jueves, 28 de agosto de 2014

La senda hacia una literatura pancromática

A menudo tanto escritores como lectores discuten acerca del camino que debería emprender la buena literatura, olvidando que la buena literatura debería encaminarse por múltiples y variadas sendas, tantas como buenos o regulares lectores potenciales hubiese. Ya estemos hablando de una literatura más emocional o reflexiva, ésta debe tener bien claro a quién va dirigida, pues la literatura es o debería ser algo más que puro entretenimiento, algo más que una intento de evasión de esa gran cárcel que a menudo es la vida real. La buena literatura también es una gran escuela emocional e intelectual, una escuela donde se aprende de la mejor manera posible: viviendo otras vidas como si fuesen las nuestras, es decir,  jugando, pero haciéndolo con esa misma seriedad que decía Nietzsche que lo hacíamos cuando éramos niños -jugar debe aquí entenderse en el sentido amplio de la palabra, en ese sentido que posee el verbo "to play" inglés o el alemán "spielen", verbos que también indican una cierta representación o asunción de un rol de manera lúdica-.

  Y como en toda escuela hay niveles, en la literatura necesariamente ha acabado sucediendo lo mismo. Contamos con literatura para más y menos adultos, para más y menos intelectuales, para quien haya madurado más y menos a nivel emocional... amén de una literatura más dirigida a los hombres y otra más a las mujeres, e incluso para la complicadísima categoría de "para todos los públicos". 

  Nuestro deber como escritores es dotar a la literatura de esa gran diversidad y alejarnos en la medida de lo posible de esa homogeneidad "unisex" y estadística que propone la mayor parte de la industria editorial, la cual toma al conjunto de lectores como una masa demasiado aglutinada que no conviene poner a levedar, una literatura que no profundiza en ninguna senda, y que deseando llegar a todos no acaba nunca de calar realmente en nadie, una literatura que se lee casi tan rápido como se olvida, una literatura de metro, de sala de espera. Obviamente esta literatura de consumo tampoco tiene en sí nada de malo, el problema es la sobreabundancia hiperplásica de esta clase de escritores y lectores que padece nuestra sociedad.  Es como si muchos de sus miembros se hubiesen conformado con haber llegado a los últimos cursos de primaria o a los primeros de secundaria de esa gran escuela emocional e intelectual que es la vida, desdeñando las emociones más puras, a los mejores intelectos, ciertas utopías y algunos de sus más interesantes atavismos.

  Sin embargo, si además de entretener deseamos inmiscuirnos o participar en ese pequeño grupo que trata desde diferentes ámbitos y con diversos medios y métodos de tratar de mejorar a esta sociedad tan necesitada de remedios, vamos a tener que dirigirnos a un público más amplio y de mayor amplitud de miras. Y como toda escuela comienza por el parvulario, los niños deberían ser uno de nuestros principales receptores, pues al fin y al cabo si alguien va a lograr algún día redirigir toda esta debacle, toda esta corrupción, violencia y escuela de psicopatismos y banalidades en la que se han convertido las dictaduras y cleptocracias modernas, esos serán los niños de hoy; pues si ellos no cambian, no conseguimos que cambien, habremos renunciado a los niños del mañana, encaminándonos de esta forma al abismo más profundo. Esa es una senda que personalmente me apasiona y que considero crucial; el problema es que este servidor de nadie y la vez de todos no vale mucho como docente o escritor infantil. Por lo que mi suero literario ha acabado dirigiéndose a ese grupo de jóvenes que han sido últimamente tan relegados o más de la literatura industrial como los niños: me refiero a esos jóvenes que no se conforman con quedarse anclados en los primeros cursos de la escuela secundaria de la vida, a esos que desean algún día licenciarse e incluso doctorarse en Humanidad, a esos que le resultan obsoletos los nuevos y los viejos valores, a esos que tengan tanto o más que enseñarme que yo a ellos, a esos que, al contrario que yo, tengan la actitud y aptitudes necesarias para dirigirse algún día a los niños de la manera que crean más conveniente y necesaria.

  El problema de este clase de literatura que practicamos algunos tipos como yo es el de ser considerada un tanto elitista, demasiado filosófica e incluso algo excluyente, en definitiva, una literatura para los "ya convencidos"; y siempre hay quien dice -con algo de razón- que esta clase de temas se pueden comunicar de una manera más sencilla, que llegue a más gente. Es posible -y de hecho he intentado de todos modos que así fuera-,pero pienso que ni es algo fácil ni del todo conveniente, excepto que lo que queramos sean lectores apoltronados, inanes, que no se esfuercen, que se hayan olvidado de que la vida es una ascensión dificultosa y continua por la que debemos transitar peldaño a peldaño, tropezando muchas veces, demasiadas. Supongo que el verdadero equilibrio consistiría en ofrecerle al lector un poco de lo que desea y otro tanto de lo que necesita. La mayoría de los lectores tienden hacia la molicie emocional e intelectual, desean historias cerradas, con una interpretación clara, historias de buenos muy buenos y malos muy malos, de personajes sin vacilaciones y de una pieza, historias, más que irreales, poco creíbles.

   Pero esta literatura tan homogénea actual, esa que Ianus Bröönco decía con razón que no poseía todas las notas de la escala musical, esa literatura que no aspira a ser un gran lienzo pancromático ha descuidado sobremanera tanto la vanguardia como la retaguardia; por lo que ha acabado por parecerse a un absurdo ajedrecista que no acaba de decidirse ni a atacar ni a defenderse, y acaba por concentrar todas sus piezas en el centro, haciendo de la partida algo aburrido, estático y antiestético, sin acabar de percatarse de que esa posición es además perdedora. Esa retaguardia literaria son evidentemente los niños a los que me refería antes, y la vanguardia esos jóvenes de edad o de espíritu con ganas de ir más allá, de dar un salto de madurez emocional, intelectual e instintivo a través del arte, de la literatura, la ciencia, la filosofía, lo que sea; y todos sabemos que muchos saltos individuales pueden acabar siendo un gran salto como colectivo. Por eso creo que ahora más que nunca la literatura debe convertirse en una literatura o paraliteratura pancromática, donde quepa casi de todo, donde fluya lo intelectual, lo emocional, lo visionario, lo lúdico, la fantasía, lo paraliterario, incluso lo banal en ese arroyo vital que acabe algún día desembocando en un río más amplio o incluso en un nuevo y desconocido mar, aunque a veces ese arroyo fluya subterráneo, entre cavernas; pero lo importante es que jamás deje de fluir.

  Evidentemente todos estos múltiples arroyos literarios que propongo no podrán emanar de la misma fuente creadora, será algo que deberemos hacer entre todos, una vez que dejemos de beber de esa agua embotellada de la industria, y hayamos encontrado nuestro propio manantial particular, ése con el que tratar de regalar a nuestros lectores una experiencia auténtica, honesta y sinestésica.

lunes, 25 de agosto de 2014

Comentando "Auto de fe" de Karmelo Gañán

  Hoy toca hablar de un muy buen relato que tuve el placer de leer en algún momento del año pasado, y cuya reseña en este blog era uno de mis innumerables asuntos pendientes.
AUTO DE FE   Como venía diciendo, "Auto de fe" es un magnífico relato, muy bien escrito, poseedor de un ritmo trepidante y de un inteligentísimo humor. El duelo dialéctico entre el irreverente protagonista y el secretario inquisidor es genial, la ambientación es más que solvente y el vocabulario, aunque con alguna concesión, bastante apropiado para las circunstancias descritas.
  Karmelo pertenece al cada vez más escaso grupo de escritores con fines mayoritariamente lúdicos que todavía confían y no menosprecian la inteligencia de sus lectores, y esa fe es de agradecer, o al menos yo se la agradezco.

  Todos los interesados podrán adquirir esta obra aquí

domingo, 17 de agosto de 2014

 
“Sobre esa enfermedad llamada literatura. Parte final”

“El hombre de hoy vive a alta presión, ante el peligro de la aniquilación y de la muerte, de la tortura y de la soledad. Es un hombre de situaciones extremas, ha llegado o está frente a los límites últimos de su existencia. La literatura que describe e indaga no puede ser, pues, sino una literatura de situaciones excepcionales”

Citado de: “El escritor y sus fantasmas” por Ernesto Sábato.

“No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción”

Citado de: “Cartas a un joven escritor” por Mario Vargas Llosa.

“… y salí hacia la noche, con la decisión de emborracharme hasta la inconciencia, para ello, buscaría un antro de mala muerte, –era un octubre demasiado lluvioso y apenas portaba el dinero suficiente para una botella de ron barato y nada más– así que me dirigí a la “zona roja” de la capital; donde la vida humana, las drogas duras y el alcohol adulterado, valían lo mismo…

Alumbrados por la mortecina luz del bar “Jollie Roger” y postrados sobre una mesa cubierta de quemaduras de cigarrillos, escupitajos y marcas de navaja, me encontré a Hemingway y a Bukowsky, este más ebrio que aquel. Celebraron mi llegada ruidosamente y en medio de insultos cordiales, me invitaron a unir mi botella de licor con las de ellos…

[…]

Después de un buen rato de escuchar historias de “el frente occidental”, amores de cabaret y borracheras locas, y con la certidumbre de que si me tomaba un trago más, caería de hocico al mugriento piso para no levantarme de nuevo; decidí espetar LA PREGUNTA… Las respuestas no se hicieron esperar, empezando por la del sabio Ernest:

– ¿Y de qué vas a escribir, so cabrón? Yo viví dos guerras mundiales, por decir algo…

– ¡No le hagas caso a este viejo hijueputa! ¡Un escritor de verdad, escribe sobre lo que le da la gana!... ¡LO QUE LE DA LA GANA, COÑO!

– Deja de exaltarte, Charles. Recuerda aquel asunto del hígado… Lo que te quiero decir, niño, es que, el único camino para CREAR algo que valga la pena, es sintiéndolo desde tu experiencia, tu corazón y todo lo tuyo, de forma profunda, íntima y personal… ¿De verdad crees ya que tienes “las venas” para ser escritor?...”

Citado de: “Crónica de los funerales de América” por Randy K. Ramone

Confundir “emoción” con “emocionalismo” –de caber tal término– es tan común en la literatura; como confundir “espiritualidad” con “religiosidad” en la vida diaria.

El  transmitir una “emoción real” a través de la literatura, no tiene nada que ver con el afán de los mercachifles de moralejas, que usan el sentimentalismo y la manipulación barata para “vendernos” un “producto correcto”. “Productos correctos” que le quedan bien a todo el mundo, “obras” no-censurables por sector alguno… Pongámoslo de otra forma…

Un buen día, el señor “Tengo cuarenta-mi madre me mantiene-paso rascándome las bolas todo el día”, decide hacer una gran “obra”. Entonces busca un tema, algo que esté en el tapete, que todo el mundo conozca… ¡Ya lo tiene! La trata de blancas: han habido noticias, redadas policiacas, bulla y más bulla… Justo lo que nuestro amigo –que ahora está llamando por teléfono a la universidad donde se graduó hace un siglo solicitando apoyo para un “estudio” – necesitaba. Viene un “análisis de campo”, financiado por su abnegada madre y membretado por su prestigiosa universidad. Luego una serie de entrevistas rápidas, algo de escritura mediocre, edición –para eso existen los estudiantes de filología, preferiblemente becados, ya que cobran menos– y después, la búsqueda del mecenazgo de diversas organizaciones, –gubernamentales en su mayoría– que no puedan negarse a apadrinar algo “tan importante”, un tema “tan crucial en estos tiempos”… De repente, el hombre gris, se nos volvió escritordramaturgopoetanovelista, salió en una entrevista de cuarenta segundos en la edición de medianoche del noticiero local… y su desvelada madre sonríe tristemente frente al televisor, mientras se pregunta: “¿Cuándo se conseguirá un trabajo este desgraciado?”

El oficio de escribir, aunado a la vivencia, –cosa que me parece fundamental–  junto a la honestidad con que se aborde la esencia del escritor mismo, a la hora de crear… serían, a mi parecer, elementos de sobra para transmitir una “emoción real” que sea captada por el lector… quien al final de cuentas, me guste o no, siempre será el destino de todo lo que uno haga… ¿Habrá un escritor que no quiera ser leído por persona alguna?...

Para finalizar les hablaré de mi viejo amigo Erick.

En aquellos años, –cuando éramos “compadres”– él tenía grandes aptitudes para jugar “tiro al blanco” con tres dardos y ambos vocación para beber en exceso… Era común que los jueves en la “Noche de Dianas” del bar “La Copa Rota”, llegáramos sin un centavo en los bolsillos y saliéramos totalmente ebrios, todo, gracias al talento del buen Erick con los dardos… Talento que se esfumaba cuando aparecían las chicas…

No importaba cuánto se esforzara por impresionar con su puntería a aquellas sílfides bebedoras de cerveza “light”… Inútiles eran sus intentos por demostrarle a las ninfas cocteleras, quién era ´El campeón de dardos del bar “La Copa Rota”´… El pobre bastardo, si había una mujer presente, no acertaba NI UNA SOLA VEZ…

Colegas: El centro de mi diana es escribir y mis únicos dardos son: hacerlo con honestidad y de la mejor manera posible… Los demás elementos, sean lo que sean, resultan ser meros distractores y no me interesan.

Con amor. Randall Rankin M.

 
 

sábado, 2 de agosto de 2014

Sobre esa enfermedad llamada literatura

 Sobre esa enfermedad llamada literatura.


 En el reino de la subjetividad, los gustos, formas de vivir y maneras de expresión, son tan distintos como individuos los ejerzan. Sin embargo, el arte traspasa, por mucho, las limitaciones que imponen las variedades y antecedentes de las personas que lo perciben. ¿Serán únicamente expertos en artes plásticas, las miles de personas que visitan año a año el museo de Louvre? ¿Acaso las historias de los grandes libros de todos los tiempos, sólo son disfrutadas por una reducida élite intelectual? Es necesidad y destino, salvación y condena... el arte en cualquiera de sus formas, es el alimento de la civilización y un reflejo fidedigno de sí misma.

El buen arte, pese a la obligatoria trascendencia que ha de tener para que pueda llamarse bueno, no necesariamente ha de ser popular, siendo así, tendríamos que creer que un engrudo musical indecente como "Gagnan style" -no se si lo escribí bien y prefiero a mi ignorancia intacta en ese sentido- es algo bueno, ya que lo bailan (¿?) un trillón de personas, entre ellos, varios famosos... Que por sus niveles de audiencia en sus respectivos momentos, "La Macarena" fue mejor que "Stairway to heaven" o "Green Day" fue superior a "Sex Pistols"...