Página del autor Alberto Senda (Anónimo Ibáñez)


Tras la senda helicoidal  Soy un autor nacido en el noroeste de la Península Ibérica durante la segunda mitad de la década de los 70, y por el momento he escrito una novela-ensayo llamada Tras la senda helicoidal. Dicho libro lo empecé a escribir en noviembre del 2001, pero no lo terminé hasta agosto del 2010 (con 5 años de abandono por el medio). Nunca lo mandé a una editorial y dudo mucho que  lo vaya a hacer con algún libro, pues me encuentro muy cómodo siendo anónimo e independiente, y lo último que busco es fama,  pues nunca me sentiría a gusto teniendo que soportar semejante lastre para el espíritu, ni aun en el caso de que algún día llegara a merecerlo gracias a la calidad o banalidad de alguno de mis trabajos. Por eso, tras pensármelo mucho, decidí publicar la primera de mis novelas en Amazon en noviembre de 2012, dos años después de terminarla.
  Mi obra, al contrario que a la mayoría de los escritores, nunca tendrá para mí la misma importancia que mi vida, pues nunca he sido un escritor vocacional; escribo porque no me queda otro remedio, que no es exactamente lo mismo. Escribo más o menos por lo mismo que canta el hombre de esta canción, con la que me identifico bastante en muchos aspectos.

  Mi idea de escritor está expresada en las palabras de un amigo que transcribí en esta entrada sobre El doctor Pasavento de Enrique Vila-Matas, libro que recomendé en octubre de 2013 en LetraHeridos; y así es cómo me siento yo como escritor.

https://lh4.googleusercontent.com/-qjHeGF5ahrY/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAB0/AcATlJA0buw/s120-c/photo.jpg  Por si acaso hay alguien por ahí lo bastante chiflado, cotilla o aburrido para estar interesado en mi persona, le diré que estoy diplomado en diversos campos de la medicina alternativa, paramedicina, medicina holística, pseudomedicina, protomedicina, que cada cual le otorgue la etiqueta que crea conveniente; pero al igual que la escritura no es con lo que me gano la vida, pues nunca me ha gustado mezclar mis pasiones con el dinero, y dicha actividad la he venido ejerciendo siempre de forma gratuita, y así seguirá siendo, al menos mientras logre conservar mi empleo actual, en el cual tengo la fortuna de disponer de tiempo para leer, reflexionar y hasta escribir a cambio de unos exiguos estipendios, de los que no me quejo porque elegí ese trabajo por todo lo anterior y no por el sueldo.

  Supongo que por deformación profesional o más bien sentimental, mi literatura se podría considerar hasta cierto punto terapéutica.
  En mi primera obra, se describen los signos y síntomas a nivel individual y colectivo que, a mi juicio, presenta nuestra terminal civilización, así como también se incide en su etiología.
  A esta obra le seguirá otra todavía sin título, que en una clave mucho más lúdica y humorística, se continuará con tal diagnóstico y con algunos remedios de urgencia que podrían hacer más dulce la muerte de nuestra (in)civilización. Es decir, un poco de humor y de sarcasmo, mixturados con algunos instantes de sublime belleza crepuscular, en completa contraposición a esos terroristas de la estética y de las finanzas que tanto abundan y proliferan por los siete mares y los seis continentes -pues estoy convencido que hasta la Antártida está podrida-
  Tras este libro, debería llegar mi obra más ambiciosa, que se llamará Tras el Fin del Mundo, una continuación o más bien derivación de mi primera novela, en la cual sus protagonistas tratarán de construir una nueva civilización sobre los cimientos de ésta.

  Por si a alguien no le ha quedado claro tras leer esto, mi libro o mis entradas en este blog, detesto hasta la náusea el mundo donde vivo, pero eso, al igual que algún que otro amigo LetraHerido, no me impide amar y ser amado y vislumbrar todos los destellos de luz multicolor que todavía centellean en él. Por eso viajo mucho, y más que lo haría si dispusiera de más tiempo y dinero, pues viajar para mí siempre ha sido ir en pos de esos destellos de luz, de esas pequeñas alegrías, que si buscamos pacientemente, a pesar de todo, todavía podemos encontrar por doquier.
  El mundo y los libros han sido siempre para mí las únicas y verdaderas escuelas que he tenido, y a pesar de que en ocasiones a determinadas personas pueda parecerles una especie de extraño "intelectual", he de reconocer que dos de las personas que me han enseñado más en mi vida y de la vida eran analfabetas, y lo eran por vocación, pues al final tanto una como la otra tuvieron oportunidad de haber aprendido a leer y no lo hicieron, porque decían que no lo necesitaban... y en su caso era totalmente cierto. Ellos me enseñaron cuando era niño muchas de las cosas que sigo considerando más importantes, muchas de esas cosas están también en un pequeño y maravilloso relato de un escritor al que adoro y con el que siempre me sentí muy identificado: "Infancia de un mago" de Hermann Hesse, del cual podéis leer un significativo extracto aquí.
  Siempre me he sentido infinitamente más cómodo surcando mares, remontando ríos, pateando caminos, bosques y veredas, viendo amanecer entre montañas, despertando en medio del bullicio matutino de la selva, caminando entre animales salvajes en la sabana o mirando estupefacto al firmamento en pleno desierto que en universidades o escuelas, al igual que siempre he preferido interactuar con entrañables indígenas, con rudos marineros, curtidos campesinos, sabios pastores, encantadores chiflados y venerables brujos y meigas que con profesores, escritores, intelectuales y demás impostores acomodados y satisfechos dentro de la inane clase burguesa. Por tal motivo, nunca he tenido ninguna duda de que el talante es más importante que el talento. Es más, esto último cada día tengo menos claro qué diablos es o en qué coño consiste. Esa es una diferencia muy grande entre algunos de mis personajes y yo.

  Bueno...ése, a grandes rasgos, soy yo.

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6 comentarios:

  1. Voy a ser la primera en decir que tu obra ha sido para mí un placer infinito...
    Te quiero Vida...

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  2. Muchas gracias, Janett. Me alegra que hayas sido la primera.

    Vida y yo hemos recibido las muestras de cariño, que te reenviamos :)

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  3. Afrontas la problemática de la narrativa dialogada mediante una de las escasas maneras de hacerlo: de un modo visceral. El tedio de los diálogos queda corregido por el ímpetu de la expresión y la confrontación dialéctica constante. Personalmente, en el único y brevísimo dialogo que introduzco en Sacrificio, el de Kant y Nietzsche, no pude evitar hacer que Nietzsche soltase un taco.
    Ianus también percibió esta problemática, y en "El Gran Carnaval" optó por la solución, no menos drástica, de omitir los diálogos, decantándose por el lirismo de una narración a tiempo pasado. Es verdad que la chica de su novela no queda suficientemente contrastada ¡pero sí retratada!; y es que el autor nos muestra un cuadro pictórico de sus “recuerdos”, es decir, de lo que merece la pena ser recordado y oportunamente significado, y no una historia “con pelos y señales” al repugnante estilo del realismo de los Zola o Balzac.
    Por otra parte, percibo similitudes entre La Senda y Sacrificio en que muchas almas anidan en un mismo personaje y que, dependiendo de cada circunstancia, de cada espacio-tiempo, de cada estado emocional o de cada pensamiento, se es uno u otro. “Eso de un “hombre íntegro” (¿monolítico, monótono?) es un concepto que no acabo de comprender; tal vez se pueda aseverar de una hormiga, pero de un hombre… La eterna aspiración al yo queda en evidencia y perece con la misma facilidad con la que cada nuevo instante sustituye al que le precede. Y aun así persiste el deseo de ser uno mismo, de singularizarse. Esta es una de las mayores tragedias de la vida porque honestamente en el fondo uno sabe que sólo se tiene a sí mismo, uno sólo puede aspirar a ser sí mismo, con sus virtudes y sus defectos y limitaciones. Y aun así y todo ¡cuán difícil es llegar a ser lo que se es! -Por no decir un triste es imposible.

    Conceptualmente también existe similitud: Reflejo del nihilismo decadente y destructivo reinante así como una luz de esperanza al final, a modo de un nuevo renacer.

    El capítulo 15 es particularmente brillante, como brillante es, en mi opinión, el desenlace de la obra- ¡Y sabe Dios qué difíciles son los finales!-: Como la misma Vida humana, que comienza siendo un diminuto embrión para desarrollarse de modo exponencial en cuerpo y espíritu, en base a vivencias con calado de tipo fundamentalmente emocional. ¿Cómo llega a un final la naturaleza humana? ¡No lo hace!, la vejez es, espiritualmente, un retorno a la infancia. Y de ahí al embrión primigenio. Y en el mismo instante de la muerte un nuevo renacer se está produciendo, en otro espacio, en otro tiempo.

    Iosephus Bermudo.

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  4. Unos comentarios excelentes, aunque no sé si merecidos. A Ianus también le gustaron mucho los diálogos, pero a muchos lectores les han resultado largos. No sé... a mí también me gustan :)

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  5. a mi me ha gustado todo!!!!! aunque no tengo las palabras "literarias" de ustedes...si tengo el alma...y eso mi amigo Alberto lo sabe... admiradora de su obra y de su cortante opinión para todo lo que le rodea al cerebro de este escritor...

    Pregúntale al polvo si aún existo...
    y allí en mi camino, me gustaría ver tus pasos,
    al menos tu sombra
    tu amarga sonrisa
    o al menos una gota de tus lágrimas
    así
    tenebroso
    y triste
    pero al menos
    sé que sigues ahí...
    en el camino...Janett Camps

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  6. Un beso, Janett. Para qué querrás tú palabras literarias si tienes Alma literaria.

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