lunes, 19 de octubre de 2015

Recalculando Ruta...

De la gente que conozco, muy pocos han leído mis escritos; familiares, que yo sepa, ninguno. Se puede decir que mi faceta como escritor es un pedazo de mi vida "oculta". Me he preguntado varias veces por qué es así, y no tengo una respuesta clara. Quizás sea esa gracia o defecto gallego de querer mantener a toda costa una especie de halo de misterio, quizás protegerme con la intención de que no me conozcan todavía más los que ya me conocen (o creen conocerme) demasiado, quizás porque la brecha entre mi yo social y mi yo "escritor" es todavía enorme, quizás nada de esto o todo ello a un mismo tiempo... Como de casi todo: no tengo ni idea. 

   El cambio en mí siempre ha sido constante, incluso las mayores contradicciones y los opuestos más enfrentados pueden convivir conmigo sin conflicto aparente. Se deslizan por mis vasos como la sangre que me nutre y la linfa que me protege. A menudo soy un "científico" racionalista de mañana y un "mago" irracional al caer la noche, habiendo sido por la tarde un "filósofo" o pensador en tierra de nadie, y este último "yo" es el que más suele acompañarme cuando escribo. Soy consciente de que esta atípica convivencia puede llegar a confundir, incluso a ofender. Por lo que quisiera conceder mis más sinceras disculpas a quien sin querer pudiera haber ofendido alguno de mis escritos u opiniones. A otros los he ofendido queriendo, de lo cual no me enorgullezco, pero tampoco pienso disculparme, bien porque se lo merecían, bien porque lo "necesitaban". Porque sí, a veces necesitamos que nos ofendan, a veces necesitamos sentirnos ofendidos. Y lo necesitamos para Cambiar.

  En ocasiones me han preguntado algunas personas que me conocen personalmente cómo alguien que su verdadera vocación parece responder a "sanar" a la gente, y además sin cobrar, puede escribir libros tan deprimentes y desencantados. 
  Una vieja amiga me confesó que tras veinte páginas tuvo que abandonar mi libro por considerarlo literalmente abortivo, y cuando decía literalmente se refería a LITERALMENTE, pues estaba tratando de quedarse embarazada, y creía que si me seguía leyendo no se quedaría, o si lo hacía, acabaría perdiendo el bebé. Me preguntaba una y otra vez que cómo coño puedo vivir aparentemente feliz si en realidad pienso lo que escribo y sobre todo si escribo lo que pienso. Supongo que no escribo todo lo que pienso ni pienso todo lo que escribo. Todos mis personajes atesoran de alguna forma u otra pedacitos de mí, incluso pedazos míos que yo mismo desconozco, pero no me identifico plenamente, ni mucho menos, con ninguno de ellos, excepto cuando emergía el que era en esa época mi yo "escritor". Pues mi yo "escritor" está, como todo en mí, en constante proceso evolutivo, con tendencia a irse pareciendo cada vez más a mi yo social e incluso a mi yo "real", si es que lo tengo, y sobre todo, si lo mantengo por mucho tiempo.

  No obstante, en mi ¿defensa? debo decir que no creo que escriba libros deprimentes, aunque sí desencantados y algo o bastante melancólicos, pero en ellos no encuentro atisbo de depresión, de verdad que no lo encuentro, y no lo hago porque no hallo por ninguna parte ni siquiera la semilla de la rendición, más bien todo lo contrario. Eso sí, procuro prepararme casi siempre para el "peor escenario posible", pues si acaba producíéndose, poder así quizás soportarlo, y si eso no acaba por llegar, poder inhalar una gran bocanada de aire y sentirme aliviado y feliz de haberme equivocado. Hace tiempo que no me interesa nutrir más mi ego, y menos todavía a costa de vaticinar algún tipo de sufrimiento para cualquiera de los coinquilinos de ese pequeño punto azul pálido, como bellamente denominaba Carl Sagan a nuestra Casa.

  Con todo esto no sé muy bien qué diablos quiero decir. Quizás que para mi el acto de escribir responde de manera similar a las etapas de una enfermedad intestinal, en la que lo más apremiante al principio es aliviarse y purgarse con la vomitona y la diarrea, para luego, y con mucho trabajo, ir poco a poco reconstituyendo nuestra flora intestinal, nuestro fortín, con prebióticos y probióticos, es decir, con estiércol y nuevas semillas, como surge, se desarrolla y florece todo. En el fondo creo que mi yo escritor está mucho menos evolucionado que mi yo social, éste está unos cuantos peldaños por delante, supongo que porque llevo viviendo en él mucho más tiempo, y ya hace mucho que ha superado la etapa de la vomitona y la diarrea, e incluso poco a poco alguna de sus semillas ha ido floreciendo, sobre todo porque siempre he tenido un buen olfato para alejarme de la "gente tóxica".
  
  Creo que antes de tomar la decisión de crear debemos limpiarnos. Y esto vale tanto si decidimos tener descendencia como si queremos crear ese otro tipo de hijos que son nuestras obras. Para lo primero es sin lugar a dudas más fundamental limpiarse física y emocionalmente, y confiar que todo ello contribuya a activar los mejores genes que portamos, como podría deducirse del concepto de epigenética. Me apasiona ese nuevo campo por descubrir en el que no solo el ambiente sino nuestros actos, conductas y emociones puedan influir en el desarrollo evolutivo de nuestros semejantes y descendientes. En el fondo, cuál es el verdadero ambiente del aséptico hombre moderno, sino sus actos, conductas y emociones, por encima de una climatología cambiante y de un paisaje cada día más uniforme. Me apasiona todo esto hasta tal punto que en unas semanas asistiré a un taller de psicogenealogía y epigenética, con el que espero adquirir los conocimientos necesarios para ayudar en un futuro próximo a limpiarse a mis semejantes y prepararlos para una evolución desde el punto de vista clínico, y no simplemente ayudarles a sortear sus dolencias. Es decir, pasar de evitar a la "gente tóxica" y empezar a ayudarla a "desintoxicarse" y sobre todo a desintoxinarse.¿Ambicioso? Sin duda, pero ya que por mi temática, tono y falta de maestría tengo fundadas sospechas de que mis libros jamás llegarán a un número crítico de personas, voy a depositar el grueso de mis esperanzas para el Cambio, a través de algo que probablemente se me da algo mejor. Pero, ¡qué cojones! suena raro, ¿no? Da la impresión que he invertido mis caminos, que no puedo dejar de ser un extravagante aunque lo intente. Ayudar a evolucionar a la gente en clínica y hacer terapia con la literatura. Supongo que solo el tiempo dirá si mi vida aparte de un eterno ensayo no habrá sido una, por momentos, divertida locura.

lunes, 5 de octubre de 2015

Reseña: El tren de los sueños rotos de José Antonio Quesada Coves


Sinopsis:

Karam es un joven marroquí al que se le ha quedado pequeño su país, así que decide viajar a España con el fin de hacer realidad sus sueños. Granada es el punto de partida de un largo y ajetreado viaje. El negocio familiar del tráfico de hachís le permite conseguir dinero rápido en el continente europeo con el que cumplir sus objetivos. Pero el amor, las drogas y unas extrañas amistades se cruzan en su camino de forma inesperada, haciendo que todo se precipite con los atentados del 11-M de 2004 en Madrid.
Esta obra narra la persecución de los sueños de un hombre que busca la felicidad en el lugar equivocado.


Opinión personal:

En un principio la sinopsis de esta novela me hizo dudar de si leerla o no pues estos temas me afectan mucho. Tras una charla con otra lectora, me animé y de verdad que no me arrepiento de haberlo hecho.


Me sorprendió en el personaje principal, que dada su juventud, llevara un negocio de hachís a nivel nacional, seguramente debido a que su familia se había dedicado a ello siempre (o que yo entiendo bien poco de estos tema). Karam ve un negocio de lo más normal.

Las amistades extrañas que conoce le hacen dudar, no obstante, se niega a ver la realidad. Todo parece ir sobre ruedas y sus ambiciones crecen cada vez más.
En esta novela podremos conocer otro punto de vista al que estamos acostumbrados.


Además, el autor nos hace un recorrido turístico por varias ciudades de la geografía española e incluso italiana. Monumentos, barrios y calles bien descritos; José Antonio nos traslada instantáneamente a esos lugares mágicos.



Una novela que cuando empiezas no puedes dejar de leer.


Puedes adquirir este libro aquí.