jueves, 3 de marzo de 2016

PLUTARCO: VIDA DE MARCO ANTONIO (I), por Enrique Salcedo




Plutarco de Queronea, en todas sus obras, fueran morales o históricas, se interesó por la reflexión moral. Plutarco estudió en Atenas retórica, filosofía, matemáticas. Influyó en él la filosofía platónica. Visitó el templo de Delfos (año 66-67). Viajó motivado por sus obligaciones políticas. En Roma, estudió documentos antiguos, dio conferencias a auditorios selectos e hizo amistades con personas influyentes. Llegó a obtener la ciudadanía romana, honor restringido entonces. Su prestigio como erudito, hombre comprometido con las causas de su pueblo y persona de trato muy agradable le llevaron a ocupar diversos cargos y dignidades políticos y religiosos (por ejemplo, uno de los dos sacerdotes permanentes del santuario de Delfos, ciudad cercana a Queronea). Con el cambio de siglo, centró sus actividades en su ciudad natal, junto a su esposa, donde abrió una escuela informal y escribió con afán didáctico. Conoció y escribió sobre las filosofías y las religiones mistéricas, entre ellas la egipcia. Estos temas y otros (amistad, amor, alma, teología, historia, historia natural, física, matemáticas, música, literatura, pedagogía) se suelen agrupar bajo el título de “Obras morales y de costumbres”.

Su obra más célebre es biográfica, la llamada “Vidas paralelas” (escrita entre los años 105-115), una galería de retratos de personajes anteriores a su época. Plutarco era consciente de cómo Atenas podía presentar ante Roma un elenco de dirigentes tan excelsos y ejemplares como los que forjaron la hegemonía romana. Si Plutarco quiso en ellas recrear vidas edificantes que estimularan los nobles sentimientos innatos del alma humana, sin embargo en las “Vidas de Demetrio y Antonio” (se refiere a Marco Antonio) nos ofreció dos ejemplos de LO QUE SE DEBE EVITAR. Demetrio y Marco Antonio, por tanto, son dos contraejemplos. Lo que les hunde es su INCAPACIDAD DE DISCERNIR ENTRE EL VICIO Y LA VIRTUD, que se revela especialmente POR LOS MANEJOS DE LOS ADULADORES QUE LOS RODEAN.

Vida de Marco Antonio

Marco Antonio odiaba a Cicerón porque éste, siendo cónsul, mandó ejecutar a su padrastro, Cornelio Léntulo, por formar parte de la conjuración de Catalina contra la república romana. Marco Antonio aseguraba que no les devolvieron el cadáver de su padrastro hasta que su madre fue a implorárselo a la mujer de Cicerón, pero esto era enteramente FALSO, porque a ninguno de los que fueron castigados por Cicerón se le negó la sepultura. (El propio Cicerón refutó a Marco Antonio en este aspecto en uno de sus discursos contra Marco Antonio)

Cicerón habla de una relación erótica entre Marco Antonio y su amigo Escribonio Curión, lo que sería un antecedente de su DEBILIDAD DE CARÁCTER en relación con sus mujeres: Fulvia, Octavia y, sobre todo, Cleopatra. La íntima compañía de Escribonio Curión, experto en placeres, repercutió en Marco Antonio como una peste: el amigo arrojó a Marco Antonio a los BANQUETES, las mujerzuelas, el lujo y los dispendios para tenerlo más a su disposición. Como resultado, Marco Antonio contrajo una DEUDA IMPORTANTE de 250 talentos. Escribonio Curión se hizo cargo de toda esa suma, pero el padre, en cuanto se enteró, echó a Marco Antonio de su casa.

Poco después, Marco Antonio frecuentó la compañía de Clodio Pulcro, el más insolente de los DEMAGOGOS de entonces, que con sus prácticas promovía la insurrección política. Sin embargo, Marco Antonio se fue a Grecia, para salir de las locuras del demagogo y del agobio de las deudas.

En Grecia, estudió oratoria y usó el estilo de moda, el que más se asemejaba a su estilo de vida: POMPOSO, PRETENCIOSO, LLENO DE ARROGANCIA SIN MEDIDA Y DE HUECA PETULANCIA. El cónsul Gabinio le quiso convencer de que se integrara en el ejército en su campaña en Siria, pero Marco Antonio dijo pretenciosamente que no le acompañaría como simple soldado, sino sólo si era nombrado comandante del ejército de caballería.

Después de una campaña contra Aristóbulo, pretendiente del trono de Judea, Tolomeo XII de Egipto, el padre de Cleopatra VII, pidió al cónsul Gabinio que invadiese Egipto y le restituyera el poder real. Gabinio no estaba convencido de entrar en la guerra: era una campaña arriesgada. Pero Marco Antonio, ANSIOSO DE GRANDES PROEZAS Y DE COMPLACER a Tolomeo, se unió al egipcio para convencer a Gabinio y movilizar su ejército para emprender la expedición.

Las bravatas, las groserías, la costumbre de beber en público, la costumbre de tomar el rancho militar en la mesa con los soldados y SUS AVENTURAS AMOROSAS provocaban fascinación y con ellas arrastraba a los soldados y al pueblo, que no sólo colaboraba en sus pasiones, sino que también motejaba sus proezas amorosas, sin que Marco Antonio sintiera vergüenza por ello. A esto se unía que Marco Antonio DERROCHABA en contra del sentido de la mesura, hacía favores a soldados y amigos.

Curión, el amigo de Marco Antonio, se cambió de partido y engrosó las filas de Julio César. Curión tenía gran influencia ante el pueblo por su elocuencia, se servía sin límites del dinero que César le daba y consiguió que Marco Antonio fuera nombrado “tribuno”. El ascenso de Marco Antonio dependió sólo de su cercanía a César. Cuando éste fue a Hispania a combatir a Pompeyo, dejó Roma en manos de Emilio Lépido como pretor, y todo el ejército y el territorio de Italia a Marco Antonio como tribuno de la plebe.

Marco Antonio se ganó el afecto de los soldados porque les hacía regalos y convivía con ellos, pero se ganó el odio del resto de los ciudadanos romanos porque era NEGLIGENTE a la hora de impartir justicia, atendía CON IRA a los que le pedían audiencia y era bien conocida su AFICIÓN POR LAS MUJERES AJENAS. Al final, el régimen impuesto por César se hizo odioso por los amigos de César, y EL MÄS CULPABLE DE ELLOS FUE MARCO ANTONIO, pues era el que más poder había ostentado. Marco Antonio se ganó el odio del pueblo romano por HABER REDUCIDO CON LA FUERZA DE LAS ARMAS al otro tribuno de la plebe, Dolabela.

Los hombres de bien, los hombres sensatos de Roma sentían repulsión por el modo de vida de Marco Antonio: sus BORRACHERAS continuas, sus excesivos GASTOS y sus correrías en los PROSTÍBULOS. Marco Antonio dormía de día, se paseaba CONFUSO para superar su resaca. Por la noche se divertía, asistía a representaciones teatrales, coros de comedia, y participaba en las bodas de mimos y bufones, donde se admitían mujeres y, a veces, se realizaban actos sexuales. Una vez, tras pasar Marco Antonio toda la noche en casa del actor de mimo Hipias bebiendo en uno de sus banquetes, por la mañana en el Foro de la Asamblea Marco Antonio avanzó tambaleante y vomitó sobre el manto que le había proporcionado uno de sus amigos. Las personas de mayor influencia eran el actor de mimo Sergio y su amante Citéride (la liberta Volumnia), una actriz de la que Marco Antonio SE HABÍA ENAMORADO y que, a su paso por las ciudades, se hacía llevar en una litera escoltada por servidores. A Marco Antonio también le gustaba disfrazarse de vagabundo y vestirse con harapos.

Los hombres y las mujeres de bien en Roma consideraban intolerable que el propio César estuviera lejos de Italia, luchando con gran esfuerzo y riesgo, mientras que otros, como Marco Antonio, que estaban en buena situación gracias a él, enojaban a los ciudadanos CON LA GRAN VIDA CON QUE SE HOMENAJEABAN. Esta situación condujo a nuevos enfrentamientos y avivó los ánimos ENTRE LA SOLDADESCA PARA COMETER VIOLENTOS ACTOS DE RAPIÑA.

César volvió. Concedió el perdón a Dolabela. Elegido cónsul por tercera vez, César escogió como colega a Lépido (no a Marco Antonio).

Marco Antonio compró la casa de Pompeyo, que había sido puesta a la venta, y dicen que SE ENFADÓ cuando le reclamaron el pago.

El propio Marco Antonio justificó su ausencia de la campaña de César en África porque no había recibido la recompensa merecida por sus victorias anteriores.

César no permaneció impasible ante la VIDA LICENCIOSA DE MARCO ANTONIO. Éste al fin se casó y tomó por esposa a Fulvia, casada antes con el demagogo Clodio. Pero Fulvia quería casarse con un gobernante y con un capitán al que ella quería gobernar y capitanear. De esta forma, las lecciones de sumisión que Antonio recibió de Fulvia le sirvieron luego a Cleopatra para tomar posesión de él, ya que desde antes estuvo amansado y medianamente instruido en obedecer a las mujeres.

En la entrada triunfal de César regresado de Hispania, Marco Antonio iba a un lado, y detrás iban Junio Bruto Albino y el hijo de una hermana suya, Octaviano, que después sería llamado César y gobernó por mucho tiempo a los romanos.

Marco Antonio SE OPUSO acaloradamente, por primera y por segunda vez, A LA DECISIÓN DE JULIO CÉSAR de nombrar oficialmente a Dolabela como cónsul. La segunda vez se opuso diciendo a gritos que los augurios eran adversos (utilizó su rango sacerdotal de augur para favorecerse a sí mismo).

Marco Antonio sabía que había una conspiración contra Julio César porque él mismo había sido invitado a participar en ella, pero NO REFIRIÓ NADA A CÉSAR sobre la conspiración.

Marco Antonio dio a Bruto Albino y a Casio Longino la excusa perfecta para asesinar a César, porque en unas fiestas rituales, Marco Antonio DESPRECIÓ LAS TRADICIONES ancestrales de Roma y corrió, espoleado por sus compañeros, a la tribuna principal para poner una corona de laurel a César en la cabeza, como ofreciéndole el rango de rey –algo abominable para la Roma republicana-, así una vez, dos veces, varias veces, a las que César se negaba y desaprobaba, desaprobación aplaudida por el pueblo. Pero ante la INSISTENCIA DE MARCO ANTONIO DE HACERLE REY, César se sintió molesto, se levantó de la tribuna, se quitó la toga desde la garganta y gritó ofreciendo su cuello a quien lo quisiera.

Esta situación PROVOCADA POR MARCO ANTONIO reforzó la determinación de Bruto Albino y de Casio Longino, y los conjurados por defender el régimen republicano mataron a César.

Marco Antonio SE DISFRAZÓ DE ESCLAVO Y SE OCULTÓ hasta que vio que no había más muertes.

Marco Antonio habló ante el Senado a favor de la amnistía de Bruto y de Casio y de la asignación de la provincia de Libia a Casio y la de Chipre a Bruto, pero CAMBIÓ DE PLANES CON LA ASPIRACIÓN DE SER EL ÚNICO Y EL PRIMERO y se quitó de encima a Bruto, que había sido designado el heredero de César.

En su discurso fúnebre por la muerte de César, Marco Antonio MEZCLÓ en su lamento PALABRAS de elogio y maldiciones por este delito. El pueblo, afectado por el discurso ambiguo, fue a quemar las casas de Bruto y de Casio. Ambos huyeron de la ciudad.

Calpurnia, esposa de César, entregó a Marco Antonio la mayor parte de las riquezas de su patrimonio (4000 talentos) y los documentos donde quedaban escritas las decisiones y las intenciones de César. Marco Antonio escribió en esos documentos los NOMBRES QUE QUISO y designó, TERGIVERSANDO, a muchos magistrados y a muchos senadores, e hizo volver a algunos que vivían en el exilio,  HACIENDO CREER QUE ÉSTA ERA LA INTENCIÓN DE JULIO CÉSAR.

En lo demás, Marco Antonio ACTUABA COMO DUEÑO ABSOLUTO DE TODO, él mismo como cónsul y con el auxilio de los hermanos en su manejo del poder.

Marco Antonio trató con DESPRECIO a Octaviano cuando éste reclamaba algo instituido en la última voluntad de César: dar a cada ciudadano romano 75 dracmas. Marco Antonio acabó soltando todo tipo de INSULTOS PARA ENOJARLO Y HERIRLO. Además, SE OPUSO Y AMENAZÓ diversas iniciativas de Octaviano.

El joven Octaviano se pasó al bando de Cicerón y de cuantos odiaban a Marco Antonio; tuvo un puesto en el Senado y puso de su lado al pueblo y a los soldados de las colonias. El Senado declaró a MARCO ANTONIO “ENEMIGO DE ROMA” y con los cónsules Vibio Pansa y A. Hircio, ayudados por Octaviano, echaron a Marco Antonio de Italia.

Marco Antonio llegó a la Galia y SE APODERÓ DEL CAMPAMENTO de Lépido. Reunió más hombres y más ejércitos. Octaviano perdió interés por Cicerón y llamó a Marco Antonio y a Lépido para formar un triunvirato. En una isla, cerca de Bolonia, se repartieron todo el poder entre ellos.

El punto de discusión más difícil para ellos fue la cuestión de saber qué hombres iban a eliminar, porque cada uno quería acabar con sus enemigos y salvar a sus partidarios. Los tres DEJARON A UN LADO LA HONRA DEBIDA A LOS PARIENTES Y EL RESPETO A LOS AMIGOS. Prevaleció en ellos la FURIA que les provocaba la gente que odiaban. Octaviano le concedió a Marco Antonio la muerte de Cicerón; Marco Antonio concedió a Octaviano la muerte de Lucio César, que era su tío materno; a Lépido le concedieron que muriera su hermano Paulo (aunque éste logró salvar la vida).

Comenta Plutarco: “Considero que no ha habido NADA MÁS INHUMANO Y MÁS CRUEL que este mercadeo; intercambiándose muertes con otras muertes, ASESINABAN por igual a los que habían sido abandonados a su merced como a los que habían tomado, pero, sobre todo, la MAYOR INJUSTICIA QUE COMETIERON FUE CON SUS AMIGOS, a los que daban muerte sin ni siquiera sentir odio por ellos.”

En virtud de este acuerdo, fueron ejecutadas por ellos unas 300 almas, DE FORMA ARBITRARIA y aprovechando algunos asesinos para ampliar la lista de sus enemigos personales. Esto está documentado en los libros de los historiadores Plutarco, Livio, Apiano, Dión Casio y Veleyo Patérculo.

Cicerón fue degollado. CRUELMENTE Marco Antonio ordenó que le cortaran la cabeza y la mano derecha con que había escrito los discursos contra él. Cuando se los trajeron, se recreó exultante en su contemplación y ESTUVO RIENDO DE GOZO durante largo rato hasta que estuvo satisfecho y ordenó que fueran expuestos estos restos en el Foro como ESCARNIO del muerto, SIN DARSE CUENTA DE QUE ÉL MISMO INJURIABA SU PROPIA FORTUNA Y DESLEGITIMABA SU PODER.

Los romanos tenían muchos motivos para considerar que el triunvirato era UNA CARGA PESADA; la principal razón era especialmente MARCO ANTONIO, que sucumbió en ese género de vida INDOLENTE Y DEPRAVADO de siempre, mientras ACAPARABA TODO EL PODER.

Los romanos no toleraban que Marco Antonio viviera en la casa de Pompeyo el Grande, hombre admirado por su discreto régimen de vida y por sus tres triunfos. Los romanos se avergonzaban de ver la casa cerrada a los reyes, los generales y embajadores, a los que se sacaba con INSOLENCIA, y, en cambio, estaba llena de actores de mimos, charlatanes y aduladores borrachos, en los que Marco Antonio DERROCHABA LA MAYOR PARTE DEL DINERO QUE SE HABÍA APROPIADO DE LA FORMA MÁS TERRIBLE Y CRUEL.

Los TRIUNVIROS Marco Antonio, Octaviano, Lépido vendieron las posesiones de los que ellos mismos habían matado, procesaron a los familiares y esposas de éstos, impusieron TASAS ARBITRARIAS, por ejemplo, sobre las joyas y los adornos de las mujeres (lo cual provocó una manifestación de mujeres) y entraron con CODICIA EN LOS TEMPLOS de las VÍRGENES VESTALES, al enterarse de que ellas custodiaban en depósito las posesiones de algunos de sus conciudadanos y de extranjeros.

Como NADA ERA SUFICIENTE PARA MARCO ANTONIO, Octaviano le exigió que compartiera el dinero con él. Compartieron también el ejército que ambos comandarían contra Bruto y Casio en Macedonia y dejaron a Lépido en Roma.

Marco Antonio llegó a Grecia con la intención de recaudar dinero de todas las provincias orientales. Estuvo en Atenas, en Megara. Luego fue a Asia PARA ECHAR MANO A LAS RIQUEZAS DE ALLÍ. A las puertas de Marco Antonio llamaron los reyes y sus esposas, que rivalizaban entre ellas. Algunas aceptaron prostituirse con él, por ejemplo, Glafira, la madre del pretendiente del trono de Capadocia tuvo una relación con Marco Antonio.

En Roma, Octaviano estaba ocupado en sofocar las guerras y las revueltas; en Asia, Marco Antonio gozaba en su tranquilo letargo y volvió a su hábito de vida: CEDER A SUS PASIONES. Músicos, flautistas, danzarines y gran comparsa de actores de Asia del mismo gremio, superando en lo grosero y en lo grotesco toda esa vida canalla que Marco Antonio traía de Italia, irrumpieron en su corte y SE APODERARON DE ÉL.

La situación se hizo INSOPORTABLE para Asia entera, desde el momento en que todos sucumbieron a los mismos EXCESOS. A la entrada de Marco Antonio en Éfeso, las mujeres desfilaron detrás disfrazadas de Bacantes y los niños y los hombres iban de Sátiros y Panes. Marco Antonio se hizo llamar “Dionisio Caridotes y Meliquio” (=el que porta la alegría, el benigno), PERO PARA LA MAYORÍA DE LOS ASIÁTICOS ERA “DIONISIO OMESTES Y AGRIONIO” (=EL CARNÍVORO, EL SALVAJE), PORQUE HABÍA QUITADO SUS BIENES A LOS HOMBRES DE BIEN para quedarse con esos bienes o para dárselos a cualquier envidioso, MIENTRAS SE DEJABA AGRADAR POR ADULADORES Y FUNAMBULISTAS. Marco Antonio llegó a dar a un cocinero en pago la casa de un hombre de la ciudad de Magnesia. Pero lo habitual eran sus ACTUACIONES EXTRAVAGANTES: Marco Antonio regaló a una citarista cuatro villas de Asia y soldados, y a un poeta la ciudad de Tarso entera.

Cuando Marco Antonio quiso imponer un impuesto por segunda vez a las ciudades –Bruto y Casio ya lo habían exigido antes-, el orador Hibreas, hablando en nombre de toda Asia, alzó la voz y concluyó: “si esa cantidad (200.000 talentos) no te ha llegado, reclámasela a aquellos que la tomaron de tu parte”. El discurso conmocionó a Marco Antonio, pues DESCONOCÍA LOS DETALLES de lo que había sucedido POR HABERSE FIADO DE LOS SUYOS EN SU SIMPLICIDAD. Marco Antonio redujo, por tanto, la aportación de impuestos de las ciudades. En efecto, se caracterizaba Marco Antonio por una LLANEZA y una LENTITUD DE REFLEJOS, por EXCEDERSE en los castigos y mucho más en los favores, y por la INSOLENCIA de sus bromas y chiquilladas y por DEJARSE CONQUISTAR por los halagos, ignorando que algunos mezclaban la adulación con la franqueza y le hacían creer que su sometimiento en los asuntos serios no era por complacerle, sino porque se sentían inferiores en inteligencia.

Si tal era el temperamento de Marco Antonio, el amor de Cleopatra VII Thea Filopator, hija mayor de Tolomeo XII Auletes, de ascendencia macedónica, fue el mal que lo remató definitivamente: muchas de las pasiones que se guardaban latentes y dormidas en su interior las desató este amor hasta el paroxismo y, SI COBIJABA ALGÚN SENTIMIENTO BUENO Y SALUDABLE SU CORAZÓN, ESTE AMOR por Cleopatra LO DESTRUYÓ Y SE ESFUMÓ.

Cleopatra VII fue mandada llamar por Marco Antonio para que le diera explicaciones de las acusaciones que se vertían contra ella por haber dado dinero a Casio y haberlo ayudado en la guerra. Ella se hizo mucho de rogar, pero se presentó se puso surcando el río Cidno (de Tarso, Cilicia) en una espléndida embarcación. Todas las gentes salieron a verla. La cena que Cleopatra dio a Marco Antonio fue ampliamente superada en elegancia y en ingenio a la que el romano dio a la egipcia. Cleopatra sabía hablar muchas lenguas, era de trato irresistible, de carácter envolvente y de gran belleza.

TAN FASCINADO estaba Marco Antonio, que –mientras su mujer Fulvia luchaba por el patrimonio de su marido en Roma y mientras un ejército extranjero de los Partos iba a invadir Siria- SE DEJÓ ARRASTRAR por Cleopatra a Alejandría (al sur, lejos del lugar del conflicto en ciernes) y allí, pasando el tiempo en OCIOSIDADES y en NIÑERÍAS, desperdició ese don preciado que es el tiempo.

En efecto, montaron una ASOCIACIÓN DE CONNOTACIÓN RELIGIOSA CON EL NOMBRE DE “LOS DE VIDA INIMITABLE” Y CADA DÍA CELEBRABAN BANQUETES CON INVITADOS EN HONOR EL UNO DEL OTRO Y GASTARON UNA CANTIDAD DESMESURADA E INCREÍBLE DE RIQUEZAS. Por ejemplo, el hijo de Marco Antonio regaló a un médico en una cena todos los vasos de oro de una mesa. Cleopatra manipulaba a un infantil Marco Antonio y estaba siempre a su lado, día y noche, incluso en sus vagabundeos nocturnos iba disfrazada como le gusta a Marco Antonio.

Mientras Marco Antonio se entretenía en tales pasatiempos y SE COMPORTABA TONTAMENTE COMO UN MUCHACHO INMADURO, se presentaron ante él dos mensajeros. Uno venía de Roma con la noticia de la derrota en Perugia y de la huida de Lucio, hermano de Marco Antonio, y de la esposa Fulvia ante Octaviano; el segundo comunicaba que Labinio, al frente del ejército de los Partos, había conquistado a Roma el territorio de Asia hasta Lidia y Jonia. Fulvia, mujer temeraria e intrigante, había sido la culpable de la guerra de los Partos. Provocó la guerra para arrancar a Marco Antonio de las garras de Cleopatra. Fulvia murió de la rabia que tenía a causa de los celos.

Octaviano y Marco Antonio se reconciliaron, se repartieron el poder y el territorio con Lépido. El acuerdo político se sanciona con el matrimonio de Marco Antonio con Octavia, una hermana de Octaviano. Acuerdan la paz también con Sexto Pompeyo, que con su pirateo impedía la navegación en el mar. La casa de Sexto Pompeyo era un barco porque Marco Antonio poseía la casa que en su día había sido de Pompeyo, su padre. A Sexto Pompeyo le concedieron Cerdeña, Córcega, Sicilia, Peloponeso.

Había un hombre en la comitiva de Marco Antonio: un adivino de Egipto de los que examinan los nacimientos; hablaba con franqueza a Marco Antonio y le vaticinó que, aunque su estrella era resplandeciente, SE ENSOMBRECÍA ANTE LA DE OCTAVIO, “PUES TU GENIO TIENE MIEDO DE AQUÉL… Y SE VUELVE RASTRERO”. Así es, se dice que en las ocasiones en que ambos se divertían, Marco Antonio siempre salía perdiendo. Contrariado, se fue de Italia y marchó con Octavia a Grecia.

El enviado de Marco Antonio –Ventidio Baso, procónsul- venció a los Partos. Marco Antonio no permitió a Ventidio que firmara la paz con Antíoco de Comágene, aliado de los Partos, PORQUE QUERÍA AL MENOS QUE ESTA ACCIÓN (derrotar a Antíoco) PORTARA SU NOMBRE (de Marco Antonio), ya que todas las victorias anteriores fueron de Ventidio. Con el asedio de la ciudad de Samósata, Marco Antonio vio que no conseguía nada, rectificó LLENO DE VERGÜENZA Y DESHONOR y tuvo que contentarse con firmar una paz de manera voluntaria con Antíoco por 300 talentos (mucho menos de lo que le ofreció Antíoco al principio por mantener la paz)

Ventidio en Partia, Canidio Craso en Armenia, Sosio en Siria fueron los generales de Marco Antonio que realizaron grandes empresas y celebraron sus propios triunfos en los años 38, 36, 34 a. C., pero Marco Antonio tenía menos éxito en las campañas dirigidas por él personalmente.

La sombra desgraciada del amor de Cleopatra, aunque parecía adormecida y sometida, sin embargo, fue acosándole y le asedió a Marco Antonio cada paso que estaba más cerca de Siria. Así que mandó que Cleopatra fuera traída a Siria.

En cuanto Cleopatra se presentó ante él, Marco Antonio TRAICIONÓ A ROMA y puso a los pies de Cleopatra los territorios de Fenicia, Celesiria, Chipre, Cilicia, Judea y la Arabia Nabatea. ESTE TIPO DE CONCESIONES CAUSARON GRAN INDIGNACIÓN ENTRE LOS ROMANOS.

Marco Antonio complacía a simples particulares, quitándoles a otros sus reinos, para concederles tetrarquías o el dominio de pueblos grandes. Antígono de Judea, por ejemplo, hecho prisionero por Marco Antonio en la captura de Jerusalén, fue decapitado en público, una pena a la que ningún otro rey había sido condenado antes.

Sin embargo, lo peor de todo era LO IMPÍO DE LOS HONORES QUE SE TRIBUTABAN A CLEOPATRA y aumentaron más el ESCÁNDALO cuando Marco Antonio reconoció a los gemelos de Cleopatra llamándolos a uno Alejandro “Helios” y a la otra Cleopatra “Selene”.

Marco Antonio, HIPÓCRITA HÁBIL PARA DISIMULAR SUS DEFECTOS, decía que, en su opinión, la grandeza del poder de Roma no residía en los métodos de sometimiento de los pueblos, sino en las concesiones que hacían para agradar a sus súbditos.

Marco Antonio envió a Cleopatra a Egipto y se marchó a través de Arabia y de Armenia. Se reunieron sus ejércitos y los de los reyes aliados suyos. Pero todos estos ejércitos y este gran despliegue NO SIRVIERON PARA NADA POR CULPA DE CLEOPATRA. En efecto, Marco Antonio, IMPACIENTE por pasar el invierno con ella, inició la guerra apresuradamente antes de hora y llevó todas las operaciones DE MANERA DESORDENADA, como si no estuviera bien de la cabeza, sino bajo la influencia de algún tipo de brebaje o de hechizo que le obligaba a estar siempre con ella, a buscarla ansiosamente y a estar siempre más preocupado por acudir a su lado antes que ocuparse de derrotar a los enemigos.

Por impaciencia, dejó Marco Antonio los carros y la maquinaria de asedio en un puesto de retaguardia con Estaciano y avanzó, pero los Partos destruyeron los carros y máquinas de asedio y capturaron a muchos romanos. Esta derrota al inicio de la campaña desmoralizó a los hombres de Marco Antonio. El rey de Armenia, su aliado, se marchó con su ejército armenio. Después se sucedieron PENOSOS EPISODIOS: el hambre, salidas infructuosas para conseguir alimentos, desesperación, frío, exhortación encargada al militar Domicio Ahenobarbo (por vergüenza y desaliento de M. Antonio), travesía del desierto (con un guía de raza marda), ataques imprevistos de los Partos, pérdidas de hombres y de armas, contadas victorias, enfermedad, muchos heridos, muertes por comer hierbas venenosas y por beber aguas no potables, sed, cansancio, desorden, ambición y pillaje entre los propios soldados de M. Antonio. Llegan por fin a Armenia. Del ejército habían muerto 24000 soldados, unos en batalla, otra mitad por enfermedad. Las victorias sobre los Partos NO REPERCUTIERON EN UN RESULTADO DURADERO, SERIO Y DEFINITIVO.

Avanzando por una región llena de riquezas, SE SIRVIERON SIN MESURA de todo y cayeron enfermos de hidropesía y de disentería.

En aquel momento, apremiados por el invierno y la nieve continua, Marco Antonio perdió 8000 hombres por decidir continuar su camino a marchas forzadas. En un pueblo entre Beirut y Sidón esperó a Cleopatra. Se consumió de pesar y de angustia por la tardanza de la mujer y acabó DÁNDOSE A LA BEBIDA HASTA LA EMBRIAGUEZ Y LA PÉRDIDA DEL CONTROL.

El rey de los Medos ofreció una alianza a Marco Antonio para enfrentarse a los Partos. Octavia, la esposa de Marco Antonio, vino a Oriente. Al llegar ella a Atenas, las cartas y los emisarios de Marco Antonio y las argucias de Cleopatra trataron de detenerla. Cleopatra exageró teatralmente las muestras de su pasión por Marco Antonio: adelgazó, ponía miradas intencionadamente absortas o lánguidas, fingía dejar de llorar. Los aduladores defendían a Cleopatra y reprochaban a Marco Antonio que fuera cruel e insensible hacia Cleopatra, que se había rebajado de “soberana” a ser considerada “amante” de Marco Antonio. LOS ADULADORES ASEDIARON A MARCO ANTONIO Y DOBLEGARON SU VOLUNTAD CON EL MIEDO DE QUE CLEOPATRA SE QUITARA LA VIDA. Marco Antonio retrasó la campaña de Media para el verano. Regresó a Alejandría.

El rey de Armenia que se retiró del ejército de Marco Antonio en la campaña contra los Partos fue hecho prisionero por éste y llevado encadenado a Alejandría, donde Marco Antonio celebró su triunfo que consistió en una procesión dionisíaca. De esta NUEVA TRAICIÓN A ROMA se quejaron mucho los romanos, PUES UNO DE LOS MÁS GRANDES TRIUNFOS QUE CORRESPONDÍA A SU PATRIA, ROMA, FUE OFRECIDO POR MARCO ANTONIO A LOS EGIPCIOS POR AGRADAR A CLEOPATRA.

Además, Marco Antonio envió a Roma una delegación para ECHAR A SU ESPOSA OCTAVIA DE SU CASA (esto se documenta también en los historiadores Livio, Dión Casio, Eutropio, Orosio). Los romanos decían que Cleopatra era una prostituta que no estaba a la altura de Octavia. Marco Antonio se ganó la antipatía de todos los romanos AL INJURIAR a su esposa Octavia, una gran mujer, digna, virtuosa; y se ganó el odio general de los romanos CUANDO CELEBRÓ UNA CEREMONIA DE REPARTO DE TERRITORIOS, NO A FAVOR DE ROMA, sino a favor de sus hijos y de los de Cleopatra en Alejandría, que pareció pomposa, teatral y claramente desagradable a los ojos del Senado y del pueblo de Roma.

Octaviano comunicó al Senado romano estas acciones y lanzó tantas acusaciones, que acabó poniendo al pueblo en contra de Marco Antonio.

Cleopatra se vale del soborno para que Canidio convenza a Marco Antonio de quedarse con ella y no bajo la influencia de Octavia. Lo consigue. En Samos se reúnen los dos ejércitos de Marco Antonio y Cleopatra con tropas de otros reyes y pueblos aliados. Aún hay diversiones, cánticos, actores, coros. Después, van a Atenas. Cleopatra, celosa de la veneración que se tenía por Octavia en la ciudad, se atrajo a la población con su liberalidad.




6 comentarios:

  1. Os dejo este post de José Enrique Salcedo, porque me parece súper interesante y desde que leí; "No digas que fue un sueño", de Terence Moix, siempre me encantó la historia de amor entre Cleopatra y Marco Antonio. A mí, de esa novela se me quedó marcada la frase; "No me llames mi reina, pues soy tu faraón". Por supuesto os dejo el enlace donde podréis encontrar más post de Enrique, incluida una continuación de éste.
    Un cordial saludo,
    Nicolás G. Anaros.

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  2. Todo un precedente de comportamiento, Marco Antonio, del que luego tendrían algunos emperadores romanos. Parece que a los romanos nunca les fue del todo bien con los partos.
    Una interesante entrada, Nicolás.
    Un abrazo.

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  3. Totalmente de acuerdo. Dentro de una semana subiré la II parte.

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  4. Todo un precedente también para la corrupción moral y material de ese otro gran imperio en decadencia, como es el capitalismo.
    Me encanta Plutarco, sus Vidas Paralelas, su interesantísimo y algo esotérico Isis et Osiris. Sin duda era de esa clase de escritores y filósofos que ya no existen.

    Una entrada muy, muy interesante. A la que yo añadiría la recomendación de leer dos grandes tragedias Shakesperianas como son Julio César y Marco Antonio y Cleopatra para quien desee profundizar más en este contraejemplo humano, demasiado humano. Y como el teatro, más que para ser leído, nace para ser representado, no podría más que recomendaros las dos adaptaciones que Joseph L. Mankievicz realizó para el cine, como son Cleopatra y sobre todo la excelsa Julio César, con esa inolvidable escena del demagogo discurso en la escalinata, interpretada por un genial Marlon Brando.

    Estaremos atentos a esa segunda parte.

    Un abrazo.

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