mediática y política europea, que hay ocasiones que se deja sentir menos fuerte que el otro.

Dicho todo esto, digo también que este acaso no es más que el relato de un joven de izquierdas posiblemente equivocado, y la verdad quizás sea la de ellos y en el fondo siempre hemos estado altivamente errados y los bárbaros siempre fuimos nosotros...
 

lunes, 2 de junio de 2014

El punto crucial

Front Cover  Hoy voy a recomendar un libro, pero esta vez ni será un libro indie ni de literatura. Se trata de "El punto Crucial" (The turning point), del heterodoxo y multidisciplinar físico cuántico Fritjof Capra.
  Descubrí a este gran científico hará ya unos 15 o 16 años en uno de esos rastrillos de libros de segunda mano. En aquella época estaba muy interesado en la física cuántica, en las hipótesis de James Lovelock acerca de nuestro planeta como gran superorganismo y por el misticismo oriental en general y por el taoísmo en particular, y ya había empezado a vislumbrar alguna que otra conexión entre esas disciplinas tan aparentemente dispares. Por eso, cuando me encontré con un libro de tapas blancas, bastante bien cuidado, donde resaltaba el título "El tao de la física", me abalancé hacia él como un poseso. Más tarde, supe que precisamente James Lovelock adoraba ese libro.
   Su lectura me cautivó, y donde yo había empezado a vislumbrar ciertas conexiones, Capra las ampliaba hasta límites insospechados y las explicaba con una claridad meridiana, y además citaba y respetaba a un autor que yo estaba, más que leyendo, devorando en aquel momento: Carlos Castaneda. (¡Cómo me hubiese gustado ver "Las enseñanzas de don Juan" de Tarkovski! Pero desgraciadamente el cáncer y la muerte le frustraron tan ansiado proyecto).
  Poco a poco me fui haciendo con más libros de su autor: "La trama de la vida", "Sabiduría insólita", "La ciencia de Leonardo", "Conexiones ocultas", hasta que por fin conseguí "El punto crucial", que llevaba tiempo descatalogado y que el propio Capra lo consideraba su libro más importante. Se trata de una obra escrita hace ya más de 30 años, pero aun así, su actualidad sigue siendo máxima, incluso ahora más, si cabe. El texto que aparece en la contraportada del ejemplar que yo tengo explica muy bien las intenciones del libro:
  "La dinámica en la que reposan los problemas más importantes de nuestro tiempo -cáncer, crimen, contaminación, energía nuclear, inflacción, agotamiento de recursos- es la misma. Hemos llegado a un momento de cambio dramático y potencialmente peligroso, un punto crucial para el planeta en su totalidad. Necesitamos una nueva visión de la realidad que permita a las fuerzas transformadoras de nuestro mundo fluir unidas, como un movimiento positivo para el cambio social".

   Ese cambio del que habla Capra se antoja más necesario ahora que nunca, y para lograrlo nos insta a abandonar en cierta medida el excesivo uso del pensamiento cartesiano-patriarcal, en todas las disciplinas, desde la física hasta la economía, pasando por la medicina, psicología..., para dar paso a modelos de pensamiento más holísticos y matriarcales, y así alejarnos de la obsesión por la competencia darwiniana y acercarnos a los nuevos modelos simbióticos de la genial Lynn Margulis (para quien no conozca a esta grandísima bióloga, decir que fue esposa del también brillante -pero menos- Carl Sagan).
  Sin negarle los méritos al pensamiento cartesiano-patriarcal, Capra nos dice que como sociedad hemos caído en el típico y ya clásico error occidental: "pensar que si una cosa es buena, más de lo mismo es mejor". Esto, los antiguos chinos, sabían muy bien que no era así, de hecho en su Wu Xing (de largo la mejor y más completa explicación del mundo que conozco), los cinco reinos mutantes tienen que estar armonizados para que todo fluya con normalidad, ésa es la llamada Pentacoordinación de sus cinco elementos; a saber: Tierra, Metal, Agua, Madera y Fuego. Y nuestra sociedad,  invadida por un clarísimo exceso de yang que ha debilitado sobremanera a los movimientos más puramente yin, como son el Agua y la Tierra, dista mucho de estar armonizada.