viernes, 6 de junio de 2014

Alabando "El Gran Carnaval" de Ianus Bröönco

El Gran Carnaval¡Venecia, estimado Ianus, Venecia! ¡Qué lugar mejor que esa vieja dama para soterrar los recuerdos, para dejar que las larvas del tiempo se encarguen de ellos! ¡Qué bella y desoladora imagen de despedida desde il ponte Cavallo, sin atraverse a alzar la mano del adiós, sin dejar surgir las sílabas que diesen forma acústica a ese" farewell", a ese "afscheid" definitivo. ¡Venecia como metáfora premonitoria de una antigua belleza que no tardará en ser devorada por Neptuno, como aquel sosias suyo, Poseidón, hizo con su hija Atlántida!
¡Qué recuerdos de mi propia estancia en Venecia! ¡De mis deambulantes pasos en ese abril del año pasado, hechizado cual Stendhal por la belleza de sus palacios, pero sobre todo por esa Venecia más auténtica del Cannaregio, de esa Venecia de ropas tendidas al viento, como si no fuese más que una transición en una película de Yasujiro Ozu

¡Me ha encantado tu obra Ianus, me ha encantado! He disfrutado tu prosa como se disfruta de una fresa
silvestre, y he saboreado en ella ese dulzor teñido de acidez que tiene lo que se acerca peligrosamente a la sublimidad.

Especialmente brillantes me han parecido los Anexos XI, XIII, XVIII y XXI. ¡Hay tanta verdad en ellos! ¡Tanta! Me ha gustado cómo diseccionas en tu morgue de utopías el cadáver pestilente del Humanismo, mientras tu otro yo permanecía agazapado en la sala de espera del olvido, en esa sala de espera sin esperanza, que decía la canción de Joaquín Sabina.

¡Cuántas cosas deberían acabar en ese segundo acto, antes de que irrumpa con violencia la inevitable tragedia! Si fuésemos capaces de encontrar la profilaxis adecuada para los padecimientos del espíritu, quizás no hubiese literatura o al menos no hubiera hecho acto de presencia ese tipo de Literatura que ansiamos y estimamos los últimos decadentes.

Terminé tu libro a la una de la mañana, y a continuación escuché tu música, y sí, hay algo en ella que me recuerda a tu novela y, por supuesto, entendí el porqué de Vondelpark; pero hoy, cuando lo leí de nuevo casi por completo, y cometiendo la audacia de ponerle mi propia banda sonora, me han saltado las lágrimas. ¿Te preguntarás qué banda sonora, por supuesto? Pues utilicé como medium cinco de las diez canciones de esa obra maestra de Enrique Bunbury llamada "Las consecuencias", y tu tono y el de él me parecieron tan melancólicos y extrañamente cercanos.

Estos son los enlaces a esas canciones:

Es hora de hablar
Las consecuencias
Lo que más te gustó de mí
Frente a frente
Ella me dijo que no

Tu libro formará parte desde ahora, por derecho propio, de mi colección de recuerdos imborrables, y creo que siempre que vuelva a escuchar "Las consecuencias" me acordaré de él. No sé qué opinarás tú de semejante relación, pero si tú le concedías al lector el derecho de escribir el final, me concederás a mí que le ponga mi propia banda sonora, ni mejor ni peor que la tuya seguramente, pero mía. Pues tu obra ya no te pertenece, al igual que tampoco me pertenece a mí la mía.

Lo mejor: TODO.

Lo peor: Absolutamente nada.

                                           Una obra maestra en la paz y en sus conatos de furia.

                                             
                                                       (Fotos venecianas por Alberto Senda)


   Todos los interesados podrán comprar este libro aquí


8 comentarios:

  1. Decididamente, será mi primera lectura amazónica.

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  2. Alberto me dejaste con ganas de leerlo. Qué entusiasmo jeje. Tengo unos cuantos en lista, pero anotaré este también.

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  3. no me quedan dudas sque navegare, viviré, existiré en tu libro, nuevo amigo,


    JanettCamps

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    1. Me alegra saber que te servirá, nueva amiga.

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  4. Parece que alguien ha encontrado su lector ideal. Buena suerte Ianus, y que sean muchos más.

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