martes, 2 de diciembre de 2014

Humanismo en blanco y negro

  Comienzo a escribir esta entrada todavía sufriendo la resaca emocional que me ha supuesto contemplar en el día de ayer el maravilloso documental "La sal de la Tierra", una oda a la vida y obra del excelso fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. La película ha sido dirigida por el cineasta alemán Wim Wenders (al que debemos obras tan subyugantes como Paris Texas, Cielo sobre Berlín, Pina, etc.), pero contando en esta ocasión con la inestimable ayuda de Julio Ribeiro Salgado, hijo de Sebastiao.
La sal de la Tierra   Contemplar la obra de Salgado en pantalla grande ha sido una de mis experiencias más inefables. La fuerza que ya tienen de por sí las fotografías del brasileño, se ve sin duda multiplicada en una pantalla de cine, otorgándole a su portentoso blanco y negro una poderosa lente de aumento que nos transporta inevitablemente hacia el reino de la sublimidad, donde emulando a Dante comenzamos a recorrer los muchos infiernos y algún que otro paraíso, guiados, como si de un moderno Virgilio en off se tratase, por la magnífica voz de Salgado, comentando sus propias fotografías. Un verdadero lujo escucharle en versión original.
   La película es un recorrido por su vida y sobre todo por su obra, la cual abarca gran parte de las luces y las sombras de la condición humana. No entiendo como una persona de la talla intelectual de Susan Sontag pudo criticar en su día la obra de Salgado, acusándola de conferirle tal belleza a las grandes tragedias y miserias humanas, que a su modo de ver nos desvinculaba de ellas al proporcionarles de esta forma cierta distancia e irrealidad. Todo lo contrario, querida Susan. La belleza ha sido siempre la gran comunicadora y el arma más impactante del que siempre se han servido todos los grandes artistas humanistas. La belleza jamás frivoliza la realidad, la sublimiza, extrayendo del horror delicadeza, encanto y magnificencia. De verdad que cada día entiendo menos la ceguera emocional de la mayoría de los filósofos modernos. Qué saben la mayoría de ellos y ellas, desde la confortabilidad de su sillón e instalados en su propia burbuja intelectual de las motivaciones de un artista nómada como Salgado y de su descenso a los infiernos, de su pérdida de fe en la especie humana, de su muerte como artista tras el infierno de Ruanda y de su posterior resurrección, gracias a su impagable labor ecológica con el Instituto Terra, con el cual plantaron dos millones y medio de árboles, recuperando de esta forma un bosque lluvioso que se había convertido en un yermo erosionado. ¡Ay, los árboles! Probablemente los seres vivos más bellos de la Tierra y eternos símbolos de fe, de esperanza, de creer a pesar de todo en el futuro.
  El documental de Wenders y Ribeiro Salgado también incide entre otras cosas en la valentía del fotógrafo, que después de haber conocido cual Kurtz el horror, el verdadero horror, abandonó la fotografía social para convertirse en un fotógrafo de la naturaleza. Para lo cual no faltaron voces que le dijeron que no valía la pena, que era inútil tomar ese riesgo, pues él era un magnífico fotógrafo social, y como fotógrafo de la naturaleza tendría que empezar de cero, pero eso es algo que no debería amedrentar a un artista, es más, debería formar parte de sus necesidades más básicas. De todo eso resultó su último libro fotográfico hasta la fecha, Génesis, una asombrosa oda al planeta Tierra y un último voto de confianza a una humanidad desarraigada y perdida en esta extraña soledad entre multitudes. Atrás había quedado el otro Salgado, el eximio fotógrafo social con todo su legado de maravillosos álbumes como los dedicados a las otras Ámericas, al Sahel, a los Trabajadores, al infierno ruandés, a los exiliados, a la mina de Serra Pelada, etc..

   Por otra parte, el film es también un redescubrimiento, un afán de comprensión por parte del hijo sobre su padre, un intento de entender las motivaciones que lo mantuvieron separado de él y de su madre por largas temporadas. Y en ese intento de comprenderle se puede entrever la madurez definitiva de un hijo que tanto había echado en falta a su padre durante la infancia. En ese primer viaje juntos al Círculo Polar Ártico resulta verdaderamente sobrecogedor imaginarlos frente a frente ante la inmensidad de una nada donde ni siquiera se vislumbra el horizonte.

  Me comentaba ayer en su blog un amigo LetraHerido como Gerardo Fernández, que a veces parecen flotar en el aire determinados iones que logran que percibamos los acontecimientos como a "cámara lenta", algo que tanto a él como a mí nos suele ocurrir en determinados marcos naturales, pero a veces hay obras artísticas como ésta de Wenders y Salgado que me hacen sentir esa sensación casi onírica, de duermevela, de confusión, de no saber si mi deseo de que la proyección no finalizase jamás se iba a cumplir o no. Toda obra subyugante ha despertado siempre en mí a mi yo más onírico.
 
  Ya a modo de una postdata más intelectual que emocional, decir que la película me ha descubierto una etnia indígena desconocida para mí hasta ayer mismo, y que es muy probable que acabe formando parte de futuras inquietudes y obsesiones. Se trata de los indios Zoè, los cuales disfrutan en su pequeño paraíso no del todo perdido de matrimonios poligámicos y poliándricos, y que al igual que nuestros astrofísicos creen que el Universo está en expansión, entre otros muchos detalles interesantes. Si alguien tiene algún interés especial en ellos le dejo aquí un enlace desde donde se puede comenzar a bucear en su cultura.
  Y a todos lo demás. simplemente recomendaros encarecidamente la visión de La sal de la Tierra, film que debería de ser de obligatorio visionado en cualquier sistema educativo que hiciese honor a su nombre.
 

3 comentarios:

  1. Un interesante artículo, Alberto. Las fotografías de Sebastiao Salgado son realmente impresionantes; todas las que yo conozco son en blanco y negro, ¿sabes si trabajaba el color?. De los zoé, no hace mucho que he visto un documental en televisión; qué casualidad que los menciones.

    Nos ha venido bien este artículo a los que visitamos este foro.

    Un abrazo.

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    1. Gracias, Gerard. La intención del artículo era animar a nuestros lectores a que vean una película documental que considero imprescindible. Hasta donde yo sé, la obra de Salgado ha sido siempre en blanco y negro. Un abrazo.

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  2. pero no veo participacion ninguna casi ni aqui ni alla en el Foro!, no entiendo porque se ha ido extinguiendo algo que tenía tanta vida!!!!!!!!!

    Creo que no deberían dejar de publicar en nuestro BLOG!!!!!!!!!!!!!!!!!

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