martes, 19 de enero de 2016

Un ejemplo de independencia y éxito inesperado

  Hace ya un tiempo que tuve la ocasión de ver el excelente documental Searching for a Sugar Man, ganador del Oscar al mejor documental en la edición del 2013. En él se narra la  investigación de dos fans deseosos de saber qué había sido de su ídolo, el gran Sixto Rodríguez, un cantautor estadounidense de origen latino y de sangre indígena, que con un estilo cercano al de Bob Dylan y una calidad equiparable en sus composiciones, consiguió grabar a comienzos de la década de los setenta dos soberbios discos que sin embargo pasaron sin pena ni gloria en su país de origen y en muchos otros, excepto en Sudáfrica, donde sus canciones consiguieron ser auténticos himnos contra el execrable movimiento del Apartheid. Pero lo más curioso del asunto es que de semejante éxito Rodríguez no fue consciente ni conocedor, algo que, si no fue decisivo, seguramente influyó para que Rodríguez optase por abandonar su carrera musical y no volver a grabar ningún otro disco. Todo este desconocimiento fue al parecer debido al tremendo aislamiento que sufría Sudáfrica en dicha época. Del lado africano, lo que no entendían era cómo un músico tan excepcional como Rodríguez y de tanto éxito (eso era lo que ellos creían), había podido dejar de grabar discos. Así que, poco a poco y sin saberse muy bien de dónde había salido, se fue extendiendo el rumor de que se había suicidado, incluso llegó a afirmarse que se había quitado la vida durante uno de sus shows en directo.
  Aunque la realidad era que Rodríguez ni se había suicidado, ni se había muerto, ni nada por el estilo, sino que se ganaba la vida con trabajos duros y humildes que le reportaban los ingresos justos para su manutención y la de sus hijos sin ningún tipo de lujos. Seguía siendo lo que nunca había dejado de ser: un gran trabajador y responsable padre de familia que apenas se acordaba en los años 90 que veintitantos años atrás había sido un gran músico, de los que hoy llamaríamos indie o independiente. De hecho cuando un investigador da por fin con él, y le comunica que en Sudáfrica es toda una leyenda, y que ahora, libres por fin del Apartheid, les encantaría que diese una gira de conciertos por el país, con suficiente demanda como para llenar grandes recintos, Rodríguez no salía de su asombro, le parecía imposible, y repetía que él ni siquiera tenía una banda para acompañarle.
  Finalmente realizó esa gira con gran éxito, junto a una banda que le idolatraba y que se habían dedicado a la música en gran medida gracias a él.
  Tras esa gira Sixto Rodríguez volvió a su trabajo habitual, a vivir humildemente, y no volvió a grabar un disco, en parte debido, como él mismo reconoce en el documental, al temor de no estar a la altura del Coming from Reality, su gran disco de 1971. 

  Aunque hoy en día este desconocido éxito pueda parecer impensable, nunca se sabe a quién podemos estar influyendo con nuestro trabajo en el momento presente o a quiénes podremos influir en el futuro. Por eso, escritores, músicos, pintores, cineastas, filósofos, científicos o creadores independientes no dejéis de crear, porque sólo el tiempo, el azar o el destino dirá si vuestras creaciones son realmente buenas; pero lo que sí es seguro es que siempre, siempre todo ese esfuerzo, por unas razones u otras, habrá merecido la pena.

  Ahora os dejo con lo mejor y más importante, la música de Sixto Rodríguez: